Promoción de Salud Mental y espacio público: el ejemplo de la Isla de los Inventos

El abordaje del proceso salud-enfermedad se establece principalmente a partir de dos paradigmas que se distinguen: el de Prevención de la enfermedad y el de Promoción de Salud Mental

La promoción de la salud y la prevención de enfermedades son orientaciones complementarias al proceso salud-enfermedad tanto en el plano individual como en el colectivo. Mientras que la prevención de enfermedades busca simplemente que los individuos permanezcan exentos de las mismas, el enfoque de la promoción de la salud es mucho más amplio, buscando identificar y enfrentar los macrodeterminantes del proceso salud-enfermedad para transformarlos en orientación hacia la salud.

El sentido de la promoción de la salud es que tanto los individuos con manifestaciones clínicas como aquellos sin ellas progresen hacia estados de mayor fortaleza estructural, mayor capacidad funcional, y mayores impresiones subjetivas de bienestar y objetivas de desarrollo individual y colectivo.

La promoción de la salud incorpora el malestar como percepción subjetiva, relacionada o no con la enfermedad y la salud como un hecho positivo. Además, la estrategia de la promoción es social, política y cultural, para la cual se necesita del protagonismo de la comunidad y la acción combinada de políticas públicas, ya que ella implica una intersectorialidad crucial para llevar a cabo medidas que permitan la promoción de la salud y la salud mental.

Además, la promoción de salud es una estrategia complementaria; no de sustitución de las demás estrategias en salud pública, sin embargo, a su vez integral, aportando nuevos instrumentos y reorientando sus finalidades.

En ese sentido, se entiende que las medidas que se orienten hacia la promoción de salud y, más específicamente, de salud mental, tienen una mayor probabilidad de llegar a buen puerto si son impulsadas por el Estado, permitiendo una cooperación entre sectores del mismo, junto con la participación de la comunidad, y una integralidad efectiva. Por ello, la promoción de salud y salud mental tiene un nexo fuerte con el espacio público, mientras que la prevención de enfermedades está más asociada a la clínica.

El espacio público

La importancia del espacio público no radica simplemente en la capacidad de cooperación entre sectores del Estado para lograr objetivos políticos. Su característica más importante, en mi opinión, es que permite el encuentro con el otro. En el espacio público se entrecruzan historias diversas, realidades distintas, pero con algo en común, ese espacio, con su historia, su presente y su porvenir.

El espacio público, por ser un espacio que nos pertenece a todos, que transitamos cotidianamente, del que todos cuidamos y que promueve el encuentro, es el espacio donde las actividades que posibilitan la promoción de salud y salud mental son posibles.

Hoy en día, con las redes sociales y las consecuencias del aislamiento en los años de pandemia, es común el retraimiento en lo social y la construcción imaginaria de alteridades que muchas veces derivan en discursos que portan malestar y discriminación, sino odio. En ese sentido, el espacio público permite un encuentro en la realidad con un otro que es similar a mí, con el cual comparto más cosas de las que creo y que, además, no tiene nada personal en contra mío.

Para Alicia Stolkiner, una de las problemáticas colectivas de salud/salud mental es la labilización de lazos sociales y fragilización de redes de contención comunitaria. El encuentro de la comunidad necesita de un espacio, que es el espacio público.

La construcción comunitaria obtiene su mayor expresión en los espacios públicos, en plazas y parques, en escuelas y talleres, en instituciones culturales. También en clubes sociales. Por ello, reconocer los padecimientos subjetivos en su complejidad permite pensar que la estrategia de promoción en salud mental comunitaria debería orientarse a la generación de procesos participativos que pongan en juego la creatividad desde lo colectivo, multiplicando las redes de contención comunitario. Además, estas acciones contribuyen a construir una comunidad más inclusiva.

La Isla de los Inventos como ejemplo de un espacio público que promueve la salud/salud mental

La Isla de los Inventos es un espacio cultural creado y administrado por la Municipalidad de Rosario. Comenzó a funcionar en 2003. Es un lugar que ofrece dispositivos lúdicos para niños y grandes que combinan creatividad y juego, y que promueve el encuentro de los ciudadanos como iguales para que jueguen y creen juntos. En ese sentido, y tomando mi experiencia trabajando en este espacio, es posible plantearlo como un espacio público promotor de salud mental.

La Isla de los Inventos tiene como motor principal la potencia de la imaginación. Es un lugar que combina ideas y materialidades invitándonos a poner de nuestra subjetividad para apropiarnos de cada espacio mientras jugamos en él. Nos permite poner en marcha nuestra potencia creativa. Además, la Isla de los Inventos, por ser un espacio público, respeta y conmemora en cada espacio la historia rosarina y argentina, haciendo que sea fácil para quienes lo visitan identificarse con y apropiarse de ellos.

Ahora bien, ¿en qué sentido puede ser la Isla de los Inventos un espacio que promueve la salud/salud mental?

En primer lugar, al ser público, permite e impulsa el encuentro con el otro. Pero no cualquier encuentro, sino uno en el que todos somos semejantes, y uno en el que creamos junto al otro. Para Claudia Bang, la creatividad como proceso subjetivo complejo es un recurso humano prácticamente inagotable. Se constituye en herramienta transformadora, liberadora y subjetivante.

En segundo lugar, la Isla de los Inventos recibe escuelas, centros de día, centros barriales y otros contingentes de múltiples barrios de Rosario, de localidades aledañas e incluso de otras localidades de Santa Fe y de otras provincias. Cuando esto sucede, niños, docentes y padres de esos distintos lugares comparten un espacio que permite repensar las lógicas de pedagogía y aprendizaje.

En tercer lugar, la esencia cultural e inclusiva (por ser un espacio público) de la Isla de los Inventos, permite a aquellos más discriminados por la sociedad a ser incluidos en un lugar donde todos somos iguales. La cultura nos hace ser parte y poder ser parte nos permite participar. La participación en sí es un factor de salud mental. Hay niños y adultos que nunca han jugado con sus padres, otros atravesados por las pantallas, y algunos que por alguna discapacidad no saben que pueden participar del juego y la creación. La Isla de los Inventos barre con todo prejuicio y costumbre para movernos a participar creando y jugando en conjunto con los demás.

Por último, la Isla de los Inventos posibilita la inclusión social, no deja a nadie al margen. No produce, sino que reduce la marginalidad permitiendo a todos ser parte de un conjunto, otorgando dignidad a los sujetos.

Por todo ello, es necesario dar a conocer este espacio para que aquel que no lo conozca se dé la oportunidad de aventurarse en él y también para que se entienda la importancia de una institución que tenemos a metros de distancia. Ese es el objetivo de esta presentación. Porque un espacio público abocado a incluir es extremadamente valioso.

Para terminar, citaré unas preguntas con las que uno se encuentra al ingresar a la Isla de los Inventos:

“¿Es posible crear espacios públicos, permanentes, destinados al juego y la convivencia, a partir de los chicos, pero en realidad destinados al conjunto de la ciudadanía?

¿Hay una manera de poner en acto, en objeto, color, la «forma de estar en el mundo de un niño» para convertirlo en una nueva puesta en el espacio de la utopía de convivir, donde las grandes metáforas de lo humano se presenten, construyan y deconstruyan, y donde sea posible ingresar en un mundo intergeneracional y creativo?

¿Es posible construir ámbitos que sean múltiples y encierren desde su arquitectura una visión estética de mundos extracotidianos, y la sensación de contener muchos mundos y climas, uno dentro de otro?

¿Es, a su vez, posible crear con el paisaje y la puesta una intervención en el espacio para que el tiempo transcurra de otro modo, cree emociones y apropiaciones, percepciones diferentes, colocando, en definitiva, al cuerpo en flor sin divisiones cuerpo-mente?

¿Es, al fin posible, que el tránsito no sea lineal y que el viaje y el desvío puedan ser recuperados en el aprendizaje y el disfrute?

¿Es posible que el espacio se convierta en el mítico viaje de vivir, el viaje de aprender a vivir juntos?

A partir de estas y otras tantas preguntas nace el Tríptico de la Infancia, materializado en la creación de tres espacios públicos:  La Granja de la Infancia, El Jardín de los Niños y La Isla de los Inventos”.

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