En medio del proceso electoral en los Centros de Estudiantes de la Universidad Nacional de Rosario, comenzó a escalar un reclamo que atraviesa a distintas agrupaciones estudiantiles y que pone el foco en el funcionamiento académico: la falta de mesas de examen producto de los reiterados paros docentes y, especialmente, la ausencia de reprogramaciones.
El planteo, que surgió con fuerza en la Facultad de Psicología, advierte sobre una situación que impacta directamente en la trayectoria de los estudiantes. Según denuncian los espacios estudiantiles, la suspensión de mesas durante las medidas de fuerza no siempre encuentra una respuesta institucional posterior, lo que genera demoras en la regularización de materias y, en muchos casos, complica la continuidad académica.
La preocupación no distingue colores políticos. Agrupaciones de distintos espacios coincidieron en señalar la necesidad de garantizar instancias de evaluación, incluso en un contexto atravesado por conflictos salariales y gremiales. En ese marco, el reclamo también apunta a la necesidad de previsibilidad y de mecanismos que eviten que los estudiantes queden atrapados en una dinámica que no controlan.
El tema rápidamente trascendió el ámbito estudiantil y llegó a las autoridades universitarias. El rector de la UNR, Franco Bartolacci, se refirió públicamente a la situación en declaraciones radiales, donde reconoció la complejidad del escenario y anticipó que se evaluarán medidas para garantizar el normal desarrollo de las mesas de examen.
Bartolacci admitió que el cuadro en la Facultad de Psicología es particularmente delicado. En ese sentido, no solo puso el foco en la problemática de las mesas, sino que también expresó su preocupación por los niveles de deserción que registra la carrera, un fenómeno que —según deslizó— podría profundizarse si no se logran generar condiciones académicas más estables.
Así, lo que comenzó como un reclamo puntual en el marco de una elección estudiantil, terminó exponiendo un problema estructural. La combinación de conflictos gremiales, dificultades en la organización académica y altos niveles de abandono configura un escenario que interpela a toda la comunidad universitaria.
En paralelo, el contexto electoral en los Centros de Estudiantes le agrega una dimensión política al debate. Las agrupaciones no solo compiten por representación, sino que también buscan posicionarse frente a una demanda concreta y sensible para el estudiantado.
De este modo, la discusión por las mesas de examen se convierte en algo más que un problema administrativo: pasa a ser un síntoma de tensiones más profundas dentro del sistema universitario, en un momento donde la necesidad de respuestas aparece como una urgencia compartida.


