La discusión por el futuro de la Manzana 99 y del entorno urbano del Monumento Nacional a la Bandera sumó un nuevo capítulo. El Colegio de Arquitectura y Urbanismo de Santa Fe Distrito 2 Rosario presentó un extenso documento ante el Concejo Municipal donde expone, con argumentos históricos, urbanísticos, normativos y patrimoniales, su rechazo a la iniciativa impulsada por el Ejecutivo local para modificar las reglas urbanísticas vigentes en el Área de Protección Histórica (APH) Parque Nacional a la Bandera.
La posición del Colegio no solo cuestiona el proyecto en sí mismo. También pone en discusión la forma en que se está llevando adelante el debate. Según denuncian, nunca fueron convocados por el Ejecutivo municipal para participar de una instancia de diálogo o construcción de consensos sobre una intervención que impacta directamente sobre uno de los sectores más simbólicos de Rosario. Para muchos críticos de la gestión de Pablo Javkin, esta metodología vuelve a reflejar una práctica cada vez más cuestionada: la toma de decisiones sin consulta previa a instituciones especializadas, organizaciones vecinales ni sectores técnicos involucrados.
Una discusión que va mucho más allá de un edificio
Para entender la magnitud del conflicto es necesario comprender que la controversia no gira únicamente alrededor del inmueble ubicado en Avenida Belgrano 548.
Según sostiene el Colegio de Arquitectos, lo que está en juego es el futuro del entorno urbano del Monumento Nacional a la Bandera, uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad y probablemente el símbolo identitario más importante de Rosario.
La institución considera que la actual gestión municipal impulsa una mirada que desconoce décadas de planificación urbana y patrimonio acumulado.
En el documento presentado al Concejo se afirma que el entorno del Monumento fue el resultado de más de medio siglo de decisiones políticas, concursos nacionales, expropiaciones, intervenciones urbanas y consensos construidos a lo largo de distintas administraciones municipales de diferentes signos políticos.
La crítica es contundente: sostienen que el Ejecutivo parece actuar como si la historia comenzara con la gestión actual, ignorando procesos urbanos que demandaron décadas de construcción colectiva.
Un legado construido durante más de 65 años
Uno de los ejes centrales del documento es la reconstrucción histórica del área.
Los arquitectos recuerdan que la idea de jerarquizar el entorno del Monumento no es nueva.
La historia se remonta incluso a los proyectos de Lola Mora, pasando por el Concurso Nacional de Anteproyectos de 1939 que dio origen al Monumento diseñado por Ángel Guido y Alejandro Bustillo.
Posteriormente se fueron desarrollando distintas etapas que buscaron consolidar una relación visual, urbana y simbólica entre el Monumento, la Plaza 25 de Mayo y el río Paraná.
El documento enumera una larga serie de intervenciones:
- La inauguración del Monumento en 1957.
- La liberación progresiva del frente costero.
- La concreción del Pasaje Juramento.
- La relocalización definitiva de las esculturas de Lola Mora.
- La demolición de edificios para generar espacio público.
- La vinculación visual entre el Monumento y el río.
- La consolidación del Parque Nacional a la Bandera.
Para el Colegio, todas estas decisiones responden a una misma lógica: preservar la monumentalidad del conjunto y evitar que nuevas construcciones alteren su escala urbana.
El origen del conflicto: Belgrano 548
La controversia actual comenzó cuando el Ejecutivo Municipal promovió una excepción urbanística para el inmueble ubicado en Avenida Belgrano 548.
La normativa vigente establece para ese sector alturas máximas cercanas a los 13,50 metros.
Sin embargo, el proyecto impulsado desde el municipio pretendía habilitar una construcción de aproximadamente 35 metros de altura, equivalente a planta baja más once pisos.
Para el Colegio de Arquitectos, aquella excepción no tenía fundamentos urbanísticos consistentes.
Pero lo que consideran aún más grave es lo ocurrido posteriormente.
De la excepción a la modificación de la norma
Cuando la excepción encontró resistencia de vecinos, instituciones académicas, especialistas en patrimonio y diversos sectores profesionales, el Ejecutivo cambió de estrategia.
Según denuncia el Colegio, el 18 de mayo de 2026 la Municipalidad retiró el pedido de excepción y presentó una modificación normativa que incorpora los mismos criterios que antes pretendía obtener mediante una excepción.
En otras palabras, lo que originalmente era una excepción para un caso puntual ahora intenta convertirse en regla general. Y allí aparece una de las críticas más duras del documento.
Los arquitectos sostienen que si una norma no admite una excepción, modificar la norma para obtener exactamente el mismo resultado equivale a vaciar de contenido todo el sistema de planificación urbana. «Si la excepción se convierte en norma, entonces las normas dejan de tener valor», plantean.
¿Por qué consideran que la propuesta beneficia a muy pocos?
Otro de los cuestionamientos centrales apunta a quiénes resultan beneficiados.
Según el relevamiento realizado por la institución, dentro de la denominada Manzana 99 quedan solamente dos terrenos privados con posibilidades concretas de aprovechar las nuevas alturas propuestas.
Por eso sostienen que la iniciativa parece diseñada específicamente para favorecer intereses particulares y no para resolver problemas urbanos generales.
El documento incluso se pregunta: ¿Para quién se modifica la norma?; ¿Por qué hacerlo? y ¿Qué problema urbano se intenta resolver?.
Y concluye que no existen fundamentos consistentes vinculados a necesidades de densificación, vivienda o desarrollo urbano que justifiquen semejante transformación en un sector tan sensible de la ciudad.
El patrimonio como límite
La defensa del patrimonio ocupa buena parte del documento.
Los arquitectos sostienen que preservar el entorno del Monumento no implica oponerse al desarrollo.
Por el contrario, afirman que el verdadero desarrollo consiste en comprender el valor histórico, simbólico y urbano de determinados espacios.
En ese sentido recuerdan que Rosario cuenta con un Área de Protección Histórica específica para ese sector desde 2011 y que dicha protección fue ratificada recientemente por nuevas ordenanzas sancionadas en 2025.
Según explican, las alturas actuales fueron definidas precisamente para garantizar que el Monumento continúe siendo el elemento dominante del paisaje urbano.
Modificar esa lógica implicaría alterar un equilibrio construido durante décadas.

El riesgo de las sombras sobre plazas y edificios públicos
El documento también incorpora cuestionamientos técnicos.
A través de estudios planialtimétricos y simulaciones volumétricas, el Colegio sostiene que los edificios proyectados generarían sombras permanentes sobre distintos sectores públicos.
Entre ellos mencionan:
- Plaza Sicilia.
- Plaza 25 de Mayo.
- El Palacio Municipal.
- Distintos espacios abiertos vinculados al entorno del Monumento.
Para los arquitectos, esto demuestra que la discusión no se limita a la propiedad privada, sino que afecta directamente la calidad ambiental y urbana de espacios públicos utilizados diariamente por miles de personas.

La crítica al modelo de ciudad
Quizás el cuestionamiento más profundo del documento tiene que ver con el modelo de ciudad que impulsa la actual gestión.
Los arquitectos afirman que detrás de esta iniciativa existe una obsesión por aumentar la edificabilidad y maximizar alturas sin considerar cuestiones básicas como: Infraestructura disponible. Capacidad de servicios. Asolamiento. Ventilación. Espacio público. Patrimonio histórico. Identidad urbana.
Sostienen que se intenta reinstalar un paradigma urbanístico ya superado, basado exclusivamente en la construcción de metros cuadrados y en una lógica de valorización inmobiliaria.
La ausencia de diálogo
Uno de los puntos más sensibles del conflicto es la denuncia de falta de participación.
A lo largo del documento, el Colegio remarca que nunca fue convocado formalmente por el Ejecutivo Municipal para discutir el proyecto. La misma situación denuncian organizaciones vecinales y distintas instituciones académicas.
Paradójicamente, sostienen que el apoyo institucional contra la iniciativa fue creciendo con el paso de los meses.
Entre quienes expresaron objeciones aparecen:
- La Facultad de Arquitectura de la UNR.
- CURDIUR.
- CEHA.
- ICOMOS Argentina.
- La Academia de Arquitectura y Urbanismo.
- La Sociedad Argentina de Planificación Territorial.
- La Vecinal Monumento a la Bandera.
Pese a ello, aseguran que la Municipalidad nunca abrió una instancia formal de debate técnico amplio.
Para los sectores críticos, esta forma de avanzar sobre proyectos sensibles sin convocar a instituciones especializadas refuerza las acusaciones de autoritarismo que distintos actores políticos y sociales vienen formulando contra la gestión municipal.
Un antecedente que preocupa
El Colegio advierte además sobre un riesgo institucional. Si el Concejo aprueba una modificación normativa para resolver un caso puntual, se estaría generando un antecedente que podría repetirse en otros sectores protegidos de la ciudad.
La preocupación es simple: si el entorno del Monumento puede modificarse mediante una mayoría circunstancial, ¿qué impediría que ocurra lo mismo con otros espacios patrimoniales?
Por eso sostienen que la discusión excede largamente a Belgrano 548.
Una disputa sobre la identidad de Rosario
Detrás de los metros cuadrados, las alturas y las ordenanzas, el conflicto plantea una discusión mucho más profunda. ¿Qué ciudad quiere Rosario para las próximas décadas?
Para el Ejecutivo, la respuesta parece estar vinculada a una mayor densificación y a nuevas oportunidades de desarrollo inmobiliario.
Para el Colegio de Arquitectos, la prioridad debe ser preservar uno de los pocos espacios donde la historia, el patrimonio, el paisaje urbano y la identidad colectiva siguen teniendo un valor superior al mercado.
Por eso concluyen que el entorno del Monumento Nacional a la Bandera no puede analizarse como un lote más dentro del mapa urbano. Porque para ellos no se trata solamente de construir edificios. Se trata de decidir si Rosario está dispuesta a modificar uno de los paisajes urbanos más representativos de su historia para beneficiar un puñado de desarrollos privados o si, por el contrario, mantiene la lógica que durante más de sesenta años buscó consolidar el Monumento como el gran símbolo arquitectónico, cultural e identitario de la ciudad.



