El mercado laboral del Gran Rosario atraviesa uno de sus momentos más delicados. Con una tasa de desocupación del 11,5% durante el segundo trimestre de 2026, el aglomerado rosarino se ubicó, según el informe elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) sobre datos de la Encuesta Permanente de Hogares, como el de mayor desempleo entre los 31 relevados en el país. Detrás del porcentaje aparecen alrededor de 83.000 personas desocupadas, una caída concreta de la tasa de empleo, unos 20.000 puestos de trabajo asegurados menos en la provincia de Santa Fe y aproximadamente 3.000 empleadores menos registrados por la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. Mercedes Martinelli, politóloga del CEPA Rosario, analizó los números en Democráticamente, el programa que conduce Juan Francisco por AGOFA TV, y puso el foco en un fenómeno todavía más profundo: la expansión del trabajo informal y de plataformas puede estar amortiguando estadísticamente el desempleo mientras crece la cantidad de personas que, aun trabajando, no consiguen ingresos suficientes para vivir. A esto se suma el deterioro salarial, la retracción del consumo y una estructura económica donde, según su análisis, los sectores más favorecidos tienen mucha menor capacidad de generación de empleo.
Rosario, con la desocupación más alta entre los 31 aglomerados relevados
—¿Cómo está hoy el mercado laboral en Rosario y Santa Fe?
Desde el CEPA sacamos un último informe sobre el mercado de trabajo en la provincia de Santa Fe, basándonos en los datos de la Encuesta Permanente de Hogares del segundo trimestre de 2026, que salieron hace poquito.
Ahí tenemos un número alarmante porque lo que vemos es que la desocupación más alta del país la tiene el Gran Rosario, con un 11,5%. Es decir, de los 31 aglomerados urbanos que mide la Encuesta Permanente de Hogares, Rosario encabeza la lista.
Es un número muy alarmante porque representa 3,8 puntos porcentuales más respecto del año anterior.
—¿Qué significa concretamente ese 11,5%?
Estamos hablando de aproximadamente 83.000 trabajadores del Gran Rosario que hoy están desocupados.
Pero es interesante abrir un poco qué significa desocupación y qué estamos midiendo. La desocupación depende básicamente de dos tasas: la tasa de actividad, que mide cuántas personas se ofrecen al mercado laboral buscando un trabajo, y la tasa de empleo, que indica cuántas efectivamente encuentran trabajo.
Lo que vemos en el Gran Rosario es que no se agrandó la tasa de actividad. No es que muchas más personas salieron a buscar trabajo. Lo que pasó es que cayó la tasa de empleo. Hay personas que efectivamente tenían un trabajo y hoy no lo tienen.
El dato permite distinguir la naturaleza del fenómeno rosarino. Un aumento de la desocupación puede producirse porque más personas deciden incorporarse al mercado laboral sin conseguir empleo o porque quienes ya tenían trabajo comienzan a perderlo.
Según Martinelli, en el Gran Rosario predomina la segunda explicación. La suba del desempleo está asociada fundamentalmente con una destrucción de puestos de trabajo, un fenómeno especialmente sensible en una región donde la industria posee históricamente un peso significativo.
3.000 empleadores menos y 20.000 puestos de trabajo perdidos en Santa Fe
—¿En qué sectores se observa con mayor claridad la pérdida de empleo?
Según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, tenemos aproximadamente 3.000 empleadores menos en la provincia de Santa Fe. Es decir, 3.000 empresas o empleadores que tenían algún trabajador asegurado y hoy ya no lo tienen.
Ahí la industria lidera entre los sectores afectados.
Después podemos mirar la cantidad de empleados que estaban asegurados por una ART y que ya no lo están. Ahí estamos hablando de aproximadamente 20.000 puestos de trabajo perdidos en la provincia de Santa Fe, también con la industria encabezando.
—Entonces, ¿no son 3.000 industrias cerradas?
Exactamente. Son 3.000 empleadores que tenían algún trabajador asegurado y hoy ya no lo tienen.
En puestos de trabajo perdidos estamos hablando de alrededor de 20.000 en toda la provincia.
La industria encabeza en puestos de trabajo perdidos, mientras que transporte y almacenamiento encabezan entre los empleadores que dejaron de tener trabajadores asegurados.
La precisión es importante. Los datos expuestos por CEPA no permiten afirmar que hayan cerrado 3.000 industrias. El indicador refiere a aproximadamente 3.000 empleadores santafesinos que dejaron de registrar trabajadores asegurados.
La fotografía provincial complementa lo observado en Rosario: la pérdida laboral se concentra especialmente en actividades intensivas en empleo. Industria, transporte y almacenamiento aparecen entre los sectores más afectados, lo que ayuda a explicar por qué el impacto resulta particularmente fuerte en una provincia con una estructura productiva como la santafesina.
Los sectores que generan más empleo, entre los más golpeados
—¿Por qué el impacto laboral termina siendo tan fuerte?
Tenemos que relacionarlo con el modelo productivo nacional y sus repercusiones provinciales.
Los sectores que explican aproximadamente entre el 40% y el 45% de los puestos de trabajo registrados hoy son los sectores más golpeados.
Mientras tanto, los sectores más beneficiados, como agroindustria, minería y energía, explican alrededor del 9% del empleo registrado.
—¿Eso explica también por qué la Región Pampeana aparece especialmente afectada?
Exactamente. La Región Pampeana es la más golpeada y tiene sentido porque es también la región que concentra mayor cantidad de puestos de trabajo industriales.
Entonces, esta lógica que sucede a nivel nacional tiene implicancias provinciales y regionales.
En una región con fuerte peso industrial, si la industria cae, el impacto sobre el empleo es muy importante.
El planteo de Martinelli introduce una cuestión central para analizar el mercado laboral: crecimiento económico y generación de empleo no necesariamente avanzan al mismo ritmo. Una actividad puede generar exportaciones, divisas e inversiones y, al mismo tiempo, demandar proporcionalmente menos trabajadores que otros sectores.
Por eso la discusión que propone CEPA no se limita a determinar qué actividades resultan competitivas, sino qué estructura productiva puede sostener simultáneamente ingreso de divisas, valor agregado y empleo.
Santa Fe también supera la media nacional
—Rosario tiene el dato más grave, pero ¿qué ocurre en el Gran Santa Fe?
El Gran Santa Fe tiene una tasa de desocupación más chica, del 8,6%, pero sigue estando por encima de la media nacional, que está en 7,9%.
La diferencia con Rosario es que en Santa Fe la tasa de empleo no cae tanto.
Lo que sucede es que hay más personas incorporándose al mercado laboral, más personas que salen a buscar trabajo.
—¿Por qué puede estar ocurriendo eso?
Ahí podemos hacer diferentes análisis más sociológicos. Con la caída de puestos de trabajo registrados y el aumento de la informalidad, puede ocurrir que antes una familia tuviera una persona con trabajo registrado y un salario que permitía llegar a fin de mes.
Hoy, con la caída salarial que estamos viendo, quizás esa familia necesita que una segunda persona salga a buscar empleo.
Entonces también se agranda la población económicamente activa: más integrantes de los hogares necesitan salir al mercado laboral.
Rosario y Santa Fe muestran así dos caras diferentes de un mismo deterioro. En el primer caso pesa especialmente la pérdida de empleo. En el segundo, aparece con mayor fuerza la necesidad de incorporar nuevos integrantes de los hogares al mercado laboral para compensar ingresos insuficientes.
Esa diferencia resulta clave: detrás de una persona que comienza a buscar empleo puede existir no solamente una aspiración de inserción laboral, sino una estrategia familiar defensiva frente a la caída del poder adquisitivo.
Tener trabajo ya no necesariamente significa tener ingresos suficientes
—Incluso hay personas que ya tienen trabajo y están buscando otro. ¿Eso aparece en las estadísticas?
Es muy interesante porque ahí tenemos una problemática en la medición de la desocupación.
Para la Encuesta Permanente de Hogares, una persona que trabajó al menos una hora durante la semana de referencia es considerada ocupada.
Hoy, con los trabajos de plataforma, es muy común que las personas se rebusquen y se autogeneren empleo a través de aplicaciones.
—¿Entonces una persona que hizo algunas horas de delivery durante la semana aparece estadísticamente como ocupada?
Sí. Una persona que trabajó un par de horas haciendo alguna changa o trabajando en una plataforma durante la semana, porque fue lo que pudo hacer, es considerada ocupada.
Pero esa persona no necesariamente tiene un salario que le permita subsistir y llegar a fin de mes.
Entonces tenemos una cuestión con la desocupación: quizás no vemos saltos todavía mayores porque todos estos trabajos de plataforma acaparan parte de esa mano de obra que se perdió en el sector formal.
El dato cambia la lectura tradicional de la estadística laboral. La frontera entre ocupado y desocupado no permite por sí sola saber si una persona posee estabilidad, cobertura social, una jornada suficiente o ingresos capaces de sostener un hogar.
La expansión de plataformas digitales agregó una nueva dimensión. Quien perdió un empleo formal puede comenzar rápidamente a realizar viajes o repartos y seguir figurando como ocupado, aunque sus condiciones laborales e ingresos sean radicalmente diferentes a los que tenía anteriormente.
Una informalidad que alcanza prácticamente a la mitad del mercado laboral
—¿La metodología quedó atrasada frente a estas nuevas formas de trabajo?
Son encuestas que están hechas hace bastante tiempo. Hay cuestiones metodológicas interesantes para preguntarnos qué estamos midiendo cuando hablamos de ocupación.
Quizás la metodología que viene implementando el INDEC no llega a abordar completamente estos fenómenos bastante nuevos vinculados con plataformas e informalidad.
Hay un problema grande para medir la informalidad justamente porque no está registrada de la misma manera que un empleo formal.
—¿Qué dimensión tiene actualmente esa informalidad?
Hoy el mercado laboral informal es prácticamente la mitad del mercado laboral.
Y eso abre todo un mundo para analizar.
Una persona puede estar ocupada según la estadística y, sin embargo, encontrarse en una situación laboral muy precaria.
El fenómeno obliga a mirar más allá de la tasa de desempleo. Si una proporción creciente de trabajadores permanece estadísticamente ocupada mediante actividades ocasionales, plataformas o empleos sin registrar, la cantidad de personas sin ningún trabajo puede no reflejar por completo la magnitud de la precarización.
El 11,5% del Gran Rosario resulta particularmente significativo bajo esa perspectiva: la región lidera el desempleo aun cuando las nuevas formas de autoempleo funcionan como una suerte de amortiguador estadístico.
Salarios: el sector público nacional, 35% por debajo de noviembre de 2023
—Además de perderse empleo, ¿qué está ocurriendo con los salarios?
A nivel nacional vemos que el salario privado, medido de determinada manera, está aproximadamente en niveles similares a 2023.
El salario público está muy por debajo. Y podemos diferenciar entre salario público nacional y provincial.
El público nacional está aproximadamente 35% por debajo de noviembre de 2023 en términos reales. Estamos hablando de una caída muy grande.
—¿Qué significa exactamente hablar de salario real?
No hablamos del salario nominal, de cuántos pesos cobra una persona, sino de cuánto puede efectivamente comprar con ese salario.
Para eso se deflacta por inflación, utilizando el Índice de Precios al Consumidor.
Y ahí aparece otro problema: con qué estructura de consumo estamos midiendo esa inflación.
El deterioro salarial agrega otra capa a la crisis laboral. No alcanza con conocer cuántas personas conservan un empleo; también es necesario determinar qué capacidad de compra proporciona ese trabajo.
En sectores como el público nacional, Martinelli ubica la pérdida real en alrededor del 35% respecto de noviembre de 2023. El problema se vuelve todavía más complejo cuando se incorpora la discusión sobre cómo se mide esa pérdida.
El problema de medir el salario con una estructura de consumo desactualizada
—¿Por qué cuestionás la manera en que se mide la pérdida salarial?
El Índice de Precios al Consumidor pondera bienes y servicios según cómo consume la sociedad. Para construir ese ponderador se utiliza una Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares.
La estructura que se utiliza actualmente para el IPC tiene como base una encuesta de 2004.
Estamos hablando de una época en la que los servicios, que hoy pesan muchísimo en el consumo de las familias y además aumentaron mucho, no tenían la misma ponderación.
—¿Qué pasa si se utiliza una estructura de consumo más actualizada?
Si miramos los salarios privados con la medición actual, aparecen aproximadamente en la misma línea de 2023.
Pero si los medimos utilizando ponderadores derivados de una encuesta más reciente, la de 2017-2018, aparecen alrededor de 10% por debajo.
Entonces hay una diferencia importante según cómo se mida.
El planteo de CEPA apunta a la composición del gasto familiar. Electricidad, gas, transporte y otros servicios adquirieron un peso diferente en los presupuestos domésticos respecto de dos décadas atrás.
Si esos componentes representan hoy una porción mayor del ingreso familiar, una canasta construida sobre patrones de consumo anteriores puede ofrecer una lectura incompleta sobre cuánto perdió realmente el salario.
Menos salario, menos consumo
—¿Esa pérdida de ingresos se puede observar directamente en el consumo?
Sí. Desde CEPA tenemos un informe de supermercados en algunas provincias donde relevamos grandes superficies, supermercados de más de 200 metros cuadrados.
Comparamos cómo cae la facturación de esos supermercados con la caída salarial.
Y lo interesante es que la pérdida de facturación desde el comienzo de esta gestión tiene una correlación bastante clara con la pérdida salarial cuando la medimos con ponderadores más actualizados.
—¿Es un círculo que termina afectando también al comercio?
Exactamente. El consumidor que va a comprar es quien de alguna manera financia que exista el comercio.
Es un círculo virtuoso. Si los salarios caen, el consumo se reprime.
Y eso es lo que estamos viendo en los números.
La secuencia económica aparece con claridad: pérdida o precarización del empleo, caída del salario real, retracción del consumo y nuevas dificultades para comercios y empresas que dependen del mercado interno.
El problema laboral deja entonces de afectar exclusivamente al trabajador que pierde su puesto. Si miles de hogares reducen simultáneamente sus compras, esa contracción regresa sobre el sistema productivo y comercial, deteriorando ventas y generando nuevas presiones sobre el empleo.
“El Gobierno hizo una elección de ganadores y perdedores”
—Como politóloga, ¿qué es lo que más te preocupa cuando mirás todos estos números?
Creo que lo que más me preocupa es que el Gobierno claramente hizo una elección de ganadores y perdedores en términos de sectores económicos.
Los sectores que eligió como ganadores son sectores muy virtuosos, que le hacen muy bien al país en términos de ingreso de divisas y desarrollo productivo.
Pero eso no puede ir en detrimento de otros sectores que también son virtuosos porque generan valor agregado local y puestos de trabajo de calidad.
—¿Dónde está el riesgo hacia adelante?
Si el modelo económico va a apostar simplemente a las divisas que puedan ingresar por la agroindustria, la energía y la minería, va a haber una parte muy grande de la población que no va a conseguir trabajo o que va a tener salarios cada vez más bajos.
Hoy tenemos una migración muy grande hacia las plataformas, Uber, Rappi.
Y no podemos tener la mitad de la población siendo Uber. Esa es mi preocupación.
La definición sintetiza la mirada política del informe. Martinelli no cuestiona la importancia de los sectores exportadores. Por el contrario, los considera fundamentales para generar divisas y desarrollar la economía. Su objeción está en construir una estrategia que desatienda actividades con mayor capacidad para absorber trabajadores.
La discusión es especialmente relevante para Santa Fe. Agroindustria y exportaciones forman parte de su fortaleza económica, pero también lo hacen una extensa estructura industrial, comercial, logística y de servicios que genera empleo en las grandes áreas metropolitanas.
Industria y construcción: los sectores que CEPA pide volver a mirar
—¿Qué debería cambiar?
El Gobierno no debería dejar de privilegiar al sector exportador, porque es muy importante para que al país le vaya bien.
Pero debería empezar a tomar recaudos para incentivar otros sectores que hoy están muy deprimidos, como la industria y la construcción.
Esa es mi mayor preocupación porque no veo que el Gobierno esté interesado en eso.
—¿También influye la política cambiaria y de importaciones?
Sí. El tipo de cambio está muy bajo, muy lejos de la banda superior, y eso representa un problema para los sectores industriales porque tienen dificultades para competir.
También genera un aumento de la compra de divisas para atesoramiento.
Entonces tenemos un problema que no solamente es de hoy, sino también para las generaciones futuras.
La advertencia no se limita a la coyuntura laboral de 2026. El interrogante es qué estructura de empleo puede surgir si la pérdida de puestos industriales se vuelve permanente y una proporción creciente de trabajadores termina dependiendo de actividades de baja estabilidad.
Para Martinelli, el desafío consiste en combinar la capacidad exportadora de sectores competitivos con políticas capaces de preservar y expandir actividades intensivas en trabajo.
El tercer trimestre: “Mejor no va a ser”
—Todos estos números corresponden al segundo trimestre. ¿Qué esperás encontrar cuando aparezcan los datos del tercero?
No quiero hacer futurología, pero mejor no va a ser, seguramente. Eso te lo puedo anticipar.
Estas encuestas tienen rezago porque primero se realizan y después hay que procesar todos los datos.
Todavía no tenemos el desglose, pero por cómo vienen ingresando los números de crecimiento y actividad, no creo que reflejen una mejora.
—Cuando pueda hacerse ese desglose, ¿quiénes aparecen como los sectores sociales más afectados?
Por lo que venimos observando en los trimestres anteriores, siempre son las mujeres y obviamente las mujeres jóvenes.
También los jóvenes en general tienen tasas de desocupación muy altas.
No necesariamente puedo decir que sean quienes más están siendo despedidos, pero sí que tienen mayores dificultades para conseguir trabajo, incluso para acceder a su primer empleo.
El futuro inmediato es el último motivo de preocupación. El 11,5% de desempleo rosarino corresponde a una fotografía del segundo trimestre de 2026 y, por las características de las estadísticas laborales, existe un retraso entre la realidad económica y la publicación de los indicadores.
Martinelli evita anticipar un porcentaje, pero tampoco espera una mejora. Además, advierte que detrás de los datos generales existen desigualdades que solamente aparecen cuando se desagrega la información: jóvenes y, particularmente, mujeres jóvenes suelen presentar las tasas más elevadas de desocupación.
La situación del Gran Rosario adquiere así una dimensión que va mucho más allá de ocupar el primer lugar en una estadística nacional. La combinación entre destrucción de empleo formal, caída salarial, crecimiento de la informalidad, expansión del trabajo de plataformas y retracción del consumo plantea un problema sobre qué tipo de mercado laboral está emergiendo.
El interrogante que deja Martinelli es particularmente incómodo porque no se resuelve solamente consiguiendo que una persona figure como “ocupada”. La discusión es si ese trabajo permite sostener una vida, proyectar un futuro y alimentar nuevamente el circuito económico. Porque si el empleo formal se destruye mientras las plataformas absorben a quienes quedan afuera, el desempleo puede no mostrar toda la profundidad de la crisis.
Y allí aparece su advertencia más contundente: “No podemos tener la mitad de la población siendo Uber”.


