Nicastro sobre Rosario: “Alguien está planificando, y no es precisamente el poder público”

La arquitecta cuestionó cómo se transforma la ciudad, advirtió sobre la influencia de los intereses inmobiliarios y reclamó recuperar una planificación urbana basada en datos.

La propuesta para transformar el túnel Arturo Illia en un paseo dedicado a personalidades rosarinas abrió un debate que excede la discusión estética. La arquitecta Marcela Nicastro, magíster en restauración del patrimonio urbano y ciudad y con experiencia profesional en áreas de Planeamiento, Vivienda y Obras Públicas de Rosario, analizó la iniciativa en Democráticamente, el programa que conduce Juan Francisco por AGOFA TV. Cuestionó la ausencia de estudios técnicos y de seguridad vial, consideró que el túnel debería conservar su identidad ferroviaria y planteó que una intervención de esas características necesita participación ciudadana previa. Pero llevó la discusión más lejos: advirtió sobre la pérdida de patrimonio, las excepciones urbanísticas, la presión inmobiliaria, la construcción en altura sin suficientes datos sobre infraestructura y una planificación que, a su entender, responde cada vez más a los requerimientos del mercado. “Alguien está planificando”, sostuvo, pero advirtió que “por ahí no es precisamente el poder público”.

Un proyecto que volvió a poner en discusión cómo se interviene la ciudad

—Antes de entrar específicamente al túnel Illia, ¿seguimos teniendo poca o ninguna consulta pública para aprobar nuevos regímenes e intervenciones urbanísticas?

Así es. Eso es algo que nosotros también planteamos cuando se debatió esta excepción o cambio de normativa en la manzana 99, en el Área de Protección Histórica del Monumento.

Todas estas intervenciones que se hacen en la ciudad deberían ser sometidas a algún tipo de consulta pública, algún tipo de consulta con los ciudadanos en general o con el barrio. En aquel caso estaba la Vecinal Monumento a la Bandera. El Monumento pertenece a todos los rosarinos y las rosarinas, lo mismo que este túnel.

Creo que son proyectos que merecen una consulta y una participación popular mucho más activa y anterior, y no que pasen a posteriori y después se empiecen a generar todos estos debates en redes.

—¿El problema es que los vecinos terminan interviniendo cuando las decisiones ya están tomadas?

Claro. Hay que llamarlos para discutir, poner a consideración el proyecto y no que los vecinos tengan que ir a pedir ese lugar para reclamar tener una opinión.

Venimos de un derrotero bastante lastimoso en los últimos años en materia de planificación urbana. Se empezaron a ceder presiones de los grupos inmobiliarios y de los desarrolladores con el argumento de que hace falta densificar.

Densificar puede ser un criterio interesante porque significa aprovechar infraestructura, servicios y equipamiento. Pero hay que ver hasta dónde soportan esos servicios.

La propuesta presentada en el Concejo busca intervenir las 27 bocas del túnel ubicado bajo avenida del Huerto, entre Sarmiento y Presidente Roca, incorporando imágenes de personalidades destacadas de Rosario. También plantea utilizar los colores de la bandera argentina, pintar el techo de blanco, incorporar un Sol de Mayo, renovar la iluminación y colocar barandas peatonales.

Para Nicastro, sin embargo, antes de discutir colores, imágenes o celebridades existe una pregunta anterior: qué función debe cumplir ese espacio y bajo qué criterios técnicos, patrimoniales y de seguridad se pretende intervenirlo. La arquitecta vincula el caso con una discusión que Rosario viene atravesando en otros proyectos: quién define las transformaciones urbanas y en qué momento se permite participar a los ciudadanos.

“Hace falta densificar, pero hay que ver hasta dónde”

—¿Qué debería analizarse antes de permitir una mayor densificación de determinadas zonas?

Hoy en el centro están empezando a ocurrir cosas que antes no pasaban, como falta de agua, cortes en el servicio de electricidad o estaciones transformadoras que explotan por la gran demanda.

Entonces puede ser que haga falta densidad, pero hay que ponerle una cuota. Y primero que nada lo que siempre planteamos es: números, datos, ¿dónde están? ¿Cuál es la densidad que hay hoy? ¿Qué densidad plantea el proyecto? ¿Qué está dispuesto a soportar la ciudad en esa área?

Porque también es cierto que una ciudad extendida indefinidamente sale cara: hay que llevar servicios donde antes no había infraestructura.

—¿El problema está en encontrar un equilibrio entre extensión y construcción en altura?

Sí. Tenemos esa contradicción de las ciudades latinoamericanas entre una extensión permanente, que tiene costos, y por otro lado una presión de los grupos de poder económico sobre las ciudades para construir en las mejores zonas.

El frente al río es una zona de disputa, así como también lo fueron o son las periferias. Antes allí iban los pobres y ahora también están los ricos peleándose por los barrios cerrados y esta vida con el verde que se pregona y después se llena de cemento.

Por eso hacen falta datos y criterios claros.

La discusión sobre el túnel aparece así dentro de una mirada más amplia de Nicastro sobre Rosario. Su planteo no rechaza la densificación como herramienta urbanística, sino que cuestiona que se aplique sin información suficiente sobre población, servicios disponibles, infraestructura y capacidad de cada sector.

El problema, sostiene, aparece cuando las modificaciones se realizan caso por caso y las excepciones terminan reemplazando una mirada integral. En ese escenario, el crecimiento edilicio puede convivir paradójicamente con déficit habitacional, viviendas desocupadas y servicios sometidos a una presión cada vez mayor.

“La planificación existe, pero no la está haciendo el Estado”

—Muchas veces se plantea que Rosario creció ediliciamente sin una planificación seria. ¿Coincidís?

Nosotros, con un grupo de arquitectos y arquitectas que venimos estudiando hace mucho el tema, decimos que no es que no existe planificación. La planificación existe.

El problema es que no la está haciendo el Estado, no la está haciendo el poder público, sino que se hace presionado por estos grupos de inversores.

Entonces también tenemos que preguntarnos para quién se construye. ¿Quién puede acceder a esas viviendas o departamentos? ¿Contribuyen a paliar el déficit habitacional? No, porque no están dirigidos a esos sectores.

—¿También existe una discusión sobre cuánto de lo que se construye termina efectivamente habitado?

Sí. Cuando uno hace un análisis de si esas viviendas están habitadas o no, muchas veces también hay dudas.

Mucho se hace para invertir, para especular y para encontrar un canal para el dinero.

Por eso tenemos que discutir para quién estamos construyendo y qué ciudad estamos construyendo.

Nicastro introduce aquí uno de sus cuestionamientos centrales: Rosario no estaría frente a una ausencia absoluta de planificación, sino ante una disputa por quién planifica. Formalmente, esa potestad corresponde al poder público; en la práctica, considera que determinados cambios terminan condicionados por iniciativas privadas que llegan antes que una estrategia urbana integral.

Desde esa perspectiva, el caso del túnel Illia es apenas una manifestación puntual de una discusión mayor: si las intervenciones nacen de un diagnóstico previo de las necesidades urbanas o si primero aparece una propuesta y posteriormente se intenta encontrar la manera de incorporarla a la ciudad.

El túnel Illia: “No es el lugar adecuado”

—Concretamente, ¿qué opinión tenés sobre el proyecto para convertir el túnel Illia en un paseo de celebridades?

Yo creo que lo que se cuestiona acá no es el concepto de hacer un paseo de celebridades. Coincido con lo que plantea el Colegio: no es el lugar adecuado.

Se plantea que hay que hacer algo nuevo, darle un uso, pero yo creo que eso es precisamente lo que ya se hizo con este túnel.

Era un túnel ferroviario que estuvo muchos años abandonado, después fue ocupado por un boliche, volvió a estar abandonado y finalmente la ciudad lo rescató como una vía de circulación vehicular.

—Entonces, ¿considerás que no necesita una transformación de ese tipo?

Probablemente necesite algún tipo de mejoramiento o mantenimiento, pero creo que no es necesario transformarlo en esto que pretende el concejal.

Se pueden pensar muchos otros lugares de Rosario. Además, si no, terminamos concentrando todo acá, en el centro y en la costa.

La pintura después se puede sacar, pero es costoso y se pierde esa esencia del ladrillo. Estamos hablando de ladrillos que tienen alrededor de 150 años y que probablemente fueron traídos de Inglaterra por la construcción ferroviaria de aquella época.

El túnel forma parte de un conjunto de estructuras vinculadas a la antigua estación Rosario Central. Esa condición constituye, para Nicastro, un valor en sí mismo. La discusión patrimonial no consiste solamente en impedir una demolición: también implica preservar materiales, volumetrías, texturas y elementos capaces de contar la historia del lugar.

Por eso plantea otra alternativa: rehabilitar sin borrar. Mejorar iluminación, conservación y condiciones constructivas puede resultar necesario, pero eso no obliga, desde su perspectiva, a cubrir aquello que precisamente permite reconocer el pasado ferroviario del sector.

Restaurar, rehabilitar y reutilizar sin borrar la historia

—¿Cómo debería abordarse técnicamente un espacio con esas características?

Hay conceptos que se manejan en la preservación del patrimonio: restaurar, rehabilitar, reusar.

El lugar donde funciona el Distrito Centro era la parte administrativa de la estación Rosario Central. Se reutilizó, pero sigue estando básicamente toda la construcción original. Lo mismo ocurre con la Isla de los Inventos.

Es decir, se pueden generar nuevos usos manteniendo aquello que constituye la esencia del edificio o del lugar.

—¿Qué riesgo encontrás en la intervención propuesta?

Se pierde esa esencia. Y además estamos hablando de un lugar de tránsito bastante rápido que, por más que le pongan barandas, puede ser inseguro.

También hay otra cuestión que planteaba Beatriz Sarlo en La ciudad vista: estamos metidos en una especie de banalización y mercantilización de las ciudades. Parece que todo tiene que servir para algo y, sobre todo, para el turismo.

La gente tiene que sacarse la foto ahí. Y uno pregunta: ¿por qué? Rosario ya tiene muchos otros lugares y muchos otros motivos para que alguien venga.

La crítica no apunta contra el turismo como actividad ni contra la posibilidad de homenajear a personalidades rosarinas. Nicastro cuestiona que esos objetivos deban necesariamente imponerse sobre un espacio con identidad histórica previa.

Rosario ya cuenta, recordó, con circuitos relacionados con figuras, expresiones culturales y deportivas. Desde su perspectiva, incorporar otro recorrido puede ser válido, pero no necesariamente a costa de modificar un patrimonio ferroviario que posee su propia historia para contar.

“¿Por qué no piensan más en la gente que vive acá?”

—¿Existe una tendencia a pensar determinadas intervenciones más para el visitante que para quien habita cotidianamente Rosario?

Tenemos el Paseo de los Olímpicos en avenida Pellegrini, tenemos la ruta de la Trova Rosarina, tenemos la ruta de Fito. Hay muchos lugares donde el turista puede venir a sacarse fotos.

Y alguien hizo un comentario en una publicación que me pareció interesante: “¿Por qué no piensan más en la gente que vive acá, que vivimos todos los días, y no tanto en la gente que viene a lo mejor un fin de semana o un feriado largo?”

La ciudad también tiene otros problemas.

—Y antes de discutir si queda lindo o no, ¿no debería definirse para qué queremos el túnel?

Sí, totalmente. Primero hay que definir para qué queremos el viaducto: si queremos que siga siendo un lugar para la circulación vehicular o si queremos circulación peatonal.

El proyecto plantea barandas como una de sus etapas. Yo creo que, suponiendo que se haga, eso debería ser lo primero.

Porque estamos hablando de seguridad. Si la propuesta invita a mirar imágenes, disminuir la velocidad o sacarse una foto, eso tiene que estar estudiado.

El punto desplaza nuevamente la discusión estética. Si el túnel continúa funcionando principalmente como corredor vehicular, cualquier intervención destinada a atraer peatones o captar la atención de los conductores necesita previamente un análisis de seguridad vial.

La propia dinámica del proyecto abre una contradicción: pretende transformar el espacio en un atractivo para detenerse, observar y fotografiar, mientras su función cotidiana sigue siendo permitir la circulación de vehículos.

El riesgo de una intervención que distraiga a los conductores

—¿La propia pintura podría convertirse en un elemento de distracción?

Sí. Si se llega a pintar con esa bandera ondulante que aparece en las imágenes, puede ser hasta una cosa que marea.

Y obviamente puede aparecer alguien que pase en auto y diga: “Bueno, bajemos un poquito la velocidad y sacamos la foto de la celebridad que nos gusta”. Puede llegar a ser grave.

Además, se mencionó en la comisión que aparentemente ahora, con la remodelación de la Isla de los Inventos, hay familias que utilizan el túnel caminando para cortar camino. Yo no lo puedo afirmar, pero justamente eso debería formar parte de lo que se estudia.

—¿Y ahí vuelve a aparecer la necesidad de consultar a quienes usan diariamente ese espacio?

Sí. Escuchar a la gente. Incluso hacer algún tipo de encuesta, pararse donde la gente entra o sale y preguntarle si lo usaría, si caminaría por ahí, qué piensa del proyecto.

Hay que tener realmente en cuenta la opinión de los vecinos, que son quienes hacen uso de la ciudad todos los días.

No puede aparecer primero el proyecto y después recién generarse toda la discusión.

La seguridad vial constituye uno de los vacíos que Nicastro detectó al analizar la documentación disponible. No basta, sostiene, con un render que permita visualizar cómo podría quedar el túnel: una intervención urbana requiere estudiar consecuencias concretas.

Cantidad y velocidad de vehículos, circulación peatonal actual y futura, accesibilidad, iluminación, señalización y convivencia entre diferentes usos deberían formar parte del análisis previo antes de decidir si el proyecto resulta viable.

“No hay ningún informe técnico en cuanto a la seguridad vial”

—La información que manejamos indica que el proyecto no llegó acompañado por informes técnicos. ¿Vos pudiste revisarlo?

Yo tengo una copia del proyecto que tiene nada más que un par de imágenes y estuve presenciando la reunión de la Comisión de Obras Públicas.

Por lo menos hasta ahí, no hay ningún informe técnico en cuanto a la seguridad vial.

Y ocurre algo parecido con el Colegio: presenta una nota después de que se conoce el proyecto, cuando a lo mejor la metodología debería haber sido a la inversa.

—¿Cómo debería haberse trabajado?

Los concejales y las concejalas elaboran un proyecto y, si quieren que realmente tenga cierto apoyo, deberían consultarlo con las organizaciones relacionadas con el tema, con las entidades y, por lo menos, con las vecinales que pueden estar en torno al proyecto.

Eso debería hacerse antes.

Porque después terminamos discutiendo cuando la iniciativa ya está instalada públicamente.

Para Nicastro, el orden de los factores es parte sustancial del problema. La consulta profesional y ciudadana no debería funcionar exclusivamente como instancia de corrección posterior, sino como un componente de la elaboración.

El caso del túnel ofrece entonces una oportunidad para discutir una metodología que excede esta iniciativa: diagnóstico, informes técnicos, consulta a especialistas, participación ciudadana y recién después definición política.

“El túnel está bien así como está”

—Si tuvieras que recomendar profesionalmente qué hacer con el túnel, ¿dirías que no a este proyecto?

Sí. Yo creo que el túnel está bien así como está.

Probablemente el proyecto debería haber sido simplemente encomendar al Departamento Ejecutivo que lo ponga en valor, que lo rehabilite, porque puede haber cuestiones constructivas que se puedan mejorar.

También podría pensarse una intervención que realmente ponga en valor ese tipo de construcción, que esté mucho mejor mantenida y conservada.

—¿Y qué hacer entonces con la idea de homenajear a las celebridades rosarinas?

Las celebridades también son parte de nuestra historia, por supuesto. Pero justamente por eso se puede buscar otro lugar, se puede hacer algo nuevo.

¿Por qué desaprovechamos nuestra historia?

La gente va a ciudades antiguas de Europa y vuelve embelesada con los centros históricos. Nuestra historia es breve, Rosario es una ciudad relativamente reciente, pero también tenemos nuestra historia y deberíamos conservar muchas más cosas.

El patrimonio rosarino, advierte Nicastro, tiene una particular vulnerabilidad: al tratarse de una ciudad comparativamente joven, cada testimonio material de su crecimiento adquiere importancia para reconstruir su identidad.

La pérdida de antiguas casonas de bulevar Oroño aparece como uno de los ejemplos. El ferrocarril es otro. Para la arquitecta, preservar no significa congelar la ciudad, sino encontrar nuevos usos capaces de convivir con aquello que explica de dónde viene.

Contar la historia del túnel en lugar de taparla

—¿Se podría aprovechar el propio túnel con una finalidad educativa?

Sí. A lo mejor lo que hay que poner es algún tipo de cartelería al ingreso o al egreso para poder llevar a los chicos, explicarles y contarles.

Hay un montón de fotografías antiguas de cómo era el lugar, del puerto que estaba ahí y de toda esa zona. Hay muchas cosas para rescatar.

No necesariamente hay que rescatar allí a las celebridades de Rosario y mucho menos transformar todo en la pintura de la bandera y el Sol de Mayo.

—¿Hay antecedentes en Rosario que podrían servir como referencia?

Sí. Pensaba, por ejemplo, en intervenciones donde se coloca frente a una antigua casona la imagen de cómo era y se cuenta parte de su historia.

Podría pensarse algo de ese estilo. Además, en toda esa zona se ha intentado conservar la estética ferroviaria. La estación Rosario Central, el complejo cultural Parque de España y los túneles mantienen el ladrillo visto.

Incluso cuando allí funcionó un lugar bailable, la intervención mantuvo gran parte de esa identidad. Entonces venir ahora con esto resulta difícil de sostener. Me parece que no hay demasiados argumentos.

En vez de convertir el patrimonio en soporte de una intervención completamente nueva, Nicastro propone que el propio patrimonio se convierta en contenido. Señalización histórica, fotografías, información sobre el ferrocarril y explicaciones sobre el desarrollo del sector podrían darle una dimensión educativa sin ocultar su materialidad original.

Es una diferencia conceptual importante: poner en valor el túnel no necesariamente significa cambiarlo; también puede significar ayudar a que los rosarinos comprendan qué están viendo cuando lo atraviesan.

“Alguien está planificando”

—Si ampliamos la mirada hacia el futuro de Rosario, ¿qué es lo que más te preocupa de la planificación urbana?

Se construye hoy por hoy y, como te decía antes, no es que no haya planificación. Alguien está planificando.

Y por ahí no es precisamente el poder público, que es el que tiene la potestad para planificar sobre los territorios de las ciudades, en este caso el Estado municipal.

Entonces la ciudad se va haciendo a medida que van surgiendo requerimientos.

—¿Qué consecuencias observás?

Se está perdiendo la esencia de la ciudad en muchos barrios. Pasó en Fisherton con determinados condominios, en Alberdi y también con construcciones en altura sobre bulevar Rondeau y avenida Alberdi.

Y hacen falta datos.

La población de Rosario prácticamente no crece, crece muy poquito, mientras la construcción de viviendas tuvo otra dinámica.

Nicastro vuelve así sobre una cuestión que atraviesa toda su mirada profesional: la planificación urbana no consiste únicamente en decidir cuántos pisos puede tener un edificio. Implica cruzar población, infraestructura, vivienda, movilidad, servicios, ambiente y patrimonio.

Sin esa lectura integral, las decisiones individuales pueden resultar económicamente viables pero producir, sumadas, una ciudad muy diferente a la que sus habitantes eligieron construir.

Más viviendas construidas y un déficit habitacional que continúa

—¿Cómo explicás la contradicción entre la cantidad de viviendas que se construyen y las dificultades para acceder a una?

Hay un dato analizado por la oficina de datos de la Universidad Nacional de Rosario sobre el Censo 2022 que plantea que la población creció en alrededor de 55.000 habitantes mientras, en ese mismo período, se construyeron alrededor de 100.000 casas y departamentos.

Entonces, ¿de qué estamos hablando? Tenemos déficit habitacional porque la gente no puede acceder a una vivienda y, por otro lado, tenemos un montón de viviendas ociosas.

Tampoco existe una política suficiente para rehabilitar o poner nuevamente en el mercado muchas viviendas que permanecen desocupadas durante años.

—¿El municipio tiene herramientas para intervenir?

Sí. Podría pensarse, por ejemplo, en una tasa o un impuesto progresivo sobre viviendas que permanecen desocupadas, después de verificar por qué están en esa situación.

Con la autonomía municipal se abren herramientas para discutir este tipo de políticas.

No podemos darnos el lujo de tener casas desocupadas cuando existe déficit de vivienda, familias que no pueden comprar y otras que directamente ya tienen dificultades para pagar un alquiler.

La contradicción que plantea Nicastro es central para su diagnóstico. Construir más unidades no garantiza automáticamente mejorar el acceso a la vivienda si esas unidades funcionan fundamentalmente como activos de inversión o quedan fuera del alcance económico de quienes necesitan habitarlas.

Por eso reclama que el Estado municipal intervenga sobre el mercado en lugar de limitarse a regular alturas, indicadores constructivos y usos del suelo.

“La densificación no solamente significa construir para arriba”

—¿Qué otras alternativas podría utilizar el Estado sobre las viviendas ociosas?

Con una política tributaria de este tipo no necesariamente tiene un costo para el municipio.

Incluso puede ocurrir que propietarios de determinadas viviendas, frente a un impuesto progresivo, acuerden con el municipio algún tipo de comodato por 10 o 20 años, que permita arreglar esos inmuebles y obtener nuevas unidades.

Son alternativas que se pueden estudiar.

—¿Eso también sería una forma de densificar?

Claro. La densificación no solamente significa construir en vertical, construir para arriba. También se puede densificar de otra forma.

Podemos recuperar viviendas, reutilizar estructuras existentes y generar nuevas unidades.

Hay herramientas. Lo importante es que exista una decisión de utilizarlas.

La propuesta conecta directamente con su planteo sobre el túnel: reutilizar antes que borrar, rehabilitar antes que reemplazar y aprovechar la infraestructura existente antes de asumir que toda transformación requiere construir algo nuevo.

Es una mirada que intenta reconciliar desarrollo con conservación. La ciudad necesita cambiar, pero la discusión es cómo, para quién y bajo qué criterios.

Torres, casonas y una ciudad que pierde continuidad

—Rosario también fue cuestionada por la convivencia entre antiguas construcciones patrimoniales y grandes torres. ¿Qué problema genera esa sustitución lote por lote?

Es un tema que ha sido objeto de debate desde hace mucho. En nuestros códigos, incluso después del nuevo código de 2008, muchas veces no se focaliza sobre un área completa.

Entonces se producen estos “granos” o agujeros donde tenemos una cosa alta, dos bajitas, otra alta.

Y eso también genera expulsión de habitantes.

—¿Por qué?

Porque la gente que queda encajonada entre dos edificios en altura en algún momento termina yéndose.

Pasa también con muchas viviendas de pasillo. Quedan rodeadas de edificios y pierden sol, aire y luz.

Entonces finalmente ceden ante la presión del mercado.

El paisaje urbano no es, para Nicastro, solamente una discusión sobre belleza. Una torre modifica las condiciones ambientales de las parcelas cercanas: sombras, ventilación, visuales y relación con el espacio público.

Por eso cuestiona la transformación lote por lote sin una estrategia integral para cada sector. El resultado puede ser una ciudad fragmentada donde edificios de escalas completamente diferentes conviven sin una transición planificada.

“Hay que meterse con el mercado”

—¿Hasta dónde debería intervenir el Estado municipal?

Yo creo que los gobiernos municipales tienen que empezar a pensar seriamente políticas para meterse en el mercado.

Hay que meterse con el mercado de alquileres para incidir de alguna forma y lograr que estas viviendas se pongan en circulación.

Esa es también una manera de hacer que los precios puedan empezar a bajar.

—¿La vivienda pública también debería formar parte de esa estrategia?

Por supuesto. Son políticas que se han desarrollado y se siguen desarrollando en distintas ciudades europeas.

La vivienda pública también permite intervenir sobre el mercado.

Lo que no podemos hacer es tener déficit habitacional por un lado y viviendas desocupadas por el otro sin intentar ninguna herramienta para vincular esas dos realidades.

En este punto, el análisis abandona definitivamente el caso particular del túnel y se transforma en una discusión sobre modelo urbano. Nicastro reclama un municipio capaz de utilizar herramientas regulatorias, tributarias y habitacionales para incidir sobre procesos que, dejados exclusivamente a la dinámica privada, pueden profundizar desigualdades.

La futura autonomía municipal aparece como una oportunidad, pero también como una responsabilidad: disponer de mayores atribuciones no resuelve por sí mismo los problemas si esas facultades no se traducen en políticas concretas.

“Nos están sacando el derecho al sol, a la luz y al aire”

—¿La discusión urbanística puede realmente abrirse a la ciudadanía o sigue siendo vista como un asunto demasiado técnico?

Ese es un tema que siempre discutí. Parece que estas cuestiones son ajenas a la gente, demasiado técnicas y fuera de su comprensión.

Todo el debate que se generó con los vecinos del área del Monumento a la Bandera demostró que no es así.

Cuando desde lo técnico se hace el esfuerzo para explicar qué se propone, no solamente mostrando renders de lo lindo que va a quedar, sino aportando datos y explicando todo lo que significará para la zona, la gente puede entenderlo y debatirlo tranquilamente.

—¿Por qué debería involucrarse un vecino en esas discusiones?

Porque la cuestión urbana determina cómo vamos a vivir e influye en nuestra calidad de vida y también en nuestra salud.

Nos están sacando el derecho al sol, el derecho a la luz, el derecho al aire.

Con el cambio climático también vemos cómo cambia una ciudad con arbolado público y sin arbolado público. Y con tres lonas o toldos en una peatonal no hacemos nada.

La última definición permite comprender por qué Nicastro rechaza que la planificación quede encerrada exclusivamente entre especialistas, funcionarios y desarrolladores. Los indicadores urbanísticos pueden parecer abstractos, pero sus consecuencias terminan expresándose en experiencias extremadamente concretas: cuánto sol recibe una vivienda, qué temperatura alcanza una calle, qué capacidad tienen los servicios o cuánto cuesta encontrar un lugar para vivir.

El túnel Arturo Illia funciona, entonces, como puerta de entrada hacia una discusión bastante más profunda. No se trata únicamente de decidir si sus paredes deben tener una bandera argentina, un Sol de Mayo o fotografías de celebridades. Se trata de definir cómo Rosario decide intervenir su patrimonio, quién participa de esas decisiones y qué lugar ocupan los criterios técnicos frente a las iniciativas políticas y los intereses económicos.

Para Nicastro, la ciudad necesita recuperar una secuencia que considera fundamental: primero conocer, después debatir y finalmente intervenir. Y, sobre todo, asumir que la participación ciudadana no debería aparecer cuando un proyecto ya está encaminado, sino formar parte del momento mismo en que Rosario decide qué hacer con su territorio y con su historia.

 

 

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