Aunque Rosario le resultó electoralmente adversa, el gobernador Maximiliano Pullaro decidió jugar fuerte en 2026 con una estrategia centrada en grandes obras de impacto urbano y metropolitano. El eje del plan es un ambicioso tren urbano por la costa del Paraná que uniría el norte y el sur de la ciudad y se extendería hasta Granadero Baigorria y Villa Gobernador Gálvez. La apuesta se completa con infraestructura clave y la vidriera de los Juegos Odesur, en un año que el oficialismo considera decisivo para recomponer el vínculo con los rosarinos.
La Casa Gris asume que Rosario no es una plaza sencilla. Los resultados electorales recientes dejaron en claro que el apoyo al oficialismo provincial no se traduce automáticamente en votos en la principal ciudad de Santa Fe. Con ese diagnóstico, Maximiliano Pullaro decidió profundizar una hoja de ruta basada en gestión y obra pública, con la convicción de que 2026 es el tiempo político para mostrar resultados concretos.
El proyecto estrella: un tren urbano por la costa
El corazón del plan es la reactivación de un tren urbano o metropolitano que recorrería la costa del río Paraná y conectaría Granadero Baigorria, Rosario y Villa Gobernador Gálvez. La traza proyectada rondaría los 38 kilómetros, con unidades de bajo consumo energético y tecnología moderna, pensadas para reducir de manera drástica los tiempos de traslado entre el norte y el sur del área metropolitana.
La iniciativa, que se trabaja con bajo perfil, prevé una inversión estimada de entre 500 y 600 millones de dólares, con la posibilidad de acceder a financiamiento internacional. En enero de 2026, el gobierno provincial fijó un plazo de 180 días para completar el esquema técnico y el anteproyecto definitivo, una etapa clave para definir costos y cronograma de obra.
El objetivo político es doble: mejorar la movilidad cotidiana y, al mismo tiempo, ofrecer una obra emblemática que reconfigure la imagen urbana y metropolitana de Rosario.
Quiénes empujan el proyecto
El armado técnico y político del tren urbano involucra a distintas áreas provinciales y municipales. Participan la Secretaría de Transporte que conduce Mónica Alvarado, el Ente de Coordinación Metropolitana —dirigido por Héctor Floriani— y la Municipalidad de Rosario, a través de su área de Movilidad.
La coordinación general recae en un tándem de extrema confianza del gobernador: Julián Galdeano y Martín Pullaro, quienes vienen concentrando los proyectos estratégicos que exceden a un solo ministerio y buscan atraer inversión y visibilidad.
Un plan más amplio para “recuperar Rosario”
El tren metropolitano es presentado puertas adentro como la “frutilla del postre” de una segunda etapa del plan provincial para Rosario. La primera, según la lectura oficial, estuvo enfocada en la seguridad y la reducción de los niveles de violencia. La que viene apunta a infraestructura, conectividad y espacio urbano.
En esa agenda se inscriben obras como:
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El Parque de la Cabecera, bajo el puente Rosario–Victoria del lado de Baigorria, con un desarrollo de unas 35 hectáreas.
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Las tareas para frenar la erosión de la cascada del arroyo Saladillo.
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La repavimentación de la pista del Aeropuerto Internacional de Rosario.
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La boulevarización de avenida Jorge Newbery, uno de los accesos clave a la ciudad.
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Las intervenciones acordadas con el municipio en el marco del Acuerdo Rosario.
A esto se suman las obras vinculadas a los Juegos Odesur, que el gobierno provincial entiende como una oportunidad para mostrar capacidad de ejecución y dejar infraestructura deportiva y urbana como legado.
2026, un año clave y no exento de tensiones
En el oficialismo son conscientes de que la obra pública, por sí sola, no garantiza adhesión política. El desafío de conquistar a Rosario se da en paralelo a conflictos con sectores sindicales, tensiones con trabajadores estatales y, más recientemente, reclamos en el ámbito policial que complejizan el escenario.
Sin embargo, la lectura en la Casa Gris es que no hay margen para postergar definiciones. Con un calendario electoral que empieza a acelerarse, 2026 aparece como el año para intentar cambiar percepciones y disputar centralidad política en una ciudad históricamente esquiva para el poder provincial cuando Pullaro no encabeza las boletas.
La apuesta está hecha: grandes obras, visibilidad metropolitana y gestión a ritmo alto. El interrogante que sobrevuela es si ese combo alcanzará para torcer el humor social de Rosario y reposicionar al gobierno provincial en su distrito más complejo.


