Sonia Martorano: “Nos estamos quedando sin pediatras, terapistas y clínicos”

La diputada advirtió sobre la falta de profesionales en especialidades críticas y reclamó una reforma profunda del sistema de salud. La ex ministra de Salud repasó la gestión del COVID-19, defendió la infraestructura sanitaria construida en Santa Fe y alertó sobre las secuelas emocionales que aún persisten.

La diputada provincial repasó cómo le tocó conducir el sistema sanitario santafesino durante la emergencia por COVID-19, defendió la infraestructura que quedó instalada tras aquellos años críticos y advirtió sobre las consecuencias emocionales y psicológicas que aún persisten. También habló de la salud pública actual, la relación con la ministra Silvia Ciancio y las dificultades de ejercer una oposición legislativa frente a una mayoría consolidada.

La pandemia de COVID-19 modificó la vida cotidiana, alteró prioridades políticas, puso al límite los sistemas sanitarios y dejó marcas que todavía hoy siguen presentes. Cinco años después de aquel proceso que paralizó al mundo, la ex ministra de Salud de Santa Fe y actual diputada provincial, Sonia Martorano, considera que aún existe una deuda pendiente: reflexionar sobre lo que significó aquella experiencia y sobre las consecuencias que dejó en la sociedad.

Durante una entrevista en el programa Democráticamente, que conduce Juan Francisco por AGOFA TV, Martorano recordó los momentos más complejos de su gestión sanitaria, reivindicó el trabajo realizado por los equipos de salud, destacó las inversiones que quedaron instaladas en hospitales y centros médicos de toda la provincia y alertó sobre una problemática que, según su mirada, será uno de los grandes desafíos de los próximos años: la salud mental.

“La gente no quiere hablar de la pandemia porque fue una experiencia traumática”

¿Sentís que no se termina de valorar el trabajo que hicieron durante la pandemia?

“Pasa algo muy puntual. Cuando hay situaciones muy traumáticas, la gente no quiere hablar del tema, no quiere recordar. Y eso es normal. Fue una vivencia muy compleja. Hacía más de 100 años que no ocurría algo así. Nos cambió la vida a todos: cambió la economía, el trabajo, la escolaridad, las relaciones sociales y nos obligó a reorganizar completamente el sistema sanitario”.

¿Cómo recuerda aquellos años?

“Yo siempre tuve una mirada muy vinculada a la atención primaria de la salud, al trabajo territorial, a los centros de salud. Sin embargo, durante la pandemia tuvimos que poner toda la atención en las terapias intensivas, en ampliar camas, en responder a la emergencia. Fue dar vuelta completamente el sistema. Entiendo que mucha gente no quiera volver sobre ese tema porque fue muy duro”.

Martorano considera que el principal motivo por el cual la pandemia dejó de ocupar un lugar central en el debate público tiene que ver con el impacto emocional que produjo en la sociedad. Desde su mirada, se trata de un fenómeno similar al que ocurre después de experiencias traumáticas colectivas: existe una tendencia a evitar el recuerdo de aquello que generó sufrimiento.

Sin embargo, sostiene que la dimensión de lo ocurrido obliga a revisar lo aprendido, especialmente porque muchas de las herramientas y estructuras creadas durante esos años continúan siendo utilizadas actualmente por el sistema de salud provincial.

“Santa Fe tuvo una de las tasas de letalidad más bajas”

“Había una realidad que nos atravesaba a todos. Había que responder a una emergencia sanitaria mundial. Y Santa Fe tuvo un muy buen desempeño. Siempre dije que cuando todo terminara había que mirar la tasa de letalidad, es decir, cuántas personas fallecieron en relación con la cantidad de casos. Y Santa Fe tuvo indicadores mejores que la media nacional”, aseguró la ex Ministra de Salud.

¿Qué nivel de esfuerzo requirió el sistema?

“Se aplicaron cerca de diez millones de vacunas en muy poco tiempo. Fue un despliegue enorme. Pero además hubo que sostener la infraestructura sanitaria, ampliar servicios y seguir atendiendo otras demandas de salud. Fue una tarea gigantesca”.

La ex ministra insiste en que uno de los principales legados de la pandemia fue la capacidad que desarrolló el sistema sanitario para expandirse rápidamente ante situaciones críticas. Para ella, no se trata solamente de edificios o equipamiento, sino también de experiencia acumulada y recursos humanos entrenados para responder a escenarios extremos.

¿Qué infraestructura quedó después de la pandemia?

“Muchísima. Te doy un ejemplo: Rafaela tenía ocho camas de terapia intensiva y llegó a tener treinta y cinco. Se abrió la terapia pediátrica en Venado Tuerto, se ampliaron servicios en distintas regiones y se fortaleció enormemente la capacidad de respuesta del sistema”.

¿Lo más difícil era conseguir equipamiento?

“No. Lo más difícil siempre fue el recurso humano. Los respiradores se compran. Las camas se instalan. Pero formar intensivistas, terapistas, enfermeros especializados lleva años. Lo más valioso fue el trabajo del personal de salud”.

Uno de los aspectos que Martorano reivindica con más énfasis es la articulación público-privada que se logró durante la emergencia sanitaria. Según explicó, hospitales públicos, clínicas privadas y distintos niveles del Estado trabajaron con protocolos comunes y estrategias coordinadas.

Para la legisladora, esa experiencia debería servir como base para una futura reforma sanitaria provincial orientada a integrar recursos y optimizar servicios.

“La pandemia dejó una epidemia de salud mental”

¿Cuál es la principal secuela que sigue viendo hoy?

“La salud mental. Sin dudas. La pandemia dejó una verdadera epidemia de salud mental. Lo vemos en la población general, en los jóvenes, en los trabajadores y especialmente en los equipos de salud”.

¿Qué pasó con los trabajadores sanitarios?

“Apareció muy fuerte el burnout, el síndrome del desgaste. El personal de salud dio el mil por ciento. No el cien, el mil por ciento. Hacían guardias interminables, trabajaban con miedo, con equipos de protección durante horas y después sentían que todo eso no era reconocido. Ese desgaste todavía existe”.

La referencia al burnout fue uno de los momentos más fuertes de la entrevista. Martorano comparó incluso algunos efectos psicológicos de la pospandemia con procesos traumáticos que dejan marcas durante años.

Según explicó, el agotamiento emocional, la ansiedad, el estrés y la sensación de incertidumbre no desaparecieron con el fin de las restricciones sanitarias, sino que continúan presentes en buena parte de la población.

“No creo en la crítica permanente; hay que construir”

Cuando eras ministra recibías críticas de la actual ministra de Salud. Sin embargo, hoy no ocurre lo mismo de tu parte. ¿Por qué?

“Porque siempre hay que construir. Es algo que tenemos que aprender en esta nueva Argentina. Uno tiene que pasar por una gestión, dejar una vara y permitir que quien venga después la levante un poco más. Con la ministra Silvia Ciancio tenemos diálogo permanente”.

¿Existe una buena relación?

“Sí. Muchísimos proyectos que presentamos se conversan. Incluso algunos programas vinculados a salud mental y prevención del suicidio fueron tomados por el ministerio y se están implementando. Eso es lo que corresponde”.

Lejos de profundizar diferencias políticas, Martorano optó por reivindicar la continuidad institucional de las políticas sanitarias. Su postura contrasta con la lógica de confrontación que suele dominar buena parte del debate político y muestra una visión más vinculada a la construcción de consensos en áreas sensibles como la salud pública.

“Ser oposición es difícil cuando una mayoría impone sus votos”

¿Qué tan difícil es ser oposición frente a una mayoría como la de Unidos?

“Es difícil. Hay leyes importantes que salieron en soledad, sin acompañamiento de la oposición. Nosotros somos nueve legisladores en el interbloque y muchas veces trabajamos mucho en comisiones, presentamos propuestas, intentamos introducir cambios, pero cuando hay una mayoría consolidada las cosas se vuelven complejas”.

¿Eso limita el trabajo legislativo?

“Lo dificulta, pero no lo impide. Seguimos trabajando, presentamos proyectos y buscamos mejorar las iniciativas para que sean más equilibradas para la gente. Esa es nuestra responsabilidad”.

“Nos estamos quedando sin pediatras, terapistas y clínicos”

Sobre el final de la entrevista, Martorano volvió a poner el foco en una preocupación que viene planteando desde hace tiempo: la falta de profesionales en especialidades críticas.

“Nos estamos quedando sin pediatras, sin terapistas, sin clínicos y sin médicos generalistas. Son especialidades que requieren mucho tiempo, mucha dedicación y que hoy tienen remuneraciones insuficientes en comparación con otras áreas”.

La diputada recordó que presentó un proyecto de ley para establecer honorarios mínimos y dignos para estas especialidades y advirtió que, de no tomarse medidas, la situación podría agravarse especialmente en el interior provincial.

A cinco años del inicio de la pandemia, Sonia Martorano considera que Santa Fe conserva una parte importante del aprendizaje acumulado durante aquellos años. La infraestructura sanitaria ampliada, la capacitación de los equipos médicos y la experiencia de coordinación entre sectores aparecen entre los principales activos que dejó aquella etapa.

Sin embargo, advierte que los desafíos actuales son otros: reformular el sistema de salud, enfrentar la crisis de recursos humanos y atender las consecuencias emocionales que dejó uno de los episodios más impactantes de la historia reciente.

La pandemia dejó una epidemia de salud mental que todavía estamos atravesando”, resumió. Una frase que, según la ex ministra, explica buena parte de los problemas que hoy siguen afectando tanto a los trabajadores de la salud como al conjunto de la sociedad.

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