La concejala rosarina cuestionó la forma en que el Ejecutivo municipal impulsa proyectos de alto impacto urbano, aseguró que la autonomía de Rosario exige ampliar la participación ciudadana y no concentrar más poder, criticó el manejo del Parque Acuático y las excepciones urbanísticas en la zona del Monumento a la Bandera y advirtió que la política no puede resignar el diálogo para trasladar los conflictos a la Justicia. Para la dirigente justicialista, el principal desafío institucional pasa por recuperar la capacidad de escuchar a vecinos e instituciones antes de tomar decisiones que modifican el futuro de la ciudad.
Rosario atraviesa un momento de profundas discusiones políticas e institucionales. La reciente autonomía municipal abrió un escenario completamente nuevo para la ciudad, pero al mismo tiempo comenzaron a aparecer debates que exceden la letra de la nueva Constitución: la forma en que se gobierna, el rol del Concejo Municipal, la participación ciudadana, el alcance de las decisiones del Ejecutivo y los límites entre la gestión eficiente y la concentración del poder.
En los últimos meses esas discusiones se hicieron visibles a partir de distintos proyectos impulsados por la Municipalidad. El Parque Acuático en la costa norte, las modificaciones urbanísticas en el área de protección histórica del Monumento Nacional a la Bandera y otras iniciativas del Ejecutivo generaron una fuerte reacción de vecinos, instituciones y organizaciones sociales, que cuestionaron tanto el contenido de las propuestas como la ausencia de instancias de consulta previas.
Para la concejala Norma López, esos conflictos no son hechos aislados. Forman parte de una manera de gobernar que, según sostiene, privilegia las decisiones unilaterales por sobre la construcción de consensos.
Durante una extensa entrevista en el programa Democráticamente, que conduce Juan Francisco por AGOFA TV, la edil analizó el funcionamiento del Concejo Municipal, cuestionó la creciente concentración de decisiones en el Departamento Ejecutivo, defendió la participación ciudadana como eje de la autonomía rosarina y repasó algunos de los principales proyectos que hoy atraviesan la agenda política local.
«Los gobiernos creen que pueden prescindir de quienes piensan distinto»
Estamos viendo un momento donde pareciera que, si uno acompaña un proyecto, quiere a Rosario, y si lo cuestiona pasa a ser un obstáculo para la ciudad. ¿Qué lectura hacés de este clima político?
«Es un momento muy complejo para la política. Los gobiernos, sobre todo los ejecutivos, están intentando desarrollar sus proyectos prescindiendo permanentemente de la opinión diferente. Y cuando digo opinión diferente no hablo solamente de la oposición. Hablo también de los vecinos y las vecinas.»
La concejala sostuvo que esa lógica comienza a repetirse en distintos niveles del Estado y termina debilitando la calidad democrática. «Lo que escuchamos permanentemente cuando recorremos los barrios es que la gente quiere participar mucho más de las decisiones que afectan su ciudad. Quiere opinar sobre las obras de su barrio, sobre los grandes proyectos urbanos, sobre cómo se planifica Rosario. Y cada vez las decisiones están más concentradas en los ejecutivos.»
Para López, esa concentración representa uno de los principales riesgos institucionales. «El riesgo entre ser un buen gestor y ser autoritario es enorme. Gobernar bien no significa hacer lo que uno quiere porque ganó una elección.»
«Hay un clima antipolítica que algunos aprovechan»
¿Ese contexto favorece ese tipo de decisiones?
«Sí. Hay un clima de época antipolítica que no podemos negar. Mucha gente siente que la democracia no resolvió todos sus problemas, que la economía cada vez alcanza menos y que sostener la vida cotidiana cuesta muchísimo.»
Según explicó, ese escenario termina fortaleciendo una idea equivocada sobre el ejercicio del poder. «Muchos gobernantes terminan interpretando que el voto les da un cheque en blanco para hacer cualquier cosa. Como si el poder que les otorgó la ciudadanía habilitara a decidir sin escuchar absolutamente a nadie. Y no funciona así.»
La dirigente justicialista insistió en que el mandato popular no elimina la obligación de construir acuerdos. «Gobernar implica dialogar, convencer y abrir espacios de participación. No significa imponer decisiones porque sí.»
La primera parte de la entrevista deja planteado uno de los ejes que atravesará toda la conversación: para Norma López, el principal problema no radica únicamente en determinados proyectos impulsados por el municipio, sino en la metodología con la que esas iniciativas llegan al debate público.
Su diagnóstico es que la política atraviesa un momento de fuerte concentración de decisiones en los poderes ejecutivos. Intendentes, gobernadores e incluso el Gobierno nacional —según plantea— avanzan sobre proyectos cada vez más importantes sin construir previamente instancias amplias de consulta con la ciudadanía.
En ese sentido, la concejala introduce una idea que luego retomará varias veces: la reciente autonomía municipal no debería traducirse en mayores facultades para el Ejecutivo, sino exactamente en lo contrario.
Para López, una ciudad autónoma exige profundizar los mecanismos de participación ciudadana, abrir más espacios de deliberación y fortalecer el rol del Concejo Municipal como ámbito donde confluyen las distintas miradas de la sociedad. Desde esa perspectiva, entiende que gobernar no consiste solamente en administrar recursos o ejecutar obras, sino también en construir legitimidad política antes de adoptar decisiones que modifican la vida urbana.
«El Parque Acuático fue el punto de inflexión»
El conflicto por el Parque Acuático abrió una discusión muy fuerte en Rosario. ¿Qué dejó ese debate?
«Para mí fue un mojón. Fue el punto de partida para volver a discutir cómo se toman las decisiones importantes en Rosario.»
La concejala aclaró que nunca cuestionó la necesidad de invertir en la costa norte. «Seguramente, cuando esa obra exista, muchísimos rosarinos la van a disfrutar. El problema nunca fue hacer una obra. La pregunta es otra: ¿cualquier obra sirve en cualquier lugar? Yo creo que no.»
Explicó que el predio elegido tiene un valor simbólico y social que excede la construcción del parque. «Ese lugar era uno de los pocos accesos públicos y gratuitos al río que tenía toda la ciudad. No era solamente un terreno disponible. Era un espacio construido durante décadas como patrimonio colectivo.»
«La autonomía obliga a consultar más, no menos»
¿Qué cree que faltó?
«Faltó algo muy sencillo: consultar.»
Para la edil, la autonomía municipal incrementa las responsabilidades institucionales. «Ahora Rosario es una ciudad autónoma. Pero autonomía no significa tener menos participación ciudadana. Significa exactamente lo contrario. Cada decisión importante debería estar mucho más respaldada por la opinión de los distintos sectores sociales.»
López sostuvo que el proyecto nunca debió limitarse a una discusión entre funcionarios. «Había que convocar a los vecinos, a las organizaciones ambientales, a quienes utilizan diariamente ese espacio y a todos los rosarinos. Porque ese lugar no pertenece solamente a la zona norte; pertenece a toda la ciudad.»
También incorporó un aspecto que, según afirmó, quedó prácticamente ausente del debate público. «La discusión no era solamente qué obra hacer. También había que preguntarse cómo iban a llegar hasta allí los vecinos de barrio Godoy, Las Flores o cualquier otro punto de Rosario cuando hoy el transporte público tiene enormes dificultades para garantizar esa accesibilidad.»
El planteo de Norma López incorpora una dimensión diferente a la que predominó durante el conflicto por el Parque Acuático. Mientras buena parte del debate público quedó reducido a la conveniencia o no de construir la obra, la concejala propone discutir previamente el modelo de ciudad que esa intervención representa.
En su visión, el verdadero problema no fue únicamente el destino del predio sino la ausencia de una instancia de participación previa que permitiera evaluar alternativas, prioridades y condiciones de accesibilidad.
También introduce un concepto poco desarrollado durante la polémica: el derecho al río. Para López, Rosario viene construyendo desde hace décadas una política destinada a recuperar la costa para el uso público, por lo que cualquier modificación sobre esos espacios debería analizarse considerando no sólo la obra en sí, sino también las posibilidades reales de acceso para el conjunto de la ciudadanía.
«Cuando la política deja de dialogar, aparece la Justicia»
El conflicto por el Parque Acuático terminó judicializado. Para Norma López, ese desenlace no fue una casualidad, sino la consecuencia directa de una forma de gestionar que evita construir consensos antes de tomar decisiones.
Finalmente terminó interviniendo la Justicia. ¿Qué lectura hace de eso?
«A mí me preocupa muchísimo cuando la política termina resolviendo sus discusiones en Tribunales. La Justicia tiene que intervenir cuando corresponde, pero no puede transformarse en el ámbito donde se resuelvan cuestiones que antes deberían haberse discutido políticamente.»
La concejala sostuvo que la judicialización es una señal de que el sistema político dejó de cumplir una de sus funciones centrales. «Cuando no hay diálogo, cuando no hay participación y cuando no hay ámbitos donde construir acuerdos, inevitablemente aparecen las presentaciones judiciales. Eso no fortalece la democracia; demuestra que la política llegó tarde.»
Según explicó, el problema excede al Parque Acuático. «Empieza a instalarse una lógica donde cualquier decisión importante termina siendo discutida en un juzgado. Y eso habla de una política que pierde capacidad para generar consensos.»
«No alcanza con tener mayoría para imponer cualquier proyecto»
Hay quienes sostienen que el Ejecutivo tiene legitimidad porque fue elegido por el voto popular.
«Claro que la tiene. Nadie discute eso. Pero una cosa es tener legitimidad para gobernar y otra muy distinta creer que esa legitimidad habilita a imponer cualquier proyecto sin escuchar a nadie.»
Para la edil, el Concejo Municipal debe recuperar protagonismo como ámbito de construcción política. «El Concejo no está para levantar la mano automáticamente. Está para debatir, mejorar los proyectos y representar las distintas voces que existen en Rosario.»
Insistió en que la diversidad política no constituye un obstáculo para la gestión. «Muchas veces se presenta al disenso como un problema. Yo creo exactamente lo contrario. El disenso mejora las políticas públicas porque obliga a revisar decisiones, incorporar otras miradas y evitar errores.»
«Con las excepciones urbanísticas pasó exactamente lo mismo»
Otro de los temas que abordó durante la entrevista fue el proyecto para modificar indicadores urbanísticos en el entorno del Monumento Nacional a la Bandera.
Para López, el conflicto repite el mismo esquema que se observó con el Parque Acuático.
También hubo fuertes cuestionamientos por las excepciones urbanísticas cerca del Monumento.
«Sí, porque vuelve a aparecer la misma lógica. Primero aparece una iniciativa cerrada, después se intenta justificarla y recién cuando surgen las críticas comienza la discusión pública. Para mí el camino debería ser exactamente al revés.»
La concejala recordó que se trata de uno de los sectores con mayor valor histórico y patrimonial de Rosario. «Estamos hablando del entorno del Monumento a la Bandera, que no es un lugar cualquiera. Cualquier modificación merece una discusión mucho más profunda porque estamos definiendo cómo queremos que evolucione uno de los espacios más representativos de la ciudad.»
«No podemos modificar las reglas según cada emprendimiento»
López cuestionó especialmente la utilización de excepciones urbanísticas. «Las normas urbanísticas existen para darle previsibilidad al desarrollo de la ciudad. Si cada vez que aparece un emprendimiento importante cambiamos las reglas, entonces dejamos de planificar y empezamos a administrar excepciones.»
A su entender, la planificación urbana debe responder a un proyecto colectivo. «Primero hay que discutir qué ciudad queremos construir durante los próximos veinte o treinta años. Después, dentro de ese marco, evaluar cada proyecto privado o público. No al revés.»
También reclamó una participación más activa de universidades, colegios profesionales y organizaciones vinculadas al urbanismo. «Rosario tiene instituciones con enorme capacidad técnica. No tiene sentido desaprovechar ese conocimiento cuando se toman decisiones de semejante trascendencia.»
El planteo de Norma López vuelve a poner el foco sobre la planificación urbana de largo plazo.
La concejala sostiene que los grandes proyectos no deberían evaluarse de manera aislada, sino como parte de un modelo integral de ciudad. En ese esquema, las excepciones urbanísticas dejan de ser simples modificaciones técnicas para convertirse en decisiones que pueden alterar el perfil urbano durante décadas.
Por eso insiste en que las discusiones sobre el Monumento, la costa o cualquier otra intervención relevante deben incorporar una mirada interdisciplinaria donde participen especialistas, instituciones y vecinos antes de avanzar legislativamente.
«Cada vez más familias viven endeudadas»
La entrevista también se trasladó hacia la realidad económica cotidiana.
López aseguró que la crisis económica comienza a reflejarse con fuerza en los barrios rosarinos.
¿Qué observa cuando recorre la ciudad?
«Muchísima preocupación. Hay familias que ya no llegan a fin de mes y otras que directamente sobreviven endeudándose.»
La concejala explicó que esa situación atraviesa incluso a trabajadores registrados. «Antes el endeudamiento estaba mucho más asociado a sectores vulnerables. Hoy vemos empleados, comerciantes, jubilados y profesionales que necesitan sacar créditos simplemente para comprar alimentos, pagar medicamentos o afrontar los servicios.»
Según afirmó, esa realidad condiciona cualquier otra discusión política. «Cuando una familia está pensando cómo pagar la tarjeta o cómo comprar los útiles escolares, es muy difícil hablarle solamente de grandes obras. Primero hay que resolver la vida cotidiana.»
«La política tiene que volver a mirar los problemas reales»
Para López, la agenda pública corre el riesgo de alejarse de las principales preocupaciones sociales. «A veces discutimos enormes proyectos urbanos mientras miles de familias tienen problemas para sostener algo tan básico como la alimentación, el alquiler o los servicios.»
Sostuvo que ambas discusiones pueden convivir. «Nadie dice que no haya que planificar Rosario hacia el futuro. Lo que digo es que esa planificación no puede hacernos perder de vista la emergencia social que hoy atraviesan muchísimos vecinos.»
Aunque la entrevista estuvo centrada principalmente en cuestiones institucionales, Norma López vinculó permanentemente esos debates con la situación económica que observa en los barrios.
Su planteo parte de una idea sencilla: las grandes discusiones sobre autonomía, planificación urbana o desarrollo estratégico sólo adquieren sentido si mejoran efectivamente la calidad de vida de quienes habitan la ciudad.
Por eso insiste en que la agenda pública debe mantener un equilibrio entre la planificación del largo plazo y las urgencias sociales del presente.


