El intendente de Funes, Roly Santacroce, atraviesa por estas horas uno de los momentos más complejos de su carrera política. Lo que comenzó como un conflicto personal terminó escalando a un caso judicial con alta exposición pública, sumando un nuevo capítulo a una figura que ya venía cargando cuestionamientos y desgaste.
La denuncia presentada por su esposa, Romina Hoffmann, por presuntos malos tratos e intimidaciones, no solo abrió un frente judicial delicado, sino que también volvió a poner bajo la lupa a un dirigente que en el último tiempo había quedado en el centro de distintas polémicas.
De la gestión al conflicto personal: una figura en tensión
Santacroce no es un intendente más dentro del mapa político santafesino. Su nombre ganó notoriedad el año pasado cuando decidió acompañar políticamente al gobernador Maximiliano Pullaro, en un movimiento que generó fuertes críticas dentro del peronismo.
Esa jugada le valió cuestionamientos internos y una pérdida de credibilidad en sectores que lo veían como una referencia del justicialismo territorial. Desde entonces, su figura comenzó a transitar un equilibrio inestable entre la gestión local y las tensiones políticas.
Ahora, el conflicto con su ex pareja irrumpe en ese escenario y lo golpea en un plano aún más sensible: el de su vida personal, con derivaciones públicas inevitables.
La denuncia y un impacto que trasciende lo privado
El propio intendente intentó bajar el tono del conflicto, calificándolo como una situación “estrictamente personal y familiar”. En un mensaje público, confirmó el proceso de separación tras más de 20 años de matrimonio y pidió preservar el ámbito privado.
Sin embargo, la dimensión del caso rápidamente desbordó ese intento.
La intervención de la abogada Ana Rosenfeld —reconocida por su participación en divorcios de alto perfil— elevó el nivel de exposición mediática. Sus declaraciones no pasaron desapercibidas: habló de posibles pedidos de custodia, de la necesidad de investigar aspectos patrimoniales y de cómo este tipo de conflictos, cuando involucran a figuras públicas, suelen sacar a la luz situaciones que trascienden lo estrictamente familiar.
“Cuando el tema familia y violencia entra en la casa de un político, salen cosas que tal vez se hubieran querido evitar”, deslizó, marcando el tono de lo que puede venir.
Un dirigente que ya venía en la mira
El impacto del caso no puede leerse de manera aislada. Santacroce ya había sido señalado en otras oportunidades por conflictos vinculados a su gestión, especialmente por denuncias de trabajadores municipales en torno a situaciones de maltrato.
Si bien esos episodios no derivaron en consecuencias institucionales de gran escala, contribuyeron a construir una imagen controvertida del jefe municipal.
En ese contexto, la denuncia de su ex esposa aparece como un golpe más profundo, no solo por su contenido, sino por el origen: el círculo más íntimo del dirigente.
La política no queda al margen
En el mundo de la política, los conflictos personales rara vez quedan encapsulados en el ámbito privado. Mucho menos cuando involucran a un intendente en funciones y cuando se cruzan con temas sensibles como violencia, exposición mediática y posibles derivaciones judiciales.
Puertas adentro, incluso en su propio espacio, reconocen que se trata de un episodio que no estaba en los planes. “No lo esperaba”, deslizan en su entorno, reflejando el impacto interno que generó la denuncia.
Al mismo tiempo, el caso abre interrogantes sobre el futuro político del intendente, en un momento donde su figura ya venía siendo discutida.
Un culebrón con final abierto
El conflicto entre Santacroce y Hoffmann recién comienza a transitar su camino judicial, pero ya se convirtió en un tema político.
Por un lado, la necesidad de preservar a la familia y a los hijos en común. Por otro, la imposibilidad de evitar que el caso impacte en la gestión y en la construcción de poder.
En el medio, un dirigente que deberá administrar no solo una crisis personal, sino también sus consecuencias públicas.
Porque en política, muchas veces, lo privado termina siendo profundamente político. Y en este caso, todo indica que el desenlace todavía está lejos de escribirse.



