Industria y pymes en alerta: la recesión golpea al corazón productivo santafesino

Empresarios advierten caída del consumo, cierre de fábricas y pérdida de empleo. Comercio e industria coinciden en que el modelo actual profundiza la crisis.

La preocupación dejó de ser un diagnóstico aislado para convertirse en una advertencia pública. Representantes de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y de la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe) se reunieron en Rosario para analizar el impacto de la caída de la actividad económica y las políticas nacionales sobre el entramado productivo. El mensaje fue claro: la recesión golpea con fuerza, el consumo no repunta y el sector empresario entra en estado de alerta.

El encuentro, realizado en la sede de la Asociación Empresaria de Rosario, dejó una fotografía compartida entre comercio e industria: no hay antagonismo, hay interdependencia. Y cuando una pieza se resiente, el efecto dominó alcanza a toda la economía regional.

Caída del consumo y ventas en retroceso

El presidente de CAME y titular de la Asociación Empresaria de Rosario, Ricardo Diab, describió un escenario de ventas en baja sostenida y sin señales claras de recuperación en el corto plazo.

“Venimos con volúmenes negativos y no vemos hacia adelante motivaciones de que esta tendencia vaya a cambiar”, expresó. A esa preocupación sumó la falta de incentivos para el desarrollo industrial y la apertura de importaciones como factores que agravan la situación.

El comercio minorista depende directamente del salario de los trabajadores industriales. Si la industria pierde empleo o reduce actividad, el consumo cae y el circuito económico se contrae aún más. “Si la industria no mejora, nosotros tampoco”, sintetizó el dirigente pyme.

Los datos acompañan el diagnóstico: las ventas minoristas cerraron el último semestre de 2025 con caídas interanuales constantes y seis de siete rubros en baja hacia diciembre. En enero, la producción industrial pyme retrocedió 7,3% interanual y la capacidad instalada se ubicó en torno al 61%.

Apertura económica y riesgo para el entramado local

Desde Fisfe, su presidente Javier Martín advirtió que una apertura económica sin reformas estructurales puede profundizar el deterioro del empleo. El país necesita ganar eficiencia, pero con un esquema que promueva valor agregado y no derive en una economía primarizada.

El planteo no es abstracto. Entre fines de 2023 y octubre de 2025 cerraron alrededor de 300 industrias en Santa Fe y se perdieron unos 8.000 puestos de trabajo. La producción manufacturera provincial cayó 9,8% interanual y más de dos tercios de las ramas industriales registraron retrocesos.

Los sectores de indumentaria, textil y calzado aparecen entre los más afectados, especialmente cuando el consumo se retrae hacia lo estrictamente indispensable. A esto se suman incrementos de costos operativos —energía, insumos, financiamiento— y mayores dificultades para renovar equipamiento.

En algunas regiones de la provincia, donde la economía es monotemática, el impacto es aún más severo. Santa Fe es multiproductiva, pero el cierre de plantas en determinadas localidades genera efectos sociales y laborales difíciles de absorber.

“Supervivencia empresarial”

Uno de los puntos más reiterados durante el encuentro fue la necesidad de trabajar en conjunto. Comercio e industria coincidieron en que el modelo actual afecta a ambos sectores y que nadie puede sostenerse de manera aislada.

“Estamos en una situación de supervivencia de empresas y comercios”, expresó Diab. La advertencia no apunta solo a la coyuntura, sino al rumbo estructural. Según plantearon, si el país no promueve el agregado de valor y el desarrollo industrial, el riesgo es consolidar un esquema económico centrado en la exportación primaria, con menor empleo y menor dinamismo interno.

La apertura de importaciones también genera tensiones dentro del propio sector. Algunos comerciantes reconocen que para competir recurren a productos del exterior, pero advierten que si esa lógica se generaliza, muchas industrias locales no podrán sostenerse.

Reformas y financiamiento, en el centro del reclamo

Las entidades empresarias coincidieron en que el escenario exige medidas concretas: reformas impositivas que alivien la presión fiscal, mejoras logísticas, acceso al crédito en condiciones razonables y una política industrial que acompañe la transición.

El estado de alerta no es una consigna retórica. En la región ya se registran cierres de fábricas, procedimientos preventivos de crisis y concursos. Cada unidad productiva que baja la persiana impacta no solo en el empleo directo, sino en proveedores, comercios y servicios asociados.

La preocupación atraviesa a todo el entramado pyme santafesino. El desafío es revertir el círculo recesivo antes de que el deterioro sea más profundo. Porque cuando la industria se frena, el comercio se resiente. Y cuando ambos caen, la economía regional pierde uno de sus principales motores.

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