Pullaro, y una apuesta que rompe tradiciones: el rosarino quiere rosarino

El posible impulso nombre de un hombre de su riñón abre interrogantes en la política local, donde la historia electoral muestra una preferencia persistente por intendentes rosarinos. Además esta estrategia empieza a circular en un escenario atravesado por internas partidarias, equilibrios de coalición y el peso histórico del voto urbano.

En el inicio del año político, cuando todavía faltan definiciones formales pero sobran conversaciones reservadas, en el radicalismo oficialista empieza a delinearse uno de los debates más sensibles hacia 2027: quién competirá por la intendencia de Rosario. La ciudad más poblada de Santa Fe, la que concentra el mayor caudal electoral y la que históricamente suele condicionar cualquier estrategia provincial, vuelve a ubicarse en el centro del tablero.

En ese marco, dentro del radicalismo comienza a tomar fuerza una hipótesis que, de confirmarse, abriría múltiples lecturas políticas. El gobernador Maximiliano Pullaro tendría como idea impulsar a un dirigente de su máxima confianza para disputar el Palacio de los Leones. Se trata de Gustavo Puccini, actual ministro de Desarrollo Productivo, un funcionario con perfil técnico, trayectoria en la gestión y estrecha relación personal con el mandatario provincial.

El dato que introduce ruido en la discusión no es su pertenencia política ni su rol en el gabinete, sino su origen: Puccini nació en Labordeboy, una pequeña localidad del departamento General López. Un pueblo del sur santafesino que apenas supera el millar de habitantes y cuya población, incluso, mostró retrocesos en los últimos relevamientos censales.

Rosario y la tradición del “voto local”

La eventual proyección de Puccini instala un factor que nunca resulta menor en la política rosarina: la identidad territorial. Si hay un rasgo que suele repetirse en la historia institucional de la ciudad es la preferencia por dirigentes nacidos o construidos políticamente en Rosario. Intendentes, liderazgos ejecutivos y figuras de peso local, en su enorme mayoría, surgieron del propio entramado urbano.

Las excepciones existieron, pero siempre fueron contadas y, en general, atravesadas por contextos políticos muy particulares. Por eso, la posibilidad de que el sector pullarista impulse a un candidato que no sea rosarino de nacimiento, aunque resida y haya desarrollado gran parte de su carrera en la ciudad, reabre una discusión conocida: cuánto pesa el “ADN rosarino” a la hora del voto.

Puccini, entre la gestión y la construcción territorial

Desde el entorno del ministro remarcan que su vínculo con Rosario no es circunstancial. Se instaló en la ciudad en su juventud, cursó sus estudios universitarios en la UNR y desarrolló buena parte de su vida profesional en ámbitos privados y públicos con base urbana. Vive en Rosario, trabaja en Rosario y forma parte del núcleo más cercano del gobernador desde hace décadas.

Puccini integra el riñón político de Pullaro. Compartieron militancia, recorridos partidarios y hoy comparten gestión. Dentro del gabinete es considerado uno de los ministros con mayor protagonismo en la articulación con el sector productivo, empresarial e industrial, áreas estratégicas para la narrativa oficial del gobierno provincial.

Sin embargo, más allá del perfil de gestión, su instalación electoral en Rosario representa un desafío distinto. La ciudad no sólo demanda conocimiento técnico, sino también anclaje territorial, visibilidad barrial y capital político construido en la dinámica local.

La tensión interna en el radicalismo rosarino

La hipótesis Puccini también introduce un elemento delicado dentro del propio radicalismo. Rosario cuenta con dirigentes de larga trayectoria, figuras con alto nivel de conocimiento y años de construcción política en el territorio.

Algunos de los nombres más reconocidos —como María Eugenia Schmuck, Martín Rosúa o Jorge Boasso— no responden orgánicamente al sector pullarista. Otros, aun alineados con el gobernador, aparecen condicionados por variables institucionales o estratégicas, como José Goity o el propio Damián Pullaro.

En ese contexto, la eventual decisión de proyectar a un dirigente del gabinete provincial, por fuera del lote tradicional de la política rosarina, podría recalibrar equilibrios internos y reordenar alianzas dentro de Unidos.

Unidos y una disputa que promete ser amplia

La carrera hacia 2027, lejos de perfilarse como un trámite, asoma como una de las internas más competitivas del frente oficialista. El socialismo observa con atención el escenario y mantiene figuras de peso propio, con Clara García y Joaquín Blanco como referencias inevitables. Por qué no sumar a Federico Lifschitz, si los Socialistas terminan de aceptarlo. 

El PRO, por su parte, conserva dirigentes con fuerte presencia electoral en Rosario, donde Anita Martínez aparece de manera recurrente en cada discusión sucesoria. Miguel Tessandori, hoy integrado a la gestión municipal, también figura entre los nombres que podrían disputar protagonismo.

El espacio político del intendente Javkin tampoco carece de aspirantes. Ciro Seisas, Sebastián Chale y Carolina Labayru integran el lote de dirigentes que orbitan en la conversación pública y partidaria.

Una oposición con nombres instalados

En paralelo, la oposición también proyecta candidaturas con anclaje urbano. Juan Monteverde y Marcelo Lewandowski concentran miradas dentro del peronismo, mientras que La Libertad Avanza apuesta a la consolidación de Juan Pedro Aleart como figura competitiva en la ciudad.

Como ocurre en cada ciclo electoral, tampoco se descarta la irrupción de un outsider, un fenómeno que Rosario ya experimentó en distintos momentos de su historia política.

El factor rosarino, una incógnita abierta

En definitiva, más allá de los nombres que comienzan a circular, hay una variable que sobrevuela todas las especulaciones: el comportamiento del electorado rosarino.

La ciudad suele mostrar patrones propios, decisiones muchas veces desvinculadas de la lógica provincial y una marcada valoración de liderazgos locales. La pregunta, entonces, queda planteada: ¿pesará más la gestión, la alineación política o la identidad territorial?

Si algo repite la historia rosarina es una tendencia persistente: cuando llega el momento de elegir quién gobierna la ciudad, Rosario suele inclinarse por un rosarino. Si esa lógica se mantendrá intacta o si el Radicalismo logrará reescribirla, será una de las claves del próximo proceso electoral.

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