El concejal del Frente Amplio por la Soberanía Leonardo Caruana pasó por Democráticamente, el programa que conduce Juan Francisco por AGOFA TV, y dejó definiciones sobre los Juegos Suramericanos, las prioridades de inversión en Rosario, seguridad y desigualdad, la forma de construcción política del oficialismo municipal, vivienda, alimentación y salud pública. También habló de su futuro político y no descartó participar de la discusión por la Intendencia: “Vamos a trabajar para un desafío de ciudad”.
—¿Cómo estás viviendo los Juegos Suramericanos y qué lectura hacés de un evento de semejante magnitud para Rosario?
Es un evento importante. No voy a negar la jerarquía y la importancia de que venga gente de afuera, que la hotelería y los trabajadores relacionados con el turismo puedan tener trabajo. Creo que es importante, como lo fue en su momento el Congreso de la Lengua. Pero hay que tener una mirada equilibrada. Una cosa es un evento importante, que hay que jerarquizar, y otra es no retomar la escucha de los vecinos que están diciendo cosas en los barrios sobre necesidades y problemáticas que se agregaron a las del consumo: endeudamiento, “casinitos” e indicadores sociales complejos. Cuando el Estado quiere, puede hacer grandes infraestructuras que van a quedar para la ciudad, y eso es muy bueno. Pero la semana pasada estuvimos en los 75 años del Jardín Provincial Merceditas y tiene cinco baños para más de 200 chicos, con problemas estructurales. Hay que encontrar ese equilibrio.
—Entonces, ¿la discusión no debería ser Juegos sí o Juegos no, sino cómo se distribuyen las prioridades y los recursos?
Exactamente. Cuando uno habla de equidad, hablamos de ofrecer más al que más necesita. Es un evento que tuvo una dimensión cultural, que es lindo y que no hay que contraponer, pero hay que encontrar un equilibrio con las cosas que están pasando en la ciudad. La Pastoral y Cáritas dicen que triplicaron la asistencia y que hay jubilados que van a buscar alimentos y les da vergüenza hacerlo el mismo día que va la gente que habitualmente concurre. También tenemos una población en situación de calle sobre la cual todas las semanas se dice un número distinto porque no conocemos realmente su dimensión. Hace diez años era una problemática concentrada en el distrito Centro y en invierno; hoy está en toda la ciudad y durante todo el año. Algo nos están diciendo esas realidades.
La ciudad de los grandes eventos y la ciudad que continúa reclamando
Caruana evita caer en una oposición simplista entre la inversión destinada a los Juegos y las necesidades sociales. Su planteo apunta a otra cuestión: qué capacidad tiene el Estado de atender simultáneamente ambas dimensiones. Para el concejal, la infraestructura construida representa un patrimonio positivo para Rosario y los eventos internacionales producen actividad económica, turismo y visibilidad, pero esa fotografía no debería utilizarse para interpretar que los problemas estructurales de la ciudad están solucionados. El contraste que propone es concreto: mientras Rosario demuestra capacidad para desarrollar infraestructura de escala internacional, continúan existiendo escuelas con graves deficiencias edilicias, familias con problemas alimentarios, personas en situación de calle y barrios que reclaman intervenciones frente a la desigualdad y las consecuencias sociales de la crisis.
—También cuestionaste la idea comunicacional de que Rosario ya tiene resuelto el problema de la seguridad. ¿Cómo analizás la situación actual?
Hay indicadores objetivos que tienen que ver con la violencia letal que no vamos a desconocer. No quiero hacer de cada tema solamente una disputa electoral. Hay indicadores claros, pero existen otros vinculados con el consumo a edades cada vez más tempranas y situaciones que están pasando en los barrios y tienen que ver con la inseguridad. También están las microviolencias y otras formas de violencia que hace diez años no se veían y hoy están apareciendo. Creo que se tomó comunicacionalmente desde una lógica que reduce todo a una dimensión más autoritaria de la construcción política.
—¿Esa crítica la vinculás con la campaña “Respeto y punto” del Municipio?
Sí. Cuando veo esa imagen con personas y globitos de diálogo y adentro dice “Respeto y punto”, para mí habla de alguien que decide cómo los otros hacen las cosas. Esta ciudad tuvo un Consejo Económico y Social donde se encontraban empresarios, vecinalistas, la Iglesia, distintos credos, salud, desarrollo social y comedores para sentarse en una mesa a discutir. No era “Respeto y punto”. “Respeto y punto” es: yo decido, yo hago y ustedes escuchan. Esa es una forma de construcción compleja porque nosotros creemos que para acceder a derechos también es necesaria la participación en los procesos. Después nos asombramos cuando gran parte de la población no va a votar o no se siente parte de un proyecto político.
La crítica a una forma de ejercer el poder
La diferencia que plantea Caruana con la administración municipal excede una campaña publicitaria. El concejal, que durante años integró el Frente Progresista y ocupó responsabilidades ejecutivas en el sistema de salud rosarino, considera que Rosario fue perdiendo espacios de participación que anteriormente formaban parte de su identidad institucional. Menciona el presupuesto participativo, las asambleas distritales y los consejos sectoriales como experiencias que fueron perdiendo peso frente a una lógica más vertical en la toma de decisiones. Su crítica apunta también a proyectos que, según su interpretación, llegan definidos desde el Ejecutivo antes de atravesar verdaderos procesos participativos.
—¿También encontrás acuerdos políticos en el Concejo que terminan bloqueando iniciativas o pedidos de informes de la oposición?
Hay acuerdos y alianzas que llaman la atención en algunas cuestiones. Creo que estamos atravesando un momento de la política general donde lo que uno dice o propone termina siendo leído solamente como una disputa electoral: estamos todos ubicados en bandos diferentes y así no se puede avanzar. Por ejemplo, propusimos realizar un censo de personas en situación de calle junto con organizaciones sociales, la Universidad y la Facultad de Ciencias Económicas para conocer realmente el problema del sinhogarismo, y el oficialismo se opuso. Nosotros no queremos descalificar el trabajo de los equipos municipales; queremos complementarlo. Nación dice que existen unas 400 personas en situación de calle y las organizaciones hablan de más de 2.000. Para diseñar políticas sanitarias primero hay que saber realmente cuál es la dimensión del problema.
—Dentro de tus proyectos aparece una propuesta de alquiler social. ¿Qué planteás concretamente?
Sabemos que sectores medios y populares no llegan a alquilar y que el boom inmobiliario, con nuevos edificios y departamentos, no está resolviendo el problema del acceso a la vivienda. Vimos una oportunidad en un edificio de 27 departamentos decomisado por el delito y tomado por la Provincia. Propusimos que el Estado lo regule ordenadamente, con contratos, y lo convierta en una experiencia piloto de alquiler social donde una familia destine menos del 30% de sus ingresos y el valor no quede definido exclusivamente por el mercado. No es algo que inventamos una noche: estudiamos experiencias de Uruguay, Ámsterdam, Viena y Londres. Las ciudades pueden involucrarse en el problema de la vivienda. Hace décadas Rosario decidió involucrarse en la salud pública y hoy tiene, por ejemplo, el CEMAR. Proponemos empezar a involucrarnos también en vivienda.
Alquiler social: utilizar patrimonio estatal para intervenir sobre el acceso a la vivienda
La propuesta representa otra diferencia conceptual con el modelo que Caruana cuestiona. Frente a una expansión inmobiliaria que no necesariamente garantiza acceso a la vivienda para sectores cuyos ingresos quedaron rezagados, propone que el Estado utilice determinados inmuebles ociosos o recuperados para generar alternativas por fuera del mercado tradicional. La iniciativa sobre los 27 departamentos sería una prueba piloto, con derechos y obligaciones para sus beneficiarios, contratos y un límite relacionado con los ingresos familiares. Si la experiencia funcionara, plantea estudiar otros mecanismos, incluyendo modelos cooperativos utilizados en ciudades uruguayas.
—Otro de los temas que venís trabajando es soberanía alimentaria. ¿Qué significa concretamente cuando crece la demanda de asistencia?
La mirada integral de la salud no tiene que ver solamente con organizar hospitales y centros de salud. Cuando hablamos de las grandes determinaciones sobre cómo enferma y muere una población, muchas de esas causas están afuera del sector sanitario y una de ellas es la alimentación. Podemos seguir construyendo hospitales y camas de terapia intensiva para hipertensión y diabetes, pero si los niños, además de no comer suficientemente, comen hidratos de carbono y alimentos ultraprocesados, también estamos definiendo que un sector de la población se enferme más joven y después necesite utilizar mucho más el sistema de salud. Por eso nuestra propuesta de soberanía alimentaria busca garantizar los planes alimentarios, pero también discutir qué se come.
—¿Cómo se llevaría esa idea a una política concreta?
Hay muchas organizaciones sociales trabajando con huertas, agroecología y reducción de ultraprocesados. Hay que incorporar otras lógicas a los planes alimentarios: frutas, verduras y alimentos producidos cerca de donde vive la gente. Nuestra ordenanza fue trabajada con las organizaciones y tomó también la experiencia de la Ley de Etiquetado Frontal. Nosotros creemos que el alimento es un derecho. No puede ser solamente un privilegio de un sector medio o alto que puede ir a una dietética. Hay que discutir políticas locales, provinciales y nacionales para incorporar alimentos con menos sal, menos azúcar y menos conservantes. Y eso también necesita presupuesto.
Comer también es una política sanitaria
La propuesta de soberanía alimentaria parte de una definición que atraviesa buena parte de la mirada política del exsecretario de Salud: prevenir una enfermedad puede comenzar mucho antes de ingresar a un centro sanitario. Por eso plantea vincular las políticas alimentarias con producción de cercanía, agroecología, capacitación de quienes trabajan en comedores y participación de las organizaciones territoriales. Para Caruana, no alcanza con garantizar una cantidad de comida; también hay que discutir su calidad nutricional y proporcionar recursos suficientes para que esa transformación sea posible.
—Venís de participar de un Congreso Federal de Salud y estás impulsando una jornada pública en Rosario. ¿Qué discusión querés abrir?
Participé del Congreso Federal de Salud en La Plata, donde distintos referentes sanitarios discutieron un sistema integrado a nivel nacional. Nosotros creemos que no se puede separar la discusión de la ciudad o de la provincia de una discusión nacional sobre qué sistema de salud queremos. Es una deuda pendiente, incluso de los gobiernos progresistas, que no pudieron hacer las transformaciones necesarias para integrar los sistemas. Con la reforma de la Constitución provincial, la autonomía municipal y el proceso estatuyente que tendremos el año próximo, proponemos discutir qué sistema de salud imaginamos para los próximos 20 años. La jornada fue votada por unanimidad y será el 29 de septiembre.
—¿Coincidís con la propuesta de que Provincia tenga una participación mayor en el financiamiento de la salud pública rosarina?
Es necesario discutir el sistema de salud. No me parece que el camino para comenzar esa discusión sea solamente el financiamiento. Hay que discutir la ley de salud, la integración de los sistemas y, por supuesto, un financiamiento diferente a las recetas por producción y gerenciamiento. Tenemos que encontrar una forma para que Provincia siga haciéndose cargo de parte de la salud sin que Rosario pierda autonomía sobre la gestión de su sistema. Rosario está dentro de Santa Fe y tenemos que pensar una salud donde vivir de un lado u otro de una circunvalación no determine el derecho a acceder al mejor servicio disponible para determinado problema.
Salud pública: integrar sin resignar la autonomía de Rosario
Caruana plantea una discusión que va más allá de determinar quién pone el dinero. Su propuesta consiste en avanzar hacia una mayor integración entre los sistemas municipal y provincial, evitando que funcionen como estructuras que compiten dentro de una misma ciudad, pero preservando la autonomía sanitaria rosarina. También reclama recuperar un rol rector del Estado nacional frente a un sistema que considera excesivamente fragmentado entre Nación, provincias, municipios, obras sociales y prestadores privados. La jornada prevista para el 29 de septiembre pretende justamente reunir a los distintos actores para comenzar a discutir un horizonte sanitario de largo plazo.
—¿Qué pasa si te dicen que tenés que ser candidato a intendente de Rosario?
Cuando asumimos en 2023, la definición fue estar en un espacio legislativo de manera transitoria. Yo estuve casi once años como secretario y tres años como subsecretario. Creemos que tenemos un proyecto de ciudad diferente al sector local y provincial y siempre vamos a trabajar para construirlo. Hoy la discusión pasa por seguir estudiando y analizando los problemas de movilidad, vivienda, alimentación y salud, pero nos interesa un desafío de ciudad, ser parte de esa discusión, recuperar procesos históricos, la participación y construir ámbitos de mayor igualdad.
—¿Eso requiere construir un frente político más amplio? ¿Y podemos decir que Leonardo Caruana puede ser candidato o precandidato a intendente?
Estamos discutiéndolo dentro del Frente Amplio por la Soberanía. Cuando decidimos formar parte de un interbloque avanzamos en acuerdos, aunque también tenemos miradas diferentes porque venimos de distintas experiencias. En estos meses nuestra definición es seguir fortaleciendo y haciendo crecer nuestro espacio político y después veremos si son posibles acuerdos para un frente mayor. Tenemos amplias coincidencias con otros sectores, pero también límites. La discusión de la Intendencia será en diciembre. Vamos a trabajar para un desafío de ciudad. Soy una persona que construye con muchos equipos y nos interesa estar en las transformaciones. Después veremos cómo se dan las discusiones.
Diciembre, la fecha que Caruana eligió para hablar de 2027
Caruana no anunció una candidatura, pero tampoco cerró la puerta. Frente a la pregunta directa sobre una eventual postulación a intendente, colocó diciembre como momento para comenzar a discutir nombres y dejó una definición política: su espacio pretende construir un proyecto de ciudad y participar de la disputa por las transformaciones que considera necesarias.
El Frente Amplio por la Soberanía deberá resolver además hasta dónde ampliar sus acuerdos electorales. Caruana reconoció coincidencias con otros sectores que actualmente comparten espacios legislativos, aunque remarcó que existen diferencias y límites políticos. Su prioridad inmediata, aseguró, será fortalecer su propia fuerza y continuar construyendo equipos antes de resolver candidaturas.
La entrevista dejó así una fotografía bastante más amplia que la discusión electoral. Desde el contraste entre los Juegos Suramericanos y las necesidades de los barrios hasta el alquiler social, la soberanía alimentaria y la integración del sistema sanitario, Caruana buscó presentar una idea de ciudad asentada sobre una misma definición: recuperar la participación política y colocar al Estado allí donde entiende que el mercado o las respuestas actuales no alcanzan.
La candidatura podrá esperar hasta diciembre. El concejal, al menos, ya comenzó a discutir el proyecto de ciudad con el que pretende llegar a esa conversación.


