Di Santo puso bajo la lupa el “modelo Las Rosas”: “La gestión de Meyer entró en una meseta”

econoció el crecimiento en obras e infraestructura, pero advirtió sobre el estancamiento poblacional, la salida de jóvenes y las nuevas dificultades sociales. Además, reclamó mayor acceso a la información pública.

El concejal de Las Rosas Marcos Di Santo pasó por Democráticamente, el programa que conduce Juan Francisco por AGOFA TV, y trazó un diagnóstico sobre la situación social y económica de una ciudad históricamente vinculada al campo y a la industria metalmecánica. Reconoció las obras realizadas durante la gestión de Javier Meyer, pero planteó interrogantes sobre el estancamiento poblacional, la salida de los jóvenes y el acceso a la información pública. También habló de su experiencia al frente del SAMCo, defendió una construcción política que supere las diferencias partidarias y utilizó el rechazo a una estatua de Leonardo Ponzio como ejemplo de una confrontación que, según sostiene, termina perjudicando iniciativas de los propios vecinos.

—Para quienes no conocen la realidad de Las Rosas, ¿cómo está hoy la ciudad?

Las Rosas es cabecera del departamento Belgrano, tiene entre 13.000 y 15.000 habitantes y una particularidad productiva muy fuerte por la industria metalmecánica, el campo y el agro. Hay situaciones que antes no eran comunes para nosotros y que ahora empezamos a ver. Personas buscando algo para comer en los contenedores, familias con dificultades para acceder a la salud o para llevar un plato de comida a la mesa. Hoy tenemos en nuestro centro de salud alrededor de un 70% de personas no mutualizadas y no son solamente familias bajo la línea de pobreza: también vemos trabajadores y sectores medios que dejaron de tener obra social.

—¿Cuánto impactó la caída de la actividad económica en una ciudad acostumbrada a tener altos niveles de empleo?

Esa variable nos afectó. Las empresas se han sostenido como pudieron; algunas dejaron sin actividad determinados sectores y trabajadores quedaron en sus casas esperando que aumente nuevamente el trabajo. Eso afecta a toda la comunidad porque deja de circular el dinero del trabajador, del cuentapropista y de la clase media que después genera actividad en pequeños comercios y empresas. También se empieza a dejar de pagar el club, aparecen dificultades para comprar materiales escolares o un par de botines para un chico. Tenemos que estar cerca de quienes hoy no tienen resueltas la educación, la salud o la alimentación. Esa es la urgencia.

Una realidad social que Las Rosas no estaba acostumbrada a mirar

El diagnóstico de Di Santo describe un cambio significativo para una localidad inserta en una de las regiones productivas de Santa Fe. El concejal no plantea un escenario de paralización completa de la actividad industrial, pero sí advierte sobre las consecuencias de una economía que perdió dinamismo: sectores productivos con menor actividad, trabajadores con menos ingresos disponibles, comercios afectados y familias que comienzan a recortar gastos que anteriormente podían sostener. El impacto termina apareciendo en lugares que funcionan como verdaderos termómetros sociales, desde los clubes y las escuelas hasta el sistema público de salud.

El dato que Di Santo aporta desde su experiencia en el SAMCo resulta particularmente relevante: alrededor del 70% de quienes recurren al centro de salud no posee cobertura mutual. Según explicó, el fenómeno ya no involucra exclusivamente a los sectores de menores ingresos, sino también a familias trabajadoras que dejaron de sostener una obra social y terminaron trasladando su atención hacia el sistema público.

—Javier Meyer presenta hacia afuera a Las Rosas como un modelo de gestión. Vos sos opositor, ¿cómo evaluás su administración?

Es verdad que hacia afuera puede interpretarse como si Las Rosas fuera un mundo aparte. Es una ciudad que ha crecido mucho en obras e infraestructura y eso no se puede negar; uno no puede ser un necio. Pero creo, personalmente, que su gestión entró en una meseta. Hay otras cuestiones que tenemos que empezar a abordar y pensar el desarrollo futuro con herramientas educativas, sanitarias y sociales. No es solamente obra e infraestructura. Nuestra población no creció en los últimos diez años y tenemos que preguntarnos por qué los jóvenes no se quedan en la ciudad para desarrollar un proyecto de vida.

—¿La falta de arraigo de los jóvenes es uno de los principales problemas que ves hacia adelante?

Sí, nos preocupa mucho. Tenemos jóvenes de Las Rosas que fueron a estudiar, se recibieron y hoy son profesionales trabajando en Rosario u otras grandes ciudades. Incluso desde el SAMCo renegamos muchísimo para conseguir profesionales. También tenemos un problema de conectividad: estudiar en Cañada de Gómez o Rosario es difícil por las posibilidades de traslado. Tenemos que generar herramientas para que los jóvenes puedan estudiar, desarrollarse y después volver. Hay experiencias de municipios que hacen seguimiento, generan incentivos o incubadoras para nuevas tecnologías. Nosotros estamos empezando a contactar profesionales jóvenes de Las Rosas que hoy trabajan afuera para preguntarles qué los alejó y qué necesitarían para regresar.

El interrogante que dejan diez años sin crecimiento poblacional

La discusión que propone Di Santo intenta correr el análisis de gestión de una comparación exclusivamente basada en cantidad de cuadras pavimentadas, maquinarias adquiridas o infraestructura construida. Reconoce esos avances durante la administración de Meyer, pero introduce otro indicador: sostiene que la población de Las Rosas lleva más de una década sin crecer y observa dificultades para retener a jóvenes que se marchan a estudiar y posteriormente desarrollan su vida profesional en otros centros urbanos.

Para el concejal, allí aparece uno de los desafíos centrales de la próxima etapa. Mejorar la conectividad, generar oportunidades laborales vinculadas con nuevas actividades, construir incentivos para profesionales y producir información sobre empleo, educación y salud forman parte de una agenda que considera todavía pendiente. “Se hace pavimento, se compra maquinaria, pero no es solamente eso lo que necesita una comunidad”, sintetizó.

—También marcaste diferencias con Meyer respecto de la transparencia. ¿Qué información considerás que falta?

Hay cosas que transparenta y otras que no. El acceso a la información pública no es tan claro. Hace tres años que soy concejal y en algún momento pedí un informe detallado de cuánto cobra cada integrante del gabinete porque son salarios que pagan todos los ciudadanos. Cuando Meyer comenzó tenía determinada cantidad de personas en su gabinete y hoy ese número aumentó. Nunca tuve la respuesta de cuánto gana cada uno. Eso no significa desconocer otras cosas: en las compras de pavimento, por ejemplo, se llama a licitación pública, están los oferentes y nosotros también estamos presentes. En ese aspecto es claro y yo no voy a decir algo que no es.

—Vos presidís actualmente el SAMCo. ¿Cómo encontraste el sistema y qué debería cambiar?

Hoy el SAMCo está dentro de un proyecto de reformas y reestructuración muy interesante impulsado por Provincia. Yo soy concejal peronista y el Gobierno provincial es de otro color político, pero eso no lo discuto. La Ley de SAMCo es de 1967 y hay cuestiones que podrían mejorarse, como la responsabilidad que asumen los integrantes de las comisiones, que participan ad honorem y pueden llegar a tener responsabilidades jurídicas incluso sobre sus propios bienes. Eso desalienta la participación. Pero el sistema, bien utilizado y gestionado, es muy bueno. Permite trabajar con obras sociales y utilizar esos recursos para mejorar la atención de quienes no tienen cobertura.

Transparencia y gestión territorial: las diferencias que Di Santo busca marcar

La posición del concejal frente a Meyer no desconoce los aspectos de la administración municipal que considera positivos. Esa diferenciación atravesó buena parte de la entrevista: reconoció el crecimiento en infraestructura, destacó los procedimientos de licitación en determinadas obras y evitó atribuir diferencias de costos de pavimentación exclusivamente a una mayor o menor eficiencia, al señalar que también dependen del modelo de contratación utilizado por cada municipio. Su cuestionamiento concreto sobre transparencia apunta a otra cuestión: asegura que después de solicitar información sobre la composición y las remuneraciones del gabinete municipal no obtuvo una respuesta detallada.

Di Santo contrapone esa situación con la experiencia que intenta desarrollar al frente del SAMCo. Según explicó, balances, compras y movimientos económicos son compartidos con los integrantes que representan a las instituciones de la ciudad. Su concepción de gestión está asociada además a la presencia territorial: viajar, reclamar, mantener contacto con las autoridades sanitarias y llevar permanentemente las necesidades locales a los ámbitos donde se toman decisiones. Para el concejal, una nueva obra sanitaria es importante, pero no suficiente si al mismo tiempo existen familias que no pueden alimentarse correctamente o pacientes cuyos tratamientos se ven afectados por dificultades económicas.

—Planteás que hay que trabajar más allá de las diferencias partidarias. ¿Sentís que eso no ocurre en el Concejo?

Yo no soy un necio ni un daltónico de la política. Me tengo que sentar con cualquier color político si es para mejorar la vida institucional o ayudar a una familia. No miro el color político de quien tenga las herramientas para dar una solución. Hace tres años que estoy en el Concejo y no me aprobaron ni siquiera una minuta de comunicación. Si alguien dice que es transparente y que tiene todo claro hacia afuera, una minuta debería poder aprobarse, enviarse al Ejecutivo y responderse. Muchos proyectos que llevo tampoco son cosas que se me ocurren solamente a mí: son pedidos que me trasladan vecinos. Cuando no me aprueban un proyecto, muchas veces no se lo están rechazando al concejal sino a un vecino, un barrio o una familia.

—Un ejemplo que llamó la atención fue el rechazo a tu proyecto para instalar una estatua de Leonardo Ponzio en un espacio público. ¿Qué pasó?

Leo Ponzio es familiar de un exintendente que gobernó Las Rosas durante 20 años y entiendo que puede existir una rivalidad política vinculada con ese apellido. Pero estamos hablando de un futbolista que trascendió las fronteras de nuestra ciudad, de la provincia y del país. Mi propuesta era colocar la estatua en un espacio público para que cualquier persona pudiera verla, conocerla y que quien visite Las Rosas sepa que es la ciudad de Leo Ponzio. No me lo aprobaron y decidieron que lo mejor era llevarla a su club. A los vecinos les cayó muy mal. Una estatua también puede transmitir un mensaje a los jóvenes: mostrar que alguien de su ciudad pudo desarrollarse en una disciplina, crecer y trascender. Hay una simbología detrás que va mucho más allá de poner una figura para sacarse una foto.

Ponzio, una estatua y una discusión que terminó hablando de política

El episodio puede parecer menor frente a problemas como empleo, salud o alimentación, pero Di Santo lo utiliza para ejemplificar el clima político que describe dentro del Concejo. Su interpretación es que la relación familiar entre Ponzio y un exintendente pudo haber incidido en la resistencia oficialista a emplazar el reconocimiento en un espacio público. Se trata de la lectura política del propio concejal; la transcripción de la entrevista no contiene la versión de los integrantes del oficialismo sobre las razones de su decisión.

Para Di Santo, la discusión excede incluso al exfutbolista. Su crítica es que la pertenencia partidaria termina condicionando iniciativas que podrían discutirse por su contenido. Esa misma lógica, sostiene, aparece cuando proyectos o pedidos surgidos de demandas vecinales quedan bloqueados por provenir de un concejal opositor. Su planteo es que Las Rosas necesita recuperar capacidad de consenso para discutir una agenda que ya no pasa exclusivamente por infraestructura, sino también por salud, educación, conectividad, alimentación y arraigo juvenil.

—¿Cuáles son tus prioridades políticas para el futuro inmediato de Las Rosas?

Desde el primer día de campaña dije que si llegaba al Concejo iba a trabajar muchísimo por la salud. Es algo que me apasiona y hoy le estoy poniendo todo el cuerpo al SAMCo para que avance y nuestra comunidad tenga una mejor atención. Después hay que continuar trabajando sobre muchas cuestiones de la ciudad, porque participo de clubes, del Centro de Acción Familiar y tengo un conocimiento amplio de lo que ocurre. Me preocupa mucho la conectividad y espero que quien tenga que gobernar Las Rosas pueda tener una mirada más amplia y abarcativa de toda la comunidad, no solamente pensar en obras o infraestructura.

—Si Meyer finalmente busca una construcción provincial y no compite por otra Intendencia, ¿te animarías a disputar la conducción de Las Rosas?

Me animo a todo lo que sea crecer y desarrollarme. Después será una decisión que tendrá que tomar mi espacio político y, obviamente, la comunidad, pero no es algo que no piense. Será una decisión que en un futuro muy corto deberá comenzar a definirse en nuestra ciudad.

Una discusión política que empieza a mirar el futuro de Las Rosas

Di Santo no anunció una candidatura a intendente, aunque tampoco descartó esa posibilidad. Su definición aparece precisamente cuando la política local comienza a preguntarse qué hará Javier Meyer en el próximo turno electoral y cuál será el escenario que se abrirá en Las Rosas. En ese contexto, el concejal dejó en claro que piensa la posibilidad, pero que cualquier decisión deberá surgir tanto de su espacio político como de una construcción que encuentre respaldo en la comunidad.

Más allá de los nombres que finalmente compitan, la entrevista dejó planteada una discusión sobre qué debería significar la próxima etapa de la ciudad. Di Santo reconoce las transformaciones físicas alcanzadas durante los últimos años, pero sostiene que Las Rosas necesita agregar otra dimensión a la agenda pública: recuperar arraigo juvenil, mejorar la conectividad, fortalecer la salud, atender las nuevas dificultades sociales y ampliar la transparencia institucional.

Su diferencia con el actual modelo puede resumirse en una de las frases que repitió durante la entrevista: “No es solamente obras o infraestructura lo que necesita una comunidad”. Para Di Santo, el próximo debate de Las Rosas debería comenzar precisamente allí: en decidir si el crecimiento de una ciudad se mide únicamente por aquello que construye o también por las oportunidades que consigue generar para que su gente pueda quedarse, trabajar y desarrollar allí su proyecto de vida.

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