Miguel Rucco, referente del Observatorio Económico de FECOI, analizó en Democráticamente, el programa que conduce Juan Francisco por AGOFA TV, el complejo escenario que atraviesan los comercios y las pequeñas y medianas empresas de Rosario. Con una caída interanual de las ventas del 7,5% en agosto y un retroceso del 3,5% respecto de julio, advirtió que el problema no puede explicarse solamente por un cambio de hábitos hacia las compras digitales: “No es que la compra fue al online, no hay compra directamente”. Rucco puso el foco en la pérdida del poder adquisitivo, los costos operativos, la presión tributaria, las dificultades para acceder al crédito y la ausencia de políticas específicas para sostener a las pymes. También cuestionó el funcionamiento interno de Unidos, reclamó mayor protagonismo para los partidos que integran la coalición y confirmó que recibió llamados de otros espacios políticos, incluso de La Libertad Avanza.
El centro de Rosario y un cambio que excede a la crisis económica
—Durante años ir al centro de Rosario era un atractivo en sí mismo. ¿Qué cambió?
En el centro se ha perdido un polo de atracción, marcas o algo que traiga mucha gente. También con el comercio online hay personas que ya no se trasladan, los trámites bancarios se hacen online y muchas cosas que antes obligaban a la gente a venir al centro dejaron de hacerlo.
Creo que tenemos que tomar cuenta de esta situación para que los Estados locales incorporen políticas públicas para que la gente se acerque a los centros comerciales y tenga otro tipo de servicios atractivos.
—¿El comercio presencial está condenado frente al crecimiento de las compras digitales?
No. Hay que estar atentos a los cambios de costumbres en el consumo y la comercialización. Es un cambio de paradigma que incluye la tecnología y la inteligencia artificial.
Pero en las grandes ciudades el comercio presencial sigue teniendo gente caminando y comprando. No es que ahora todo se consuma por medios digitales. Se da la convivencia de las dos posibilidades.
Hay gente que sigue eligiendo comprar presencialmente por el asesoramiento, porque puede tocar el producto, por el servicio posventa y por la seguridad.
La transformación del centro rosarino tiene, para Rucco, componentes estructurales que comenzaron antes de la actual recesión. La digitalización de trámites, el comercio electrónico y las nuevas modalidades de consumo redujeron algunos de los motivos tradicionales que llevaban diariamente a miles de personas al área central.
Pero ese cambio, sostiene, no alcanza para explicar el escenario actual. La convivencia entre comercio electrónico y presencial existe en otras grandes ciudades. El desafío para Rosario pasa también por generar políticas que vuelvan a transformar al centro en un lugar atractivo para circular, permanecer y consumir.
“La economía no es un Excel”
—El presidente sostiene que no existe una caída del consumo, sino que parte de las ventas migraron hacia lo digital. ¿Coincidís?
La economía hay que explicarle al Presidente que no es una ciencia exacta, no es un Excel donde ves solamente números. Es una ciencia social que implica individuos que trabajan, que tienen un proyecto, que necesitan llegar a fin de mes y esto no está sucediendo.
Si esta economía excluye a las pymes y a los comercios, que son los grandes generadores de empleo, tenemos un problema. En nuestra ciudad, alrededor del 75% del empleo privado lo generan los comercios y las pymes.
—¿Dónde ves el principal problema del programa económico?
La construcción está parada, el comercio está parado y están fuera de este programa económico los comercios, las pymes, los trabajadores públicos y los privados.
Si este modelo excluye al 70% de la población y solamente están bien un 20% o 30% vinculados a la minería, la energía, Vaca Muerta o los servicios financieros, es muy difícil.
El sistema financiero sigue dándole la espalda al sector productivo. Si no hay crédito para reinvertir, modernizarse o incorporar nuevas tecnologías, va a ser muy difícil salir de esta situación.
Rucco reconoce algunos objetivos del programa económico nacional que considera necesarios, como reducir la inflación y sostener el equilibrio fiscal. Su cuestionamiento apunta a los costos sociales y productivos del camino elegido para conseguirlos.
Desde la mirada del comercio, una macroeconomía más estable pierde parte de su valor si las empresas no venden lo suficiente para afrontar alquileres, salarios, servicios e impuestos.
La paradoja aparece en una frase que Rucco asegura escuchar entre comerciantes: “Qué bien que estábamos cuando estábamos mal”. Con inflación elevada era difícil mantener listas de precios y presupuestos; con estabilidad, el problema pasó a ser que muchas cajas directamente no alcanzan para sostener la estructura.
“Hoy sin ventas no tenemos para hacer frente a gastos básicos”
—¿Qué cambió concretamente para un comerciante?
Antes nos costaba muchísimo mantener un presupuesto, una lista de precios o una página web actualizada por la inflación. Pero hoy sin ventas no tenemos para hacer frente a gastos básicos. Los costos de estructura son cada vez mayores, con quita de subsidios en los servicios que afecta muchísimo a la producción y al empleo.
Hay cosas que no podés postergar: no vas a dejar de pagar el alquiler, la luz porque te la cortan, los sueldos.
—¿Eso explica el cierre de locales?
Sí. En muchos comercios hoy vemos vacancia de locales porque deciden no continuar. No pueden hacer frente a costos de estructura mayores con menores ventas. Es un combo totalmente negativo.
No es fácil bajar una persiana. Tenés obligaciones, rescisión de contratos, indemnizaciones, deudas. Es todo un proyecto de vida truncado.
El cierre de un comercio no comienza el día en que aparece el cartel de alquiler. Generalmente llega después de meses de reducción de márgenes, renegociaciones con proveedores, atraso de impuestos, dificultades para pagar alquileres y búsqueda de financiamiento.
Rucco describió el caso de un comerciante atrasado con el alquiler, pagando intereses y que simultáneamente recibió una intimación por una deuda de TGI mientras debía afrontar los salarios.
“Con la soga al cuello”, fue la expresión utilizada para sintetizar una situación que, según explicó, comienza a repetirse.
Agosto: ventas 7,5% abajo interanual y 3,5% respecto de julio
—¿Con qué frecuencia realizan el relevamiento del Observatorio Económico?
Todos los meses. Lo que pasa es que pierde originalidad el informe porque todos los meses venimos diciendo que hay caídas interanuales.
Tenemos en cuenta la inflación, pero nuestros costos aumentan más: combustible, logística, transporte, energía y alquileres. Muchas veces, cuando viene un aumento de un proveedor, los comercios lo absorbemos. Tenemos menos rentabilidad.
—¿Qué ocurrió específicamente en agosto?
La caída interanual fue del 7,5%. Pero la intermensual es la que asusta. Agosto cayó frente a julio un 3,5%, y eso es lo más alarmante.
Porque si interanualmente tenemos este deterioro y mes a mes seguimos vendiendo menos, ¿qué esperamos para septiembre?, ¿qué esperamos para octubre?
El informe refleja lo que nos dicen los comerciantes. No hay compromiso político, económico ni ideológico: queremos visibilizar lo que está sucediendo en la realidad.
El 3,5% mensual adquiere para Rucco una relevancia especial porque plantea que el piso de actividad todavía podría no haberse encontrado.
El Observatorio intenta separar esos números de las disputas partidarias y presentarlos como una herramienta para la toma de decisiones. El diagnóstico que surge del relevamiento coincide, según Rucco, con una imagen observable recorriendo los corredores comerciales: menos circulación, promociones permanentes y locales vacíos.
“No es que la compra fue al online, no hay compra directamente”
—Se ven promociones prácticamente en todos los negocios. ¿Por qué no alcanzan para recuperar las ventas?
Hay algunos que ponen liquidación total por cierre como estrategia de marketing y ni así consiguen vender como antes.
Hay comerciantes que por desesperación venden con cada vez menos margen, incluso al costo, para hacerse de disponibilidad y poner la cara frente a las obligaciones.
—¿Las ventas que perdió el comercio físico fueron absorbidas por internet?
Nosotros tenemos relevado que tampoco aumentó tanto la venta online. Viene creciendo, pero no significa más que un 20% o 25% del total de las ventas. No es que la compra fue al online, no hay compra directamente.
Si nos transformamos en un país extractivista, sin mano de obra, sin valor agregado, donde vendemos solamente cereal, energía y minería, es un modelo que deja afuera a la mayoría de la gente.
Este es uno de los puntos en los que Rucco confronta más directamente con la explicación nacional sobre el consumo.
Desde los datos que maneja FECOI, sostiene que el comercio electrónico continúa creciendo, pero ese crecimiento no alcanza para compensar la contracción registrada en los establecimientos físicos.
El problema central sería, entonces, la capacidad de compra. Si el ingreso disponible de los consumidores cae, cambiar el canal mediante el cual compran no alcanza para recomponer las ventas.
Presión tributaria y crédito: la “encrucijada” de las pymes
—Además de las políticas nacionales, ¿qué responsabilidad tienen Provincia y Municipalidad?
Hay que ser críticos, pero críticos constructivos. No ponerse solamente en el lugar de la víctima, sino llevar soluciones.
Nosotros presentamos alternativas y proyectos tanto municipales como provinciales y nacionales. Hay que atender al sector productivo.
Si no se revisa la presión tributaria sobre las pymes y los comercios y, además, el sector financiero nos da la espalda con estas tasas de interés, estamos en una encrucijada difícil de resolver.
—¿Considerás que deberían haberse implementado políticas tributarias específicas en este momento?
Sí. Tenemos que estar atentos a las decisiones políticas locales, provinciales y nacionales y entender la situación que están atravesando los comercios.
Hoy se debería haber encarado de otra forma el tema de los tributos locales y provinciales para las pequeñas y medianas empresas.
La matriz tributaria tendría que ser diferente. Un comercio no puede tener la misma presión impositiva y tributaria que una multinacional. Eso es lo que tendría que revisar el Estado en todos los estratos: local, provincial y nacional.
La crítica de Rucco no queda limitada al Gobierno nacional. Aunque identifica en el programa económico de Javier Milei el origen de buena parte de la caída del consumo, reclama que Provincia y Municipalidad desarrollen herramientas para amortiguar sus consecuencias sobre el entramado productivo.
El planteo es que, si los gobiernos locales y provinciales consideran perjudiciales determinados efectos del modelo nacional, cuentan con instrumentos tributarios y políticas de promoción que podrían utilizar para sostener empresas y empleo.
Rucco reclama, particularmente, una estructura impositiva que contemple tamaño, capacidad económica y situación de cada empresa.
“Tenemos estabilidad, la paz de los cementerios”
—Hoy una parte importante de los pagos se realiza con billeteras virtuales. ¿Qué lectura hacés?
El mayor movimiento se está dando con billeteras virtuales. Se termina el efectivo porque no hay plata, no hay disponibilidad, no hay cash flow. La economía ha secado el mercado para sostener baja la inflación.
Ahora tenemos estabilidad, “la paz de los cementerios”, como dicen muchos economistas. Yo no elijo esto. Tenemos que encontrar un punto donde podamos coexistir, sobrevivir y sostener el empleo.
—¿La salida sería regresar al modelo económico anterior?
No queremos volver al pasado, pero tampoco queremos esto. No tenemos que tener una economía totalmente pendular que nos lleve de un extremo al otro y nos obligue a elegir entre el demonio y el diablo. Basta.
La política tiene que hacer un mea culpa. La gente se cansó de la casta, de la corrupción, y tenemos lo que tenemos también por culpa de lo que tuvimos.
Rucco intenta ubicarse fuera de una discusión binaria entre el actual programa libertario y una reivindicación acrítica de las políticas económicas anteriores.
Su diagnóstico es que la sociedad argentina quedó atrapada en movimientos pendulares donde la estabilización de algunas variables suele conseguirse deteriorando otras.
El desafío, sostiene, es construir una alternativa que pueda combinar estabilidad macroeconómica con consumo, producción y empleo.
“Hay una olla a presión”
—¿Ves similitudes entre este momento y la crisis de 2001?
En aquel momento se tocó el bolsillo de la clase media con los plazos fijos y la gente salió. Fue un crack de la economía argentina. Hoy, como decís, hay una olla a presión, pero hay cierta apatía frente a algunas cuestiones.
Incluso hay empresarios que se están fundiendo y siguen sosteniendo que este es el camino. Bueno, puede ser, pero ¿cuáles son las alternativas?
—¿Qué está ocurriendo con los trabajadores que ya no llegan con su ingreso principal?
Está creciendo la informalidad. Hay gente que tiene su trabajo y después sale a hacer Uber, PedidosYa o Rappi para llegar a un ingreso digno y sostener su economía familiar.
Muchos accedieron a préstamos de billeteras virtuales con un simple clic y ahora no pueden pagarlos. Darle la espalda o negar que esto está sucediendo es lo que lamentablemente vemos, incluso con desprecio.
El paralelismo con 2001 aparece con matices. Rucco no sostiene que las condiciones sean idénticas, pero reconoce una acumulación de dificultades económicas que todavía no encontró una expresión social proporcional a su magnitud.
La proliferación de trabajos complementarios y el endeudamiento mediante aplicaciones son, desde su perspectiva, algunas de las formas mediante las cuales las familias intentan postergar ese límite.
Rucco cerró la entrevista conectando los dos planos que atravesaron toda la conversación: economía y política.
Su diagnóstico es que la crisis de los comercios no debería permanecer como una demanda sectorial planteada desde afuera de los lugares donde se toman decisiones. Reclama que comerciantes, empresarios pyme y referentes productivos tengan mayor participación política y puedan llevar sus problemas directamente a las instituciones.
Y en un escenario donde los relevamientos muestran ventas en retroceso, márgenes reducidos, locales que cierran y empresarios endeudados, Rucco sostiene que la discusión dejó de ser exclusivamente económica: se convirtió también en una discusión sobre qué sectores tienen voz dentro de la política y quién está dispuesto a representarlos.


