Palumbo advirtió por la crisis habitacional y pidió recuperar la planificación con los vecinos dentro

La crisis habitacional, la falta de crédito y el crecimiento urbano sin planificación fueron algunos de los ejes que abordó el referente del Colegio de Arquitectos también reclamó recuperar la descentralización y el Presupuesto Participativo en Rosario.

La dificultad cada vez mayor para acceder a una vivienda propia, la ausencia de políticas habitacionales capaces de responder al déficit acumulado, la necesidad de volver a pensar el crecimiento urbano antes de habilitar desarrollos y la pérdida de espacios de participación ciudadana fueron algunos de los ejes que atravesaron la entrevista con Rubén Palumbo, referente del Colegio de Arquitectos de Rosario, durante el programa Democráticamente, que conduce Juan Francisco por AGOFA TV. El arquitecto planteó que Rosario y la provincia atraviesan un momento decisivo para discutir cómo crecerán sus ciudades y sostuvo que planificación, infraestructura y vivienda deben pensarse conjuntamente. También fue especialmente crítico con el deterioro de la descentralización municipal y reivindicó al Presupuesto Participativo como una de las herramientas más transformadoras que tuvo Rosario.

La discusión urbana volvió a ocupar un lugar central en Democráticamente. Esta vez no solamente alrededor de las polémicas por proyectos como el parque acuático o las modificaciones pretendidas en el entorno del Monumento Nacional a la Bandera, sino avanzando sobre un interrogante mucho más estructural: cómo se planifica una ciudad y quiénes participan de esas decisiones.

Palumbo sostuvo que las instituciones profesionales pueden aportar conocimiento técnico, pero remarcó que ningún proyecto urbano debería construirse ignorando a quienes habitan diariamente el territorio.

El acceso a la vivienda, cada vez más lejano

Yo veo, incluso entre los jóvenes, cada vez más difícil la posibilidad de llegar a una vivienda propia. ¿Ustedes estudian y observan esta problemática?

“Sí. Creo que es un déficit que hace mucho tiempo viene dándose. Años atrás había políticas desde el Gobierno nacional para vivienda, diversos programas con diferentes posibilidades de acceso. Muchas veces estaban dirigidos hacia sectores de menores recursos, pero la vivienda oficial era una solución. Siempre estuvo el sector alto que tiene recursos y puede acceder sin problemas y los sectores de menores recursos donde la vivienda podía estar subsidiada, pero en el medio había un montón de alternativas, sistemas de ayuda mutua y fondos destinados a la construcción de viviendas.”

¿Qué ocurre actualmente con esas herramientas?

“Hoy esos fondos a nivel nacional no están. La política de vivienda no es una preocupación para el Gobierno nacional, eso está a la vista, como tampoco la ruta y todo lo que tiene que ver con la obra pública. Me parece que es una enorme deuda. Y estos programas son muy difíciles de construir en el tiempo, pero darlos de baja es un rato y recuperarlos después es una tarea muy difícil.”

La reflexión introduce uno de los problemas centrales del acceso a la vivienda en Argentina: desarmar una política pública puede ser relativamente rápido, mientras reconstruir los instrumentos financieros, administrativos y productivos que permiten sostenerla demanda años.

Pero Palumbo incorporó además un dato particularmente significativo para Rosario. La ciudad construyó una enorme cantidad de viviendas durante los últimos años y, sin embargo, eso no significó necesariamente una reducción del déficit habitacional.

Rosario construyó más de 100 mil viviendas, pero el déficit no desapareció

¿Cómo se explica que se construya tanto y al mismo tiempo siga faltando vivienda?

“En Rosario aumentó la población en menos de 50.000 habitantes y se construyeron más de 100.000 viviendas nuevas, y el déficit de viviendas sigue siendo mayor aún que el que teníamos en 2010. Tenemos una distorsión: la vivienda que se construye, los metros cuadrados que se construyen, no están dirigidos en general a un sector que tiene un problema de acceso a la vivienda.”

¿Programas como Nido alcanzan para comenzar a resolver esa brecha?

“De alguna manera el Plan Nido de la Provincia, combinado con el Gobierno y el Banco Municipal, dio una respuesta. Es una respuesta que está bien, pero que en cantidad no llega a cubrir el déficit enorme que hay.”

El diagnóstico obliga a diferenciar dos fenómenos que muchas veces aparecen mezclados: construcción inmobiliaria y política habitacional no son necesariamente lo mismo.

Una ciudad puede multiplicar sus metros cuadrados construidos y mantener, al mismo tiempo, enormes dificultades de acceso a la vivienda. La pregunta pasa entonces por saber para quién se construye, quién puede comprar y qué alternativas existen para aquellos sectores trabajadores que no califican para un crédito convencional pero tampoco acceden a una vivienda subsidiada.

Procrear y una posibilidad que hoy prácticamente no existe

¿Hubo experiencias nacionales que hayan conseguido llegar a ese sector intermedio?

“El Procrear dio acceso a muchísima gente a la posibilidad de una vivienda. Con mucho esfuerzo y sacrificio se podía hacer una casa y había una posibilidad y una oportunidad de acceso real para muchísima gente. Para la profesión también fue muy importante, porque los colegas jóvenes trabajaron muchísimo. Había muchos créditos y también mucha calidad, con presencia y trabajo profesional.”

¿Cuál es la situación hoy?

“Hoy eso está absolutamente quebrado, cortado. No hay cooperativas de vivienda que puedan acceder. Sinceramente no hay políticas de vivienda y me parece que eso ya no es solamente a nivel nacional. También a nivel provincial hay inversión en vivienda, pero no en la cantidad necesaria como para empezar a pensar que uno puede ir achicando la brecha del déficit.”

Palumbo no planteó que nunca hayan existido políticas provinciales. Por el contrario, recordó experiencias complementarias a programas nacionales y destacó actualmente el Plan Nido. Su cuestionamiento pasa por la escala.

La magnitud de las respuestas disponibles estaría muy lejos de la magnitud del problema.

“Estamos en un enorme problema”

¿Qué ocurre con aquella familia trabajadora que antes podía construir de manera progresiva?

“El que tiene, tiene y sigue construyendo. El que no tiene, en el escalón más bajo, hoy con la realidad económica es imposible. Ni siquiera ese ahorro mínimo que ibas haciendo mes por mes para comprar materiales e ir haciéndote una pieza o una habitación existe. Y después está la falta de crédito.”

¿Eso también explica la importancia que adquirió el alquiler dentro de los ingresos familiares?

“Sí. Los alquileres y la situación en general hacen que pagar el alquiler prácticamente sea un objetivo o una parte enorme del sueldo de aquel que tiene trabajo. Grandes porcentajes se van en el pago de un alquiler. Si hubiera una política de vivienda y posibilidad de acceso a un crédito accesible, creo que habría mucha más gente que se embarcaría en este tipo de cosas. Hoy estamos en un enorme, enorme problema.”

El problema habitacional deja así de limitarse a quien vive en condiciones precarias. También alcanza a sectores medios y trabajadores formales que pueden pagar un alquiler, pero encuentran cada vez más lejana la posibilidad de transformar ese gasto mensual en una inversión destinada a una vivienda propia.

Provincia, municipios y una discusión que debería entrar en la campaña

¿Cuál debería ser entonces el papel de la Provincia?

“Hoy creo que la prioridad en el Gobierno provincial no está fijada en la política de vivienda. Sí puso mucho esfuerzo en el programa Nido, donde hay recursos puestos, pero no es una solución masiva. Hoy la Dirección Provincial de Vivienda tiene planes, pero cuantitativamente hay que pensarlos en relación con el déficit que existe.”

¿Los municipios y comunas también deberían involucrarse?

“Me parece que hay que trabajar en forma mancomunada con los municipios. No pueden estar las comunas o los municipios esperando que les llegue la solución. Hay que ver de qué manera se puede apalancar la ayuda o los recursos de la Provincia con sistemas alternativos, pensando en cooperativas de construcción y proyectos que permitan el acceso. Me parece que esto debería ser un tema para las próximas elecciones. En las últimas elecciones la discusión de las políticas de vivienda no viene siendo un tema.”

Aquí aparece una definición política relevante: la vivienda debería recuperar centralidad electoral.

No solamente como promesa de construcción de determinadas cantidades de unidades, sino como una política articulada entre Nación, Provincia, municipios, comunas, crédito, infraestructura y planificación territorial.

Planificar no es dibujar un mapa

Cuando ustedes hablan de ordenamiento territorial y planificación, ¿qué significa concretamente?

“Ahora hay que discutir una ley de ordenamiento a nivel provincial, es un mandato de la Constitución. Pero después hay que tener la decisión de hacerla y poner los recursos necesarios. No se puede planificar ni hablar de ordenamiento del territorio si no están los recursos disponibles.”

¿Y de qué recursos estamos hablando?

“No es solamente el recurso para poder hacer un loteo. Son los recursos para las obras hidráulicas, para toda la infraestructura que tiene que tener una provincia desde el sur al norte, del este al oeste. Esa infraestructura no es solamente para que la gente pueda vivir: también es para la industria y para el desarrollo.”

Planificar una ciudad, entonces, no significa solamente determinar dónde puede levantarse un edificio o habilitar un loteo.

Significa anticipar dónde vivirán las personas, cómo llegarán hasta allí, qué calles necesitarán, cómo escurrirá el agua, quién recogerá los residuos, dónde estará disponible la energía y qué infraestructura deberá construir el Estado.

El problema de autorizar primero y pensar después

¿Por qué esa planificación es especialmente importante en localidades pequeñas?

“Empiezan los loteos y, si una localidad mejora su conectividad, también empieza a ser más apetecible para vivir. Entonces alguien descubre que tiene terrenos y aparece una inversión para hacer un loteo. Pero en una localidad pequeña construir casas a diez, doce o quince cuadras del centro es un problema, porque después hay que llevar la luz, los servicios, resolver los desagües e ir a recoger la basura.”

Entonces, ¿qué permite concretamente tener un plan?

“Planificar implica saber qué es lo que querés y para dónde vas a ir. Si vos tenés eso, podés ir a pelear para que te hagan un plan de infraestructura, para que te lleven recursos, para pedir viviendas, porque sabés para dónde querés hacer la vivienda y para qué querés hacerla.”

La definición sintetiza buena parte de la entrevista.

La planificación puede parecer una discusión abstracta hasta que se traduce a la vida cotidiana. Una mala decisión urbanística tomada hoy puede convertirse dentro de algunos años en barrios sin transporte, calles inundables, dificultades para acceder a servicios o enormes costos públicos para extender infraestructura hacia lugares donde nunca estuvo previsto hacerlo.

La autonomía municipal tampoco puede significar hacer cualquier cosa

Con la autonomía municipal y los cambios institucionales que se vienen, ¿estamos ante una oportunidad para repensar las ciudades?

“Sí. Antes de diciembre del año que viene hay un mandato constitucional y tiene que salir la ley de ordenamiento territorial. Para nosotros es un momento muy importante. Hay que trabajar con las facultades de Santa Fe y Rosario, con centros de investigación y ampliar muchísimo esa participación porque hay muchas instituciones que trabajan en medio ambiente, hidráulica y otros temas. Hay mucha materia gris y, sobre todo, hay que interactuar con la gente. La opinión de la gente es sumamente importante porque todo esto se hace para mejorarle la vida.”

¿La autonomía puede generar el riesgo de que cada ciudad decida únicamente mirando sus propios límites?

“La autonomía no puede estar por encima del interés colectivo. Pensar el transporte es un ejemplo. Hoy uno pregunta cómo es el transporte en el área metropolitana y sigue siendo deficitario, no termina de resolverse. Para eso no solamente hay que ponerse de acuerdo, sino entender que todos tienen el mismo derecho.”

El desafío será evitar que la autonomía derive en una fragmentación todavía mayor.

Rosario y su área metropolitana constituyen un ejemplo evidente. Vivienda, transporte, ambiente, infraestructura, uso del suelo y servicios públicos atraviesan límites municipales permanentemente.

Por eso, para Palumbo, las ciudades más grandes deberán convivir institucionalmente con localidades pequeñas que también necesitan tener voz en las decisiones metropolitanas.

“Discutir no es pelearse”

¿Cómo deberían construirse esas nuevas reglas?

“Estamos en un momento sensacional, bisagra. Pero aparecen proyectos que los escribe uno, los escribe otro y después termina la puja para ver quién puso más letra. No hay que tener miedo a discutir. A veces parece que discutir es pelearse.”

¿Qué significa discutir en este caso?

“Es consensuar y estar predispuesto a ceder una parte para entre todos buscar cuál es el mejor proyecto. Entender que a lo mejor no sea algo tan mágico o impresionante, pero que nos dé herramientas para mejorar colectivamente. Porque si no, ¿cuál es el beneficio de decir ‘impuse mi proyecto porque tengo los votos’?”

La reflexión conecta directamente con algunas de las controversias urbanísticas recientes de Rosario.

El Colegio de Arquitectos tuvo una intervención pública activa tanto alrededor del proyecto del parque acuático como en la discusión sobre las alturas permitidas en avenida Belgrano y el entorno del Monumento.

Palumbo volvió a defender que las decisiones se construyan desde el inicio con participación y no cuando el proyecto ya está prácticamente definido.

El Colegio de Arquitectos y una responsabilidad que va más allá de firmar planos

El Colegio podría limitarse a controlar el ejercicio profesional. ¿Por qué involucrarse en estas discusiones sobre ciudad?

“Los colegios profesionales creemos que tenemos que ir un poco más allá. Para eso nos hemos formado y hemos tenido la posibilidad de que la universidad pública, gratuita y de excelencia nos haya formado. Entonces hay una responsabilidad no solamente moral, sino que también tiene que estar en la letra de estas cosas.”

¿El conocimiento técnico alcanza para planificar una ciudad?

“No. Durante mucho tiempo creímos que de estas cosas de la ciudad solamente podíamos opinar nosotros y lejos está de eso. Hay cantidad de gente que entiende, sabe y es imprescindible en estos procesos: politólogos, científicos sociales y, fundamentalmente, el vecino, que conoce muchísimo la ciudad y la problemática porque vive en el lugar. A lo mejor no tiene la técnica o las herramientas para verla con mayor profundidad, pero sí tiene claro qué es lo que necesita.”

Y es justamente allí donde la entrevista llegó a otro de sus puntos centrales: la participación ciudadana.

“La descentralización se ha banalizado, se la ha abandonado”

Rosario fue durante décadas presentada nacional e internacionalmente como una experiencia innovadora de descentralización municipal. Los distritos no fueron pensados únicamente como lugares donde realizar trámites, sino como ámbitos desde los cuales acercar la administración a los barrios y construir políticas públicas junto con sus habitantes.

Para Palumbo, buena parte de aquella concepción se perdió.

¿Qué pasó con la descentralización en Rosario?

“La descentralización se la ha banalizado, se la ha abandonado. La descentralización es la herramienta más poderosa para estar cerca de la gente. La Municipalidad creó esos espacios para ser el lugar donde vos te juntás con la gente, donde escuchás a la gente, y hubo experiencias maravillosas.”

¿Cómo funcionaba aquella lógica?

“Vos convocabas a las instituciones, a los vecinos, a las vecinas y discutías con ellos. Esto es lo que nosotros pensamos que sería lo más estructural, pero ¿cuáles son las necesidades de ustedes? En ese ida y vuelta salían los mejores proyectos, se consensuaban las cosas y se firmaban en una carta de coincidencia. Hoy los proyectos se digitan de arriba hacia abajo.”

La crítica es contundente.

El problema, según su mirada, no es solamente que haya disminuido la participación. Es que se modificó la lógica mediante la cual se construyen las decisiones.

Primero se define. Después se comunica. Y finalmente, en algunos casos, se habilita una participación limitada sobre alternativas previamente determinadas.

El Presupuesto Participativo como herramienta para recuperar

¿Y qué lugar debería volver a tener el Presupuesto Participativo?

“En la concepción de la descentralización, el Presupuesto Participativo es la herramienta más transformadora. Vamos a ver qué es lo que queremos, votemos entre todos; no que te doy opciones y vos votás entre lo que te doy.”

La definición deja abierta una discusión que Rosario probablemente deberá afrontar junto con su futura Carta Orgánica.

Si la autonomía permitirá rediseñar parte de la institucionalidad municipal, también puede convertirse en una oportunidad para discutir qué ocurrió con aquellos instrumentos que alguna vez distinguieron al modelo rosarino.

No se trata simplemente de recuperar una marca del pasado. Se trata de preguntarse cuánto poder real tendrán los vecinos en la ciudad autónoma que viene.

Vivienda, planificación y participación: tres discusiones que en realidad son una

La extensa conversación con Palumbo permite unir cuestiones que muchas veces aparecen tratadas por separado.

La crisis habitacional no se resuelve solamente construyendo viviendas. Construir viviendas requiere suelo. El suelo necesita infraestructura. La infraestructura exige planificación. La planificación debe contemplar cómo crecerá una ciudad. Y ese crecimiento afecta directamente a quienes ya viven allí.

Por eso aparece necesariamente la participación ciudadana.

Los datos señalados por Palumbo sobre Rosario son elocuentes: mientras entre los censos la población aumentó menos de 50 mil habitantes y se construyeron más de 100 mil viviendas, el déficit habitacional no disminuyó.

La ciudad construye, pero eso no significa automáticamente que esté resolviendo el acceso a la vivienda. Al mismo tiempo, la autonomía municipal y el mandato constitucional de avanzar con nuevas herramientas de ordenamiento territorial abren una oportunidad para revisar cómo se toman las decisiones urbanas.

Para Palumbo, esa oportunidad debería aprovecharse recuperando algo que Rosario alguna vez tuvo como característica distintiva: planificar con los vecinos adentro y no presentarles las decisiones cuando ya están tomadas.

En ese camino, el Colegio de Arquitectos coloca nuevamente sobre la mesa dos herramientas que parecían haber perdido centralidad en la agenda municipal: la descentralización y el Presupuesto Participativo.

Porque detrás de la discusión técnica sobre alturas, loteos, viviendas, infraestructura o usos del suelo existe una discusión eminentemente política: quién decide cómo será la ciudad en la que vivirán los rosarinos durante las próximas décadas.

 

 

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