Silvia Giacobbe: “La vecinal es el primer lugar donde se desarrolla la democracia”

La referente de La Florida Norte repasó la historia del barrio, habló de la crisis de participación y analizó los principales reclamos de los vecinos: transporte, obras, Parque Acuático y la necesidad de nuevos espacios de cuidado.

Silvia Giacobbe, referente de la Vecinal La Florida Norte, pasó por Democráticamente, el programa que conduce Juan Francisco por AGOFA TV, y realizó un recorrido por la historia, las transformaciones y los principales desafíos de uno de los barrios tradicionales del norte rosarino. Desde los orígenes de La Florida como pueblo en 1889 hasta la discusión por el Parque Acuático, habló sobre la pérdida de participación en las instituciones, las dificultades del transporte público y un proyecto para crear un espacio de cuidado infantil destinado a las familias trabajadoras. También reivindicó la independencia política de las vecinales y reclamó recuperar estos ámbitos como espacios de participación directa de los ciudadanos.

De pueblo independiente a uno de los barrios tradicionales de Rosario

—Silvia, para empezar, ¿por qué Florida Norte? ¿Hay otra vecinal en el barrio?

Sí. En el barrio La Florida hay dos vecinales. Una se llama La Florida y la otra, Florida Norte. La Vecinal La Florida es más antigua que nosotros; nosotros nos fundamos en 1959. No somos un desprendimiento. Lo que sucede es que la jurisdicción de nuestra vecinal fue una de las últimas zonas en urbanizarse. Antes eran todas quintas de cítricos y la urbanización se fue armando de a sectores hasta terminar unificándose.

—¿Dónde estuvo el núcleo original de La Florida y cómo nació el barrio?

El núcleo fundacional estuvo en la plaza Ovidio Lagos, en calle Martín Fierro. Hay que recordar que La Florida no se funda como barrio, se funda como pueblo en 1889. Quien urbanizó el lugar tenía que darle un nombre y, como había tantos jardines y tantas flores, terminó quedando La Florida.

Lamentablemente, con las nuevas urbanizaciones fuimos perdiendo parte de esos jardines porque aparecieron tapiales de dos metros y cambió un poco aquella posibilidad de caminar y observarlos. Pero todavía quedamos muchos vecinos históricos con tapiales bajos y seguimos saludándonos de vereda a vereda durante las tardecitas de verano.

La historia que relata Giacobbe permite entender una característica que todavía distingue a La Florida: su identidad antecede a buena parte de la urbanización contemporánea del norte rosarino. Nacida como pueblo a finales del siglo XIX, la zona fue transformándose progresivamente hasta integrarse plenamente a la ciudad.

Pero esa expansión también modificó su fisonomía. Las antiguas quintas, los jardines abiertos y las viviendas con mayor relación con la calle fueron dando paso a nuevas construcciones y formas de habitar. Para la vecinalista, el desafío consiste también en conservar parte de aquella identidad mientras el barrio continúa transformándose.

“Una vecinal tiende al bien común”

—La Vecinal Florida Norte desarrolla muchas actividades. ¿Cómo definís cuál es verdaderamente la función de una vecinal?

A veces me preguntan cuál es la diferencia entre una vecinal y un club, y yo lo resumo en dos palabras: bien común. Todo lo que se te ocurra que tenga que ver con el bien común es una vecinal.

Es además el primer lugar donde se desarrolla la democracia, porque quien está en una vecinal está elegido por los vecinos. Es el primer espacio que tiene un vecino para desarrollar sus proyectos, plantear inquietudes o realizar reclamos. No somos solamente captadores de reclamos: cualquier vecino que tenga un proyecto que sume al bienestar de la población es bienvenido.

—¿Cómo está actualmente la participación de los vecinos?

Cuesta mucho. Y hablando en general se puede decir que es un problema que atraviesa a muchas instituciones. Hoy quienes más participan suelen ser personas de 50 años para arriba. Cuesta incorporar a los jóvenes.

A veces les decís que vengan a trabajar y preguntan si les pagan. Cuando les explicás que lo hacemos gratis, cambia la mirada. Hoy todo parece estar mercantilizado y el trabajo voluntario y ad honorem parece tener menos valor. Pero no pasa solamente en las vecinales: también ocurre en clubes barriales, cooperadoras escolares, comedores y merenderos. Sostener la participación hoy es difícil.

La crisis de participación que describe Giacobbe excede a Florida Norte. Su diagnóstico apunta a una dificultad general de las organizaciones de la sociedad civil para renovar cuadros y conseguir personas dispuestas a sostener tareas voluntarias durante períodos prolongados.

Para las vecinales, la cuestión tiene una particularidad: son instituciones construidas alrededor de problemas concretos de un territorio. Desde una calle deteriorada hasta la seguridad, el transporte o un proyecto social, funcionan como intermediarias entre vecinos y Estado. La pérdida de participación, por lo tanto, puede debilitar uno de los canales más cercanos que tiene la ciudadanía para intervenir en los asuntos de su propio barrio.

“La vecinal no tiene partido político ni religión”

—¿Cuánto influye también el Estado en esa pérdida de participación? Hubo otras épocas con presupuesto participativo y mayores instancias de discusión barrial.

El presupuesto participativo era una forma de participación, pero no era la única. Hay que tener claro que las vecinales estamos relacionadas con el Estado, pero estamos separadas del Estado. Hay gente que cree que somos empleados municipales y no tenemos nada que ver con eso.

Somos instituciones independientes de cualquier aparato estatal. Por supuesto que trabajamos con el Estado porque hay cosas que no dependen de nosotros. Si un vecino reclama porque el pavimento está roto, tendremos que gestionarlo ante el Estado de turno.

—¿También existe desconfianza porque algunos vecinos vinculan a las instituciones con partidos políticos?

Sí. Algunos creen que las vecinales somos refugios de partidos políticos. Yo siempre digo: la vecinal no tiene partido político ni religión. En la vecinal entran todos.

Cuando alguien entra a mi institución no le pregunto de qué club es, qué partido político tiene o cuál es su ideología. Lo único que le pregunto es qué necesita. Y la única manera de terminar con esos fantasmas es acercándose a las instituciones, participando, preguntando y charlando.

Giacobbe puso como ejemplo una actividad reciente sobre el uso del 911. Pese a que la convocatoria fue difundida en el barrio y acompañada incluso por organismos estatales, solamente participaron cuatro vecinos. Para la dirigente, ese episodio expresa un descreimiento más profundo hacia las instituciones.

Su planteo es inverso a la resignación: frente a la desconfianza, propone fortalecer la participación. “Tenemos que rescatar las instituciones”, sostuvo, y definió al vecinalismo como una forma de vida que necesita compromiso sostenido.

Parque Acuático: un barrio dividido

—Uno de los grandes debates de la zona fue el Parque Acuático. ¿Qué posición tienen los vecinos?

Es un tema muy dividido. Tengo vecinos de La Florida que me dicen: “Qué lindo que hagan el Parque Acuático”. Hay gente que está en contra y hay gente que lo aplaude.

A mí me preguntan por qué la vecinal no toma una decisión. Pero yo represento a los vecinos, no soy los vecinos. Para adoptar una posición debería llamar a una asamblea y preguntar qué quieren. Además, cuando vimos que el tema se convertía en una puja político-partidaria, preferimos mantenernos expectantes.

—¿Y personalmente qué opinión tenés sobre la obra?

La reforma de toda la costanera sí me parece necesaria. Hacía mucho tiempo que no se le daba cariño. Pero al Parque Acuático yo lo vería mejor en un lugar donde no exista tanta accesibilidad a un espacio público con agua.

Que haya un Parque Acuático al lado del río me parece extraño. Ni bueno ni malo, pero quizás esa misma obra en otro lugar se apreciaría más. Y entiendo a quienes viven el río los 365 días del año: para ellos puede sentirse como un cachetazo.

La posición de la vecinal busca diferenciar la necesidad de intervenir sobre la costanera de la conveniencia específica del Parque Acuático. Giacobbe reconoce que no existe una opinión uniforme dentro del propio barrio y evita atribuirle a la institución una postura que los vecinos no definieron colectivamente.

La discusión, sin embargo, abrió otro cuestionamiento: cómo comunicó la Municipalidad un proyecto de semejante impacto para la zona.

“Faltó una buena organización para comunicar”

—¿Faltó discusión con las instituciones antes de avanzar?

Si comparás esta obra con otras realizadas en Rosario, hubo proyectos donde existió una presentación oficial y un acercamiento entre el Estado y las instituciones. Con el Parque Acuático fue diferente.

En vez de convocar a todas las instituciones nos iban llamando de a una. Entonces yo digo que faltó una buena organización para comunicar algo.

Y cuando algo no se comunica abiertamente te queda la pregunta de por qué. Quizás existían buenas intenciones, pero queda ese resquemor. Mi abuela decía: “Yo pregunto; si no tienen nada de malo, me van a contestar”.

El cuestionamiento no está centrado solamente en el resultado final de la obra, sino en el procedimiento. Para una institución que reivindica la participación barrial como principio, la comunicación previa y la posibilidad de discutir los proyectos constituyen parte del proceso.

El episodio expone además una tensión recurrente entre planificación urbana y participación ciudadana: hasta dónde una obra se define desde los equipos técnicos y políticos del Ejecutivo y en qué momento deben incorporarse las instituciones y vecinos directamente afectados.

Transporte: muchas líneas, pero pocas frecuencias

—El transporte suele ser uno de los problemas de los barrios alejados del centro. ¿Cómo está La Florida?

Es un punto sensible. La Florida tiene bastante transporte. Por Rondeau tenemos el 103 y el 143 y, por dentro del barrio, el 153 negro y el 153 rojo.

Uno podría decir que tenemos muchos colectivos, pero la cuestión no es tener mucho transporte, sino la frecuencia. En determinados horarios es difícil. En el 103 y el 143 podés tener entre 30 y 35 minutos entre un coche y otro. Si perdiste uno, tenés que esperar muchísimo.

—¿El problema empeora durante la noche y los fines de semana?

Sí. Para los chicos salir de noche se complica muchísimo y los fines de semana también. A partir de las 10 de la noche prácticamente no tenés transporte. Puede haber frecuencias de una hora o una hora y cuarto.

Además está el problema de las aplicaciones. El “Cuándo Llega” no funciona bien. Yo utilizo bastante Google Maps para ver las frecuencias y también puede tener desfases. Entonces, salir del barrio durante la noche es complicado.

La descripción plantea una diferencia fundamental entre cobertura y calidad del servicio. La existencia de varias líneas no garantiza conectividad suficiente si los tiempos de espera son demasiado extensos o si durante determinadas franjas horarias prácticamente desaparecen las opciones.

A esto se agregan dificultades coyunturales. Giacobbe mencionó las obras de pavimentación de calle Salvador y el desvío del 153 rojo, que en determinados horarios termina dejando pasajeros cerca de Circunvalación. La vecinal viene discutiendo esa situación con las áreas municipales correspondientes porque afecta particularmente a quienes regresan de estudiar o trabajar durante la noche.

Un Centro Cuidar para las familias trabajadoras de La Florida

—También llevaron al Concejo una iniciativa para instalar un Centro Cuidar en el barrio. ¿Qué necesidad buscan resolver?

Hace mucho tiempo que venimos trabajando sobre esto junto con María Inés Hasić Nović, que fue concejala, es vecina y socia de nuestra institución.

En La Florida nos falta un espacio donde las madres puedan dejar a sus hijos al resguardo mientras trabajan. Hoy muchos chicos quedan al cuidado de abuelas, abuelos o tíos porque alguien tiene que cuidarlos y hay familias que no pueden pagar un jardín privado.

El Centro Cuidar más cercano está en Rucci y ni siquiera tenemos una conectividad adecuada en colectivo. Una madre que tiene que ir a trabajar no puede ir hasta Rucci a dejar a su hijo y después volver.

—¿La idea es solamente ofrecer cuidado infantil?

No. Buscamos un lugar donde una mamá pueda quedarse tranquila sabiendo que sus hijos están bien cuidados, pero también queremos realizar talleres para quienes actualmente están a cargo de esos niños, que muchas veces no son los padres.

Queremos trabajar sobre crianza responsable y respetuosa, generar actividades para las madres, yoga para embarazadas y acompañamiento antes, durante y después del nacimiento. La idea es construir un verdadero espacio de cuidado para las familias.

El proyecto comenzó antes de la pandemia, quedó demorado por aquella emergencia y ahora volvió a tomar impulso. Como la sede de la vecinal no dispone de las condiciones edilicias necesarias, apareció una alternativa en un inmueble de la Cooperativa 12 de Octubre.

Según explicó Giacobbe, existe allí un salón amplio que podría dividirse y que ya cuenta con baños y cocina. El concejal Lucas Raspall visitó el lugar mientras continúan las gestiones para determinar la factibilidad del proyecto y, fundamentalmente, cómo podría financiarse.

“La educación es un gasto, pero es una inversión”

—El financiamiento aparece inevitablemente como uno de los obstáculos. ¿Cómo analizás esa discusión?

Hoy todos los Ejecutivos miran el gasto. Y yo siempre digo: la educación es un gasto, pero es una inversión.

Sí, estás gastando, pero estás invirtiendo en capital humano: en quien después va a producir, en quien va a favorecer a la comunidad y en quien puede ayudar a construir una sociedad mejor.

Tenemos que tender a una sociedad más humana.

La definición resume buena parte del espíritu con el que Giacobbe entiende el trabajo vecinal: no solamente como un lugar desde donde reclamar aquello que falta, sino como un ámbito capaz de generar proyectos y reconstruir vínculos comunitarios.

La referente cerró la entrevista con otro concepto que atraviesa la historia de La Florida Norte: las instituciones no deberían encerrarse dentro de sus propias sedes, sino construir redes entre ellas.

Es la misma lógica que sostiene el proyecto del centro de cuidados, las actividades comunitarias y el trabajo cotidiano de una vecinal que nació en 1959 y continúa intentando conservar una práctica que Giacobbe considera esencial: que los vecinos vuelvan a encontrarse, discutir sus problemas y participar directamente de las soluciones.

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