“No hay discusión salarial, hay imposiciones”: salarios por debajo del millón y bronca en el Correo

Los dirigentes del Sindicato de Correo y Telecomunicaciones de Rosario cuestionaron el rumbo de la empresa estatal, pero también reconocieron errores de administraciones anteriores. Reclaman inversión, modernización y un proyecto de largo plazo que permita competir con los operadores privados.

El Sindicato de Correo y Telecomunicaciones de Rosario atraviesa una renovación generacional después de la salida de Walter Palombi de la conducción, pero el recambio llega en uno de los momentos más complejos para los trabajadores del Correo Argentino. Catriel Gentili (Secretario General) y Marcos Marini (Secretario Gremial) analizaron en Democráticamente, programa que conduce Juan Francisco por AGOFA TV, la pérdida de aproximadamente 6.000 puestos de trabajo a nivel nacional desde el comienzo de la gestión de Javier Milei, salarios promedio de entre 800.000 y 900.000 pesos, el deterioro de las condiciones laborales y lo que describieron como un proceso de “desguace” de la empresa estatal. Los nuevos referentes sindicales defendieron la necesidad de modernizar el gremialismo sin abandonar sus históricas reivindicaciones, cuestionaron la falta de una política de Estado para el Correo y plantearon que la salida a la situación económica y laboral será necesariamente política y electoral.

La transición comenzó a planificarse mucho antes de concretarse.

Después de años con Walter Palombi como una de las referencias del sindicalismo rosarino, el Sindicato de Correo y Telecomunicaciones inició una nueva etapa con dirigentes que ya formaban parte de la organización y que fueron preparados para asumir mayores responsabilidades.

No se trata solamente de cambiar nombres. Gentili (Secretario General) y Marini (Secretario Gremial) plantean la renovación como una necesidad del movimiento obrero frente a transformaciones tecnológicas, culturales y laborales que obligan a construir nuevas formas de representación sin abandonar la defensa de los trabajadores.

Una renovación que comenzó hace diez años

Están atravesando un momento de renovación después de muchos años con Walter Palombi, uno de los dirigentes sindicales más consultados y reconocidos de Rosario. ¿Cómo viven esta transición?

“Con Walter venimos trabajando hace varios años. Nosotros estamos acá por un proyecto que él planteó ya hace diez años, una renovación generacional donde él creía y cree que en el sindicalismo se tiene que dar. Le llegó la hora de jubilarse, de tomar su jubilación bien merecida. No es que se jubiló de la actividad: Walter sigue militando en la política de la provincia y en la ciudad de Rosario, es muy consultado y tiene mucha participación política. Seguirá desde otro rol acompañándonos, pero nos dejó la difícil tarea de conducir el sindicato.”

La particularidad es que ustedes ya estaban trabajando dentro del sindicato. No se produce una ruptura abrupta, sino una transición con quienes venían formándose.

“Consideramos que hizo un gran trabajo. Puntualmente, para mí fue mi mentor político y sindical, así que le debo demasiado. Nosotros lo tenemos como una enciclopedia. Más allá de que no lo tengamos en el día a día, creo que tuvo la grandísima decisión de entrenarnos. El recambio en los gremios da la renovación y la sangre nueva que necesita la política de hoy.”

Cambiar dirigentes sin abandonar las luchas

La experiencia que describen plantea una discusión que excede al sindicato del Correo: cómo renovar las conducciones gremiales sin perder experiencia, historia ni capacidad organizativa.

Palombi se retiró de la conducción cotidiana, pero permanece como referencia política y sindical. Los nuevos dirigentes, mientras tanto, asumen con una mirada generacional diferente y frente a fenómenos que años atrás prácticamente no existían en la agenda gremial: digitalización, nuevas modalidades laborales, inteligencia artificial y transformaciones en el mercado logístico.

La renovación, sostienen, no implica abandonar las reivindicaciones históricas. Por el contrario, supone encontrar nuevas herramientas para sostenerlas en un escenario profundamente distinto.

“La responsabilidad más grande es mantener las fuentes laborales”

La renovación también coincide con dos años particularmente difíciles para ustedes, con la discusión sobre privatizaciones y una fuerte preocupación por los puestos de trabajo. ¿Cuál es hoy el principal desafío?

“Creo que la difícil tarea o la responsabilidad más grande que tenemos nosotros hoy en día es mantener las fuentes laborales. Nosotros somos una empresa del Estado y estamos siendo vapuleados como la mayoría de las empresas del Estado.”

El Correo finalmente quedó afuera de las empresas incluidas en la Ley Bases para privatizar. ¿Eso despejó el riesgo?

“El año pasado nos sacaron de la Ley Bases, tanto a nosotros como a otras empresas, pero la idea de privatización, la idea de concesión, la idea de desguace del Correo sigue vigente. Estamos en un proceso de desguace, de pérdida de poder adquisitivo, de pérdida de puestos de trabajo.”

De 18 mil a 12 mil trabajadores

El dato que aportaron los dirigentes dimensiona el deterioro que denuncian.

Según explicaron, el Correo Argentino contaba con aproximadamente 18.000 trabajadores y actualmente quedan alrededor de 12.000. Es decir, calculan una pérdida cercana a los 6.000 puestos desde el comienzo de la actual administración nacional.

Una parte de esa reducción se produjo mediante despidos durante 2024. Después se habilitaron retiros voluntarios que, según los sindicalistas, fueron aceptados por muchos empleados ante el temor de perder posteriormente sus puestos.

A eso agregan otro fenómeno menos visible: el “goteo” permanente de trabajadores que abandonan la empresa ante los bajos salarios, la incertidumbre y las condiciones laborales.

Salarios de entre 800 mil y 900 mil pesos

¿Cuánto está cobrando actualmente un trabajador promedio del Correo?

“Hoy un salario promedio de un compañero está en 800.000 pesos. Entre 800.000 y 900.000 pesos es un promedio.”

¿Qué significa vivir actualmente con ese ingreso?

“Hoy un compañero con eso no puede proyectar más allá de cumplir sus necesidades básicas. Si alquilás, ya se hace muy difícil. Estamos trabajando todos los días en condiciones paupérrimas, sin elementos de trabajo, con oficinas del interior que también tienen malas condiciones y con una incertidumbre permanente porque no saben si van a cerrar la oficina o no. Y además con salarios planchadísimos, salarios que no alcanzan, como les está pasando a los trabajadores en general.”

Una empresa atravesada por decisiones políticas diferentes

La historia reciente del Correo Argentino también permite observar uno de los problemas que los dirigentes consideran estructurales: la inexistencia de una política de Estado sostenida independientemente del gobierno de turno.

Después de la experiencia privatizadora de los años noventa, la concesión a la familia Macri y la posterior recuperación estatal durante el gobierno de Néstor Kirchner, las diferentes administraciones modificaron prioridades, inversiones y estrategias.

Para Gentili y Marini, incluso durante gobiernos con los que tienen mayor cercanía ideológica quedaron cuestiones pendientes. Y allí aparece una autocrítica relevante.

“En los gobiernos populares también quedamos a mitad de camino”

¿El problema empezó con este Gobierno o también hubo errores durante administraciones anteriores?

Marcos Marini: “Me parece que también en gobiernos nacionales, en gobiernos populares, las empresas del Estado hemos quedado a mitad de camino. Cuando Néstor le saca la empresa al macrismo porque no pagaba el canon diciendo que era deficitaria, demostró que la empresa no era deficitaria, sino que estaba mal administrada. La empresa dio superávit y todo lo que tenía que ver con el Estado pasaba por el Correo.”

¿Qué faltó entonces?

Marcos Marini: “Me parece que lo que faltó fue inversión y un modelo a largo plazo para que el Correo Argentino logre competir con los privados. El futuro es la logística, nosotros estamos apostando a la logística, pero faltó tratar de ser una empresa competitiva, tener los recursos que también tienen los privados y competir en el mercado de igual a igual.”

Entre la defensa de lo estatal y la necesidad de eficiencia

La posición sindical no se limita, entonces, a defender la empresa pública por su condición estatal. Los dirigentes reconocen que el Correo necesita modernizarse, invertir y competir.

El desafío, según plantean, es construir una empresa estatal eficiente que pueda disputar el mercado logístico con operadores privados y, al mismo tiempo, conservar una característica que difícilmente pueda medirse solamente mediante una planilla de rentabilidad: su presencia territorial.

El Correo llegó a contar, según recordaron, con alrededor de 1.400 sucursales en todo el país, una presencia territorial que incluso duplicaba ampliamente la cantidad de dependencias del Banco Nación.

El Correo como parte de la vida de los pueblos

En muchas localidades pequeñas el Correo cumple funciones que van mucho más allá de entregar una carta o un paquete. ¿Sigue ocurriendo?

Catriel Gentili: “Sí. En los pueblitos chicos está el Correo, el Banco Nación y la comuna. Es algo muy prestigioso en el interior y lo sigue siendo. El empleado del Correo estaba prácticamente al nivel de un gerente del banco. Y también hace otras funciones: en algunas localidades del interior se sigue haciendo la medición de la luz y en otras provincias también medición de gas y otras tareas.”

¿Cómo está específicamente Rosario y el sur provincial?

Catriel Gentili: “Hoy tenemos, en lo que nos compete a nosotros, Rosario y la zona sur, alrededor de 1.000 trabajadores. Veníamos de 1.200 o 1.300 trabajadores. Tuvimos una pérdida de alrededor del 30% de la dotación en dos años.”

Rosario resistió los cierres, pero perdió trabajadores

La situación regional tiene algunas particularidades.

Según explicaron, el trabajo previo realizado por el sindicato con intendentes, presidentes comunales y empresas permitió sostener buena parte de las oficinas, especialmente aquellas ubicadas en localidades pequeñas.

Los cierres fueron pocos y estuvieron concentrados principalmente en lugares donde se retiró un responsable y la empresa decidió no incorporar reemplazos. En Rosario no hubo cierres de sucursales comerciales, aunque sí algunas fusiones.

El centro logístico ubicado en la zona de Oroño y Circunvalación mantiene alrededor de 130 trabajadores y concentra buena parte de la paquetería regional. El histórico Correo Central, por su parte, continúa funcionando aunque con una dotación sensiblemente menor.

Con salarios tan alejados del costo de vida, ¿cómo se discute una recomposición salarial?

“Hoy básicamente lo que estamos pasando, y creo que lo está pasando la mayoría de los sindicatos, es que no hay discusión. No hay discusión salarial, no hay una propuesta salarial, sino imposiciones.”

Los representantes del Correo describieron una dinámica en la que los porcentajes salariales llegan prácticamente definidos.

Según explicaron, reciben como referencia los incrementos establecidos para el empleo estatal y posteriormente deben decidir si aceptarlos. El problema aparece cuando rechazar la propuesta implica permanecer varios meses sin ninguna actualización.

Después de dos o tres meses sin aumento, la necesidad económica termina condicionando cualquier posibilidad real de negociación.

Para los dirigentes, formalmente puede continuar existiendo una paritaria. Lo que prácticamente desapareció es la capacidad de discutir dentro de ella.

“No hay discusión salarial, hay imposiciones”

¿Qué ocurre cuando el sindicato decide no aceptar el porcentaje?

“Si no firmás, no te dan el porcentaje de aumento pactado. Entonces, ¿qué ha pasado? Dos o tres meses estamos sin aumento salarial y la gente necesita aunque sea una mínima recomposición. Entrás en una situación de ‘acepto, no acepto’, se juntan dos o tres meses y terminan aceptando y te dan acumulativos los porcentajes que te ofrecieron desde un principio.”

¿Cómo observan que otros sectores sindicales tengan posiciones diferentes frente al Gobierno?

“Cuando vemos que se perjudica a los trabajadores, por lo menos en el ámbito donde nos movemos nosotros, que es la intersindical y la CGT, vemos que la están pasando mal. Cuando ves que hay gremios que son funcionales al Gobierno, la verdad que te da disconformidad, te da bronca. Sí, con todas las letras: bronca.”

Trabajadores endeudados para sobrevivir

El deterioro salarial tiene otra consecuencia que comenzó a ocupar cada vez más tiempo en la actividad cotidiana del sindicato: el endeudamiento.

Ya no se trata principalmente del crédito utilizado para comprar un vehículo, realizar una mejora en la vivienda o financiar unas vacaciones.

Según describieron, muchos trabajadores se endeudan para sostener gastos básicos y, posteriormente, vuelven a tomar deuda para pagar obligaciones anteriores.

“La situación de endeudamiento es catastrófica”

¿Cómo está actualmente el nivel de endeudamiento entre los trabajadores del Correo?

Marcos Marini: “La verdad que terrible. Las familias se han endeudado de una manera que es alarmante, es catastrófica. Tenemos compañeros y compañeras que ya no saben de dónde sacar recursos. Antes las familias se endeudaban para viajar, cambiar el auto o hacer alguna obra en la casa. Hoy se están endeudando básicamente para cumplir o tratar de cumplir con las deudas.”

Llegaron incluso a resignar prestaciones para poder sostener otros gastos?

Catriel Gentili: “Muchas familias se han quedado sin obra social porque decidieron no pagarla más y se van a un plan común. Después tenés otra problemática grande, que son las aplicaciones como Mercado Pago o Naranja: tenés acceso rápido, pero con intereses altísimos. Tenemos mucha gente endeudada. Incluso muchos ya están endeudados para pagar deudas.”

Renovar también significa discutir qué trabajo viene

La juventud de la nueva conducción coloca sobre la mesa otro desafío: la denominada modernización laboral.

Gentili y Marini no rechazan la discusión de nuevas reglas por definición. Advierten, sin embargo, que detrás de palabras atractivas pueden esconderse retrocesos en derechos laborales.

Para ellos, la discusión verdaderamente moderna debería concentrarse en otro fenómeno: cómo incorporar al sistema formal a la enorme cantidad de argentinos que actualmente trabajan sin registración.

“Hay que ver a qué le llamamos modernización”

Ustedes representan una renovación generacional dentro del sindicalismo. ¿Cómo observan el debate sobre modernización laboral?

Catriel Gentili: “Hay que ver también a qué le llamamos modernización, porque a veces las palabras lindas, las palabras que suenan lindo, son un engaño. Creo que tiene que haber discusiones dentro del movimiento obrero y también discusiones legislativas.”

¿Qué debería discutirse concretamente?

Marcos Marini: “Algo está pasando porque nosotros, los representantes gremiales, o la gente asalariada en blanco, hemos disminuido exponencialmente. Hoy tenés una masa grande de gente trabajando de manera informal. Tenemos que debatir y tratar de ver cómo esa gente ingresa a salarios en blanco, está registrada y demás. Creo que va por ahí: ver la manera de cómo creamos puestos de trabajo que sean registrados.”

Cuando despedir dejó de tener costo social

Otro punto de la conversación estuvo relacionado con un cambio cultural que los dirigentes perciben tanto en el Estado como en parte del sector privado.

La preocupación no está solamente en la cantidad de despidos.

También en la naturalización social del cierre de empresas, la reducción de personal y la pérdida de puestos de trabajo.

Al mismo tiempo, los sindicalistas evitaron presentar al empresario como enemigo por definición y reconocieron las dificultades que también atraviesan sectores productivos, especialmente pequeñas y medianas empresas.

“Gobiernan como si esto fuese una empresa y la gente fueran clientes”

¿Perciben un cambio de época donde despedir trabajadores o cerrar una empresa se volvió algo más naturalizado?

Marcos Marini: “Para mí gobiernan como si esto fuese una empresa y la gente fueran clientes, consumidores, llamalo como quieras. Entonces son números, y cuando pasás a ser números ya perdés la conciencia social. Si no te importa que una familia no coma, que se quede sin trabajo, entonces es porque no tenés corazón.”

¿Esa crítica también alcanza al sector empresario?

Marcos Marini: “No quiero que parezca que el empresario siempre es el enemigo. Entiendo que también tienen sus dificultades y que estaría bien reformar ciertas cosas para que puedan contratar, para que puedan producir. Pero había que pensar también cuando fuimos a meter el voto en la urna. Si sabías que iban a abrir las importaciones y que no ibas a poder producir lo mismo, había que pensarlo.”

Una batalla económica, pero también cultural

Los dirigentes consideran que durante los primeros años de la actual etapa política logró instalarse una mirada que naturalizó parte del costo social del ajuste.

Frases vinculadas a que las empresas que no pueden competir deben cerrar o que los trabajadores tienen que reconvertirse consiguieron, según su análisis, penetrar en sectores de la sociedad.

Pero creen que esa percepción comenzó a modificarse.

El deterioro de los ingresos, las dificultades de jubilados, trabajadores y personas con discapacidad y la crisis de distintos sectores productivos estarían generando un cambio en el humor social.

“La única manera de revertir esto es con la política”

Finalmente, todo termina relacionado con decisiones políticas. ¿Cómo consideran que puede revertirse esta situación?

Catriel Gentili: “Yo creo que la única manera que esto se revierte es con la política. La política va a revertir esto, no tengo dudas. Podemos estar los sindicatos, podemos estar las cooperativas, las pymes, los trabajadores, pero esto se cambia desde la política. Lo único que lo puede cambiar es la política.”

¿Eso significa que el sindicalismo también tiene que comenzar a mirar hacia las próximas elecciones?

Catriel Gentili: “Me parece que es muy importante ir pensando también en lo electoral, ir hablando con los compañeros, con las compañeras y que las elecciones que vienen nos encuentren parados de otra manera.”

Sindicalismo, política y representación

La definición marca claramente el posicionamiento político de los dirigentes. La organización gremial puede resistir despidos, defender salarios, acompañar trabajadores endeudados y sostener oficinas amenazadas por el ajuste.

Pero, desde su mirada, existe un límite. Las decisiones estructurales sobre empresas estatales, apertura económica, salarios, empleo y producción dependen finalmente del poder político.

Por eso consideran que el movimiento sindical también debe intervenir en el debate público y conversar con trabajadores que pueden sentirse alejados de las estructuras gremiales.

Escuchar también las críticas de los trabajadores

Hay trabajadores que muchas veces sienten que están solos frente a estas situaciones. ¿Cómo se reconstruye esa representación?

“Nosotros tratamos, dentro de lo posible, de que la gente se sienta acompañada. Tratamos de ir a hablar con los compañeros, debatir, abrir el debate, explicarles lo que está pasando y escucharlos también, porque hay críticas de los compañeros y las compañeras que son constructivas.”

¿Ese debate interno también forma parte de la renovación sindical que plantean?

“Hay que hablar mucho, hay que debatir, hay que tomarse el tiempo de escuchar a los compañeros y las compañeras. Acá en Rosario el movimiento obrero siempre está al pie del cañón, charlando con los compañeros, debatiendo, en asamblea. Creo que en Rosario la clase trabajadora está bien representada.”

El voto de los propios trabajadores y la autocrítica necesaria

Sobre el final apareció una cuestión que los sindicalistas no esquivaron.

Javier Milei no llegó al Gobierno exclusivamente con el acompañamiento de sectores empresarios o de votantes tradicionalmente alejados del movimiento obrero.

También recibió votos de trabajadores estatales, jóvenes y jubilados, incluyendo empleados pertenecientes a sectores que posteriormente resultaron directamente afectados por el ajuste.

Los dirigentes reconocieron esa realidad y plantearon que el desafío del movimiento popular no consiste únicamente en cuestionar al Gobierno, sino también en construir una alternativa capaz de recuperar a esos votantes.

“No nos podemos hacer los tontos”

También hubo trabajadores del Correo y de otras empresas estatales que votaron a Milei. ¿El sindicalismo tiene que hacerse cargo de discutir eso?

Catriel Gentili: “Obviamente. Acá no nos podemos hacer los tontos. Acá ganó con el voto de los jubilados, con los votos de los jóvenes, con los votos de los trabajadores del Estado. No nos podemos hacer los tontos. Pero creo que esa gente hoy también lo va a pensar dos veces.”

¿Cuál es entonces el desafío político hacia adelante?

Catriel Gentili: “El tema también es encontrar quién capitalice esos votos en las próximas elecciones, que va a ser una tarea difícil de parte del movimiento nacional, del movimiento popular. Estamos expectantes y preocupados por eso, por ver que los muchachos se pongan de acuerdo, que nos pongamos de acuerdo y tengamos la mejor opción para que la gente vote algo de lo que esté convencida y en los próximos años nos vaya bien a todos.”

Renovar el sindicato para enfrentar una discusión que excede al Correo

La transición de Walter Palombi hacia una nueva generación encuentra al Sindicato de Correo y Telecomunicaciones de Rosario ante una paradoja.

Cambia la conducción, aparecen nuevos dirigentes y se incorporan nuevas discusiones sobre tecnología, informalidad y modernización laboral, pero las preocupaciones fundamentales continúan siendo históricas: empleo, salario, condiciones laborales y defensa de una empresa estatal estratégica.

La situación del Correo Argentino sintetiza, además, buena parte del debate que atraviesa actualmente al país.

Según los números aportados por los dirigentes, la empresa perdió alrededor de 6.000 trabajadores desde el comienzo de la gestión de Milei. Los salarios promedio se encuentran entre los 800.000 y 900.000 pesos. En Rosario y el sur santafesino, la dotación cayó aproximadamente un 30%. Y algunas localidades necesitan aportar espacios municipales para evitar perder definitivamente la presencia física del Correo.

Pero Gentili y Marini también introducen una discusión que va más allá de resistir el ajuste actual. Consideran necesario construir una política de Estado que transforme al Correo en una empresa eficiente, moderna y competitiva, particularmente frente al crecimiento del negocio logístico. Y reconocen que esa tarea tampoco fue completada por administraciones anteriores con una mirada más favorable hacia las empresas públicas.

La renovación sindical, por lo tanto, aparece acompañada por una doble responsabilidad. Defender lo que queda. Y discutir qué Correo debe construirse hacia adelante.

Para los nuevos dirigentes, sin embargo, esa discusión no puede separarse de otra todavía más grande: qué modelo económico y productivo tendrá Argentina.

Por eso, sobre el final, trasladaron la discusión sindical al terreno político y electoral. Los sindicatos pueden organizar, resistir y representar. Pero, según su mirada, para modificar las decisiones estructurales será necesario construir otra mayoría política.

“Podemos estar los sindicatos, las cooperativas, las pymes y los trabajadores, pero esto se cambia desde la política”, sintetizaron.

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