Romero denunció que Javkin no cumple una ordenanza aprobada por todo el Concejo

La Cuota Social del Deporte debía ayudar a niños de bajos recursos y fortalecer a los clubes barriales, pero continúa sin aplicarse.

Mientras Rosario multiplica la promoción de los Juegos Suramericanos y se presenta como una de las grandes capitales deportivas de la región, una ordenanza aprobada por unanimidad para acompañar a los clubes de barrio continúa sin aplicarse. A siete meses de su sanción, el programa Cuota Social del Deporte registra, según denunció el concejal peronista Mariano Romero, un 0% de ejecución, pese a que fue incorporado al presupuesto municipal y cuenta con recursos asignados.

La acusación es grave porque no se trata de un proyecto todavía en discusión ni de una promesa de campaña. Se trata de una norma vigente, votada por todo el Concejo Municipal a fines de 2025, destinada a garantizar que niños y adolescentes de familias con bajos ingresos puedan participar gratuitamente en clubes barriales. Según Romero, lo único que falta es una decisión administrativa del Ejecutivo de Pablo Javkin para definir cuántas instituciones y familias serán alcanzadas durante la primera etapa.

La demora vuelve a abrir una discusión incómoda sobre las prioridades de la gestión municipal.

Por un lado, se promocionan grandes eventos, nuevas infraestructuras y una imagen de Rosario asociada al deporte de alto rendimiento.

Por otro, las instituciones donde diariamente se forman chicos, se contienen familias y se enfrentan algunas de las consecuencias más duras de la crisis social siguen esperando la llegada de fondos que ya fueron autorizados.

Una ordenanza aprobada y todavía sin ejecución

La Cuota Social del Deporte fue aprobada por el Concejo Municipal en diciembre del año pasado.

La iniciativa fue impulsada por Mariano Romero y recibió el acompañamiento de todas las fuerzas políticas que integran el Palacio Vasallo.

El objetivo es que niños y adolescentes de entre 6 y 16 años, pertenecientes a familias de bajos recursos, puedan asistir gratuitamente a clubes de barrio.

Para hacerlo posible, el Municipio debe transferir a las instituciones un aporte destinado a cubrir la cuota societaria de cada beneficiario.

La ordenanza fue incorporada posteriormente al presupuesto municipal, por lo que no existe, al menos en términos formales, un impedimento económico o legislativo para ponerla en marcha.

Sin embargo, transcurridos siete meses desde su aprobación, no se habría transferido dinero a ningún club.

“Después de mucho trabajo legislativo logramos aprobar la ordenanza, fue incorporada al presupuesto municipal y ya estamos entrando en agosto con un 0% de ejecución. No hubo ningún traslado de recursos a ningún club por este programa”, denunció Romero.

Una decisión que depende del Ejecutivo

Según explicó el concejal, el programa no requiere un nuevo tratamiento en el Concejo ni modificaciones en su diseño.

La ordenanza establece que durante el primer año deberá implementarse una prueba piloto.

En esa etapa inicial se priorizará a quienes anteriormente eran beneficiarios del programa nacional Hay Equipo, eliminado por el gobierno de Javier Milei.

Lo único que resta es que el Departamento Ejecutivo dicte una resolución para definir la cantidad de clubes y familias que ingresarán en el esquema inicial.

“La Municipalidad tiene la herramienta para ayudar a las familias y a los clubes, pero no la utiliza. No estamos pidiendo ningún favor, estamos exigiendo que se cumpla una ordenanza vigente”, planteó el edil.

Para Romero, la demora no responde a dificultades técnicas ni presupuestarias, sino a una decisión política del Ejecutivo municipal.

Del programa Hay Equipo a una respuesta local

La Cuota Social del Deporte fue pensada como una respuesta municipal ante la eliminación del programa nacional Hay Equipo.

Aquella iniciativa financiaba el acceso de niños y adolescentes beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo a instituciones deportivas.

Con su discontinuidad, numerosos chicos quedaron sin la asistencia necesaria para sostener su participación en clubes.

La ordenanza rosarina buscó cubrir parte de ese vacío mediante un esquema local.

No se trataba solamente de garantizar la práctica deportiva, sino de reconocer el papel social de los clubes en los barrios, especialmente en aquellos atravesados por mayores niveles de pobreza y vulnerabilidad.

Rosario se promociona como capital del deporte

El reclamo aparece mientras la Municipalidad y la Provincia despliegan una fuerte campaña de comunicación vinculada a los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026.

Rosario será la sede principal del evento y recibirá a miles de deportistas de diferentes países.

La ciudad atraviesa, además, un proceso de construcción y remodelación de infraestructuras deportivas que incluirá la Villa Olímpica, piletas, estadios y espacios destinados a distintas disciplinas.

Romero no cuestionó la realización de los Juegos ni las obras asociadas.

Pero marcó el contraste entre la inversión y la publicidad destinada al gran evento y la falta de ejecución de una política mucho más pequeña, pero de enorme impacto cotidiano en los barrios.

“Vamos a ver mucha publicidad vinculada a los Juegos Suramericanos y a Rosario como capital del deporte, pero donde realmente se forman los deportistas y se hace un enorme trabajo social no hay programas de acompañamiento”, expresó.

La crítica apunta a una posible contradicción de la gestión: promover la imagen de una ciudad deportiva mientras demora una herramienta básica para garantizar el acceso de los chicos a los clubes.

Los clubes como primera red de contención

Los clubes barriales no cumplen únicamente una función recreativa. En muchos sectores de Rosario se han transformado en una de las principales redes de contención social.

Son espacios donde los niños encuentran referentes adultos, desarrollan vínculos, reciben alimentos y acceden a ámbitos de cuidado que muchas veces no aparecen en otras instituciones.

Romero destacó que existen chicos desvinculados de la escuela o del sistema sanitario que, sin embargo, mantienen una relación permanente con el club.

Allí también aparecen situaciones de violencia familiar, consumos problemáticos, necesidades alimentarias y conflictos sociales que requieren acompañamiento.

“La mayoría sigue abrazando a las familias aunque no puedan pagar la cuota. Hay chicos que ni siquiera están escolarizados o vinculados al sistema de salud, pero sí encuentran contención dentro del club. Allí también explotan los problemas sociales, las violencias y los consumos problemáticos”, explicó.

Instituciones sostenidas por trabajo voluntario

Otra característica de los clubes barriales es que gran parte de su funcionamiento depende del trabajo voluntario.

Padres, madres, dirigentes y vecinos dedican horas después de sus jornadas laborales para limpiar instalaciones, organizar actividades, conseguir recursos y garantizar que los espacios permanezcan abiertos.

En muchos casos, se trata de personas cuyos propios hijos ya dejaron de practicar deportes, pero continúan vinculadas a las instituciones por compromiso comunitario.

“Hay padres cuyos hijos ya ni siquiera practican deportes, pero igual salen de trabajar y dedican horas a mantener el club funcionando. Necesitan un acompañamiento del Estado porque hoy lo hacen prácticamente solos”, sostuvo Romero.

La Cuota Social no solo permitiría que más chicos continúen dentro de las instituciones. También aportaría ingresos mínimos a entidades que enfrentan costos cada vez más altos en servicios, mantenimiento, materiales y profesores.

Clubes que dejaron de cobrar para poder contener

La crisis económica produjo un deterioro profundo en la capacidad de las familias para sostener las cuotas sociales. Según el concejal, existen clubes donde apenas el 20% de los chicos puede pagar mensualmente.

En otras instituciones, directamente se dejó de cobrar la cuota porque la prioridad pasó a ser que los niños no abandonen la actividad. El problema es que esa decisión solidaria también debilita las finanzas de los clubes.

Al mismo tiempo, algunas instituciones comenzaron a destinar sus esfuerzos a conseguir alimentos para ofrecer meriendas o cenas después de los entrenamientos. “Hay clubes donde apenas el 20% de los chicos puede pagar la cuota social. Otros están buscando alimentos para ofrecer una merienda o una cena porque las familias no llegan a cubrir esa necesidad básica”, advirtió.

En ese contexto, el aporte municipal previsto por la ordenanza adquiere una relevancia todavía mayor.

Una política de prevención social

Para Romero, la inversión en clubes también debe ser entendida como una política preventiva. La frase “un pibe dentro de un club es un pibe menos en la calle” se repite con frecuencia entre dirigentes barriales.

Detrás de esa expresión aparece la idea de intervenir antes de que las situaciones de exclusión deriven en problemas más graves. El concejal cuestionó que muchas veces el Estado repare en los jóvenes recién cuando ya existe un conflicto con la ley penal. “Muchas veces vemos a esos chicos cuando ya tuvieron un conflicto con la ley, cuando en realidad hubo oportunidades para acompañarlos mucho antes”, señaló.

La Cuota Social del Deporte busca precisamente intervenir en esa etapa previa, garantizando la permanencia de niños y adolescentes dentro de espacios comunitarios.

Un pedido formal de cumplimiento

Ante la falta de avances, Romero presentó un pedido formal para que el Ejecutivo cumpla con la ordenanza.

El planteo busca que la Municipalidad informe por qué todavía no se reglamentó el programa, cuál es el monto presupuestado y cuándo comenzarán las transferencias.

El edil también recordó que no sería la primera vez que una norma destinada a clubes barriales queda sin ejecución. “Ya nos pasó con otras ordenanzas vinculadas a los clubes que tampoco se ejecutaron. El programa está en el presupuesto y debería aplicarse. No hacerlo implica un incumplimiento por parte del intendente”, afirmó.

La acusación eleva la discusión. Ya no se trata solamente de una demora administrativa, sino de la posible inobservancia de una norma sancionada por el órgano legislativo municipal.

Una contradicción difícil de esconder

La gestión municipal tiene derecho a priorizar la realización de grandes eventos deportivos y a promocionar la ciudad como sede internacional. Los Juegos Suramericanos pueden dejar infraestructura, atraer turismo y mejorar la proyección regional de Rosario. Pero esa estrategia no debería ser incompatible con el sostenimiento del deporte barrial.

La dificultad aparece cuando una ciudad invierte recursos y comunicación en mostrar su capacidad para organizar un evento internacional, pero no ejecuta una política aprobada para que los chicos de menores ingresos puedan pagar la cuota de un club.

No se trata de elegir entre los Juegos Suramericanos y las instituciones barriales. Se trata de cumplir con ambas políticas. Los grandes estadios pueden exhibir el deporte.

Pero es en los clubes pequeños donde comienza a practicarse, donde aparecen los primeros entrenadores y donde miles de chicos encuentran una red de pertenencia.

Mucha publicidad, pero ninguna transferencia

La denuncia de Romero deja una fotografía incómoda para el Ejecutivo municipal. La ordenanza existe. Fue votada por unanimidad. Tiene presupuesto. Los clubes la necesitan. Las familias esperan. Pero la ejecución continúa en cero.

Mientras tanto, las publicidades de los Juegos Suramericanos se multiplican y Rosario busca instalarse como una capital del deporte continental. El contraste no podría ser más evidente.

Una ciudad verdaderamente comprometida con el deporte no se define solamente por los eventos internacionales que puede organizar. También se mide por la capacidad de garantizar que un chico pueda seguir entrando al club de su barrio aunque su familia no tenga dinero para pagar la cuota. Y por ahora, en ese punto, la Municipalidad sigue teniendo una deuda concreta.

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